Francisco cambió para siempre el funeral de los papas
El funeral del papa Francisco marcará un antes y un después en la historia de la Iglesia Católica. A diferencia de sus predecesores, Jorge Mario Bergoglio —el primer papa jesuita y latinoamericano— dejó instrucciones concretas para que su entierro refleje la misma línea de humildad y cercanía que imprimió a todo su pontificado.

Un rito simplificado para un “pastor”, no un monarca
En abril de 2024, el propio Francisco aprobó una nueva versión del libro litúrgico para funerales papales, el Ordo Exsequiarum Romani Pontificis. Allí se establecen nuevos lineamientos que buscan simplificar los rituales y alejarse de la imagen de poder y pompa que solía acompañar la muerte de los sumos pontífices.
“El funeral del Romano Pontífice debe ser el de un pastor y discípulo de Cristo, y no el de un poderoso de este mundo”, expresa el documento. Esta visión marca un fuerte contraste con ceremonias anteriores, que se asemejaban más a los funerales de emperadores romanos que a los de líderes religiosos.

De tres ataúdes a uno solo
Uno de los cambios más visibles es la eliminación de los tres ataúdes tradicionales —de ciprés, plomo y roble— que durante siglos se utilizaron para sepultar a los papas. Francisco será enterrado en un único ataúd de madera simple revestida de zinc, con un diseño austero, sin decoraciones ni símbolos ostentosos.
Las “tres estaciones” también cambian
El proceso de sepultura papal consta de tres etapas, conocidas como “estaciones”. La primera comienza con la constatación oficial de la muerte, que ahora se realizará en una capilla privada, y no en el apartamento papal. Esto responde al hecho de que Francisco eligió vivir en la residencia de Santa Marta, un gesto más de su preferencia por la sencillez.
El ritual incluye el tradicional golpe con un pequeño martillo en la cabeza del difunto y la proclamación del camarlengo: “Vere papa mortuus est” (“Verdaderamente, el Papa ha muerto”). Luego se destruye el anillo papal y se introduce el cuerpo en el ataúd.

En la segunda estación, el cuerpo es trasladado a la Basílica de San Pedro para ser velado. Francisco eliminó el uso del catafalco, una plataforma elevada cubierta de terciopelo, y su cuerpo será presentado directamente en el ataúd. Tampoco se exhibirá su báculo pastoral, como solía hacerse.
La tercera estación es la inhumación, y allí también hay cambios profundos.
Un entierro lejos del Vaticano
Francisco será enterrado fuera de las Grutas Vaticanas. En su testamento, redactado en 2022, pidió expresamente descansar en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma. El lugar elegido está entre la Capilla Paulina, donde se encuentra la imagen de la “Salus Populi Romani”, y la Capilla Sforza.
El Papa mantuvo durante años una profunda devoción mariana. Antes y después de cada viaje apostólico, visitaba esta basílica para rezar