Encuentran en Argentina un cuadro robado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial
El cuadro "Retrato de dama", del pintor italiano Giuseppe Ghislandi (1655-1743), fue hallado por casualidad en una vivienda privada. Periodistas neerlandeses, que seguían la pista de obras saqueadas, detectaron la pintura en fotografías publicadas por una inmobiliaria.
La propiedad, ubicada en Mar del Plata, estaba a la venta y las imágenes del interior mostraban la obra colgada sobre un sillón verde. Poco después, esas fotos fueron retiradas.
El recorrido del tesoro
La pintura fue confiscada por los nazis durante la ocupación de Ámsterdam en la Segunda Guerra Mundial. Pertenecía a la galería del reconocido comerciante judío Jacques Goudstikker. Tras su muerte accidental al huir del régimen, los jerarcas nazis se apropiaron de más de 1100 obras de su colección.
Entre los involucrados estuvo Hermann Göring, uno de los principales saqueadores de arte del Tercer Reich. Según documentos históricos, el funcionario alemán Friedrich Kadgien —vinculado a Göring— habría escapado de Europa con dinero, diamantes y al menos dos pinturas, estableciéndose en Buenos Aires en 1947. La obra hallada estaba en poder de su familia desde entonces.

Batalla por la restitución
Los herederos de Goudstikker llevan décadas reclamando la devolución de las piezas robadas. Especialistas de la Agencia del Patrimonio Cultural confirmaron que las imágenes coinciden con las descripciones oficiales de la obra y que podría verificarse la autenticidad definitiva revisando el reverso del lienzo.
Sin embargo, el proceso legal podría ser largo y complejo. Al encontrarse en manos privadas, los reclamos judiciales suelen extenderse durante años. Mientras tanto, la familia Kadgien evitó dar explicaciones sobre el origen de la pintura.
Un hallazgo que abre otra pista
El descubrimiento del cuadro no es el único indicio: en redes sociales de la familia Kadgien apareció una foto de 2012 donde se ve un bodegón floral atribuido al pintor neerlandés Abraham Mignon, otra pieza desaparecida desde la guerra.
El caso vuelve a poner sobre la mesa el debate global sobre el tráfico ilegal de bienes culturales y demuestra cómo las huellas del saqueo nazi aún atraviesan fronteras y generaciones.