El caso que conmociona a Trelew
La verdad de Roxana Ortega, la docente acusada de abuso sexual
Roxana Ortega recibió a Crónica en Trelew acompañada de uno de sus abogados, Facundo Bonavitta, quien la conoció en el calabozo. Se acaba de cumplir un año y cuatro meses desde que la docente de Trelew fue detenida y acusada de abuso sexual contra dos alumnos de primaria.
Todo este tiempo Roxana permaneció en silencio junto a su familia, sus amigos y docentes que le creen. Confiesa que su vida “quedó en pausa” desde aquella mañana de invierno del año pasado en que la llevaron detenida. Ahora se decidió a contar su versión de lo que pasó puertas adentro de la escuela del barrio Los Aromos de Trelew.
“Espero que la Justicia me escuche, quiero retomar mi vida”, dice Roxana acompañada por su abogado Bonavitta. El caso de Roxana enfrenta a familias que la acusan de hechos que son irreproducibles, y directivos, docentes, gremialistas y madres que claman su inocencia.

El escenario de los hechos que se investigan es un aula de la Escuela 201, que está ubicada al fondo y tiene un baño en su interior. Las madres denunciaron que, cuando sonaba el timbre, dos niños y una niña se quedaban con ella dentro del aula y sucedían cosas aberrantes.
Facundo Bonavitta y Oscar Romero presentaron más de veinte testigos que estuvieron junto a Roxana Ortega cada vez que los alumnos salían al recreo, y aseguran que nada de esto pudo haber pasado. La acusación sostiene que hay pruebas concluyentes de que los niños y la niña dicen la verdad. La expareja de Roxana está citada como testigo de la querella.
“Estamos defendiendo a una docente con una trayectoria intachable. Las denuncias carecen de sustento fáctico y probatorio, como así también los testimonios de los niños en cámara gesell, como ya dijimos en otras oportunidades, suenan contradictorios. Confiamos en que el juicio va a restituir su buen nombre. Se trata de una falsa denuncia”, dice Bonavitta.
El 4 de diciembre se sabrá si la causa va a o no juicio. El abogado, Bonavitta, confía en que junto con Oscar Romero “vamos a demostrar la inocencia de Roxana Ortega”. Las familias de los niños piden Justicia. Los padres y las madres están convencidos de que sus hijos dicen la verdad. Alguna de las partes miente.
La detención
El jueves 11 de julio del 2024, Roxana Ortega, salió escoltada por la Policía de las oficinas de la supervisión de escuelas en Trelew. Esa mañana, alrededor de las 8, había ido a averiguar dónde tenía que presentarse a trabajar. Horas después, por la tarde, estaba encerrada en un calabozo acusada de abuso sexual.
En diálogo con nuestro equipo, Roxana recuerda que desde la prisión los efectivos miraban la final de la Copa América que disputaron Argentina y Colombia. Desde esa vez, no tolera los lugares cerrados sino que prefiere los espacios abiertos.
Esa mañana de invierno, Roxana se levantó temprano, le dejó la beba de 9 meses a la madre y le pidió que la cuidara un rato. Cuando regresara a la casa, en una hora a más tardar, tenía pensado ir a la Comisaría de la Mujer a denunciar amenazas de muerte. La noche anterior ella había recibido amenazas de muerte en sus redes.
Para ese entonces, padres y madres de dos alumnos de la Escuela del barrio Los Aromos, habían presentado una denuncia de abuso sexual contra Roxana. Faltaba una semana para que empezaran las vacaciones de invierno. El caso había explotado y la docente, recluida en su casa, no paraba de recibir amenazas.
Cuando regresó a la casa, ese jueves temprano, había policías esperándola en la puerta; se llevaron computadoras, pendrives y otros dispositivos. Buscaban evidencia de pornografía infantil. Revisaron hasta en el chulengo del patio.
