Informe especial de Diario Crónica

Acuerdo Argentina-EE.UU.: Geopolítica, comercio y el impacto en la Patagonia

El acuerdo formalizado entre la administración del presidente Donald J. Trump y el gobierno del presidente Javier Milei, representa un realineamiento geopolítico significativo para Argentina. Este instrumento busca anclar la economía argentina en la órbita económica y estratégica de los Estados Unidos, en un contexto de volatilidad macroeconómica interna y la doctrina “America First” de Washington. En este informe te explicamos a detalle la medida y sus implicancias.
domingo 16 de noviembre de 2025

Para Estados Unidos, Argentina se proyecta como un proveedor potencial de seguridad energética y mineral. Para Argentina, el acuerdo busca validar su programa de reformas de mercado ante inversores internacionales. Sin embargo, el pacto presenta una asimetría donde Argentina ofrece una apertura estructural de su mercado y una cesión de soberanía regulatoria a cambio de beneficios focalizados en sectores extractivos y agroindustriales, supeditados a la discrecionalidad política de Washington.

Cambios regulatorios y su alcance

El núcleo del acuerdo reside en el desmantelamiento de barreras no arancelarias y la homologación normativa. Argentina aceptará automáticamente las certificaciones emitidas por agencias regulatorias estadounidenses como la FDA, USDA o EPA, permitiendo el ingreso al mercado argentino sin necesidad de nuevas validaciones locales. Esto sin dudas aceleraría el acceso a la innovación, pero desprotegería a la industria nacional de biosimilares y genéricos, y en el sector automotriz, la aceptación de estándares de seguridad vehicular de EE.UU. podría incrementar la importación de vehículos.

En cuanto a propiedad intelectual, Argentina se compromete a alinear su régimen con los estándares internacionales, lo que podría traducirse en una extensión efectiva de los monopolios de patentes, afectando a la industria farmacéutica nacional y elevando los costos para el sistema de salud. Además, el acuerdo establece un marco robusto para el comercio digital, con la eliminación de aranceles a las transmisiones electrónicas y la facilitación del libre flujo de datos transfronterizos, reconociendo a EE.UU. como jurisdicción segura para la transferencia de información personal.

El acuerdo potencia especialmente el perfil exportador de hidrocarburos. Vaca Muerta, en Neuquén, se consolida como la prioridad, con expectativas de mayor flujo de tecnología y capitales estadounidenses para el fracking y la exportación de crudo y GNL. Expertos ya resaltan las oportunidades masivas en infraestructura para evacuar esta producción.

El dilema energético y pesquero en la Patagonia

En contraste, la Cuenca del Golfo San Jorge, que abarca Chubut y Santa Cruz, enfrenta una crisis. La producción disminuyó respecto a años anteriores y la desinversión de YPF en áreas convencionales genera un vacío. El acuerdo no ofrece soluciones directas para esta cuenca madura, priorizando la eficiencia y el volumen de Vaca Muerta con el shale y dejando a las cuencas del sur patagónico expuestas (situación que la quita de aranceles a los polímeros puede aliviar).

Otro capítulo de relevancia para Chubut es el impacto en el sector pesquero. En el marco de la doctrina proteccionista "America First", la Southern Shrimp Alliance de EE.UU. presionó para imponer aranceles a las importaciones de camarones y langostinos hacia suelo norteamericano, alegando dumping. Aunque los principales objetivos son países asiáticos y Ecuador, el langostino salvaje patagónico quedó bajo esta amenaza. Si EE.UU. aplica un arancel compensatorio generalizado, la rentabilidad de las pesqueras de Chubut podría desplomarse, poniendo en riesgo miles de empleos. Un acuerdo de libre comercio que facilite la exportación es crucial para el sector.

Este acuerdo, celebrado a bombos y platillos por múltiples actores, no impacta uniformemente en el país, generando lo que se describe como un nuevo mapa de “ganadores y perdedores geográficos”. El conurbano bonaerense se perfila como una de las zonas más afectadas. El gobernador Axel Kicillof expresó su rechazo, advirtiendo que la apertura “pega de lleno en la industria bonaerense”. Sindicatos como la UOM y SMATA declararon el estado de alerta ante la posible importación facilitada de maquinaria y vehículos, que podría, a su entender, poner en riesgo a PyMEs y plantas automotrices como las de Ford y Toyota.

En contraste, provincias con perfil agroexportador como las del Noroeste Argentino (limones, litio) y Cuyo (vinos), así como la Pampa Húmeda (carne vacuna y aviar), abrazan el acuerdo, vislumbrando la eliminación de barreras fitosanitarias y arancelarias. La Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham) también destacó la medida bilateral, destacando que ofrece la previsibilidad necesaria para integrar a Argentina en sus cadenas de valor regionales.

La coyuntura

El debate macroeconómico en Argentina refleja una fractura. Distintos economistas de diversas corrientes ya se expresaron: Ricardo Arriazu proyecta un crecimiento robusto impulsado por el agro y la energía. Carlos Melconian advierte sobre el “síndrome del tercer año”, señalando que el acuerdo podría alargar la vida del mercado cambiario sin resolver problemas de competitividad de fondo. Emmanuel Álvarez Agis, por su parte, plantea que un acuerdo con una potencia que subsidia su propia industria podría condenar a Argentina a ser un mero exportador de materias primas, incapaz de generar empleo de calidad.

El Acuerdo Marco Argentina-EE.UU. redefine la inserción internacional del país. La implementación de sus anexos técnicos, la resistencia federal de provincias industriales y sindicatos, y la reacción del Mercosur, serán ahora los desafíos inmediatos.

Argentina se presenta como un laboratorio para el concepto de friendshoring, con el riesgo de una reprimarización acelerada y una fractura social si no se logran compensar los ajustes en el sector industrial con inversiones en recursos naturales.

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