“Me arrancaron a mi nena de 9 meses del pecho”, cuenta Roxana angustiada por el calvario que tuvo que atravesar. Estuvo cinco días recluida en un calabozo con otras mujeres; el bebé se enfermó y ella no podía darle la teta. Después del fin de semana, cuando la Selección Argentina había ganado otra vez la Copa América, Roxana regresó a su casa con prisión domiciliaria.
“Blancanieves”
Hacía un mes que Roxana Ortega había sido apartada del aula de segundo grado de la escuela del barrio Los Aromos. La docente había estado frente a los alumnos de siete y ocho años desde abril hasta julio. En un primer momento, las madres se quejaron de que la maestra “les gritaba”. Después las acusaciones se fueron agravando a “pellizcones” y otros malos tratos. Hasta ese momento, nadie imaginaba que podían saltar tres denuncias de abuso sexual.
Los directivos iniciaron una investigación, apartaron a Roxana de los chicos y la trasladaron a la biblioteca. Esa vez se dio cuenta de que todo lo que podía llegar a venir después solo podía ser peor. “Cuando estaba dando clase sentí ruido en la puerta del aula y me enteré que era una mujer que venía corriendo y la directora la sostuvo para que no ingrese”, contó.
Roxana, en estas circunstancias, tenía pensado irse de la escuela una vez concluido el informe interno. Paradójicamente, cuando la investigación arrojó que no había pasado nada y tenía que regresar al aula, cayó la denuncia penal.
“Cuando tenían la orden de devolverme al aula viene la denuncia de abuso. Salí esposada a las cuatro de la tarde derecho al centro de detención. El Policía me dice señora cámbiese los zapatos, tiene que ser sin cordón, una campera oscura”, recordó.
Roxana había ingresado a trabajar como titular en la Escuela de los Aromos en 2023. Allí estuvo un mes porque pidió licencia por embarazo. La reemplazó una tal “Blanca Nieves”. No es un apodo de fantasía sino que así se llama la docente suplente.
Lo que empezó como una fábula de Disney terminó como una película de terror. Tiempo después, cuando estallara el escándalo, circularía la voz de un niño que decía “Quiero que vuelva Blancanieves”. En el calabozo, Roxana, sin poder dormir, pensaba que una vez que peritaran el teléfono “se van a dar cuenta de que no hay nada y me liberan”. Las pericias arrojaron que había fotos borradas y se suponía que alguna de estas podían ser reveladoras.
En la audiencia, días más tarde, se comprobó que no había nada de interés para la causa. “Recuperaron las fotos y la fiscal Ibanez dijo que no se encontró nada relevante”, recordó Roxana un hecho que pasó inadvertido.
“Instigadores y vulnerables”
Ortega dice que no guarda ningún rencor con los niños que la señalan; más bien entiende que ellos son víctimas. “Hay dos personas instigadoras, que no fueron las denunciantes, y agarraron a tres personas vulnerables”, insinúa las razones que llevaron a un grupo de padres y madres a formular una denuncia penal.
“Los instigadores recortaron mi foto, la imprimieron, le pusieron 'pedófila' y agarraron a la parte más débil. Esa gente que instigó se retiró, dijo 'yo no puedo denunciar porque a mi hijo no le pasó nada'”, dijo la docente. Roxana sostiene que es imposible que suceda en la escuela una situación como la que describen los niños. “Nadie se queda en el aula por regla básica. Nosotros hacíamos un tren para salir en fila; cada maestra tenía un lugar del patio asignado para cuidar. En los recreos pasaba el portero aula por aula”, describe.
Además, cuenta que hay testigos –docentes, directivos, porteros- que aseguran haberla visto a ella en el patio. "Para entrar al aula los chicos iban corriendo donde estaba a formar el tren. No había ninguna posibilidad de que nadie se quede en el aula”, señaló.
Hay episodios que sucedieron durante esos meses que Roxana estuvo en el aula, que solo las docentes conocen. La maestra confió en que las razones profundas saldrán a la luz en el debate. Estos hechos podrían alumbrar lo que sucedió puertas adentro de sus hogares. Allí, cree Roxana, estaría enterrada toda la verdad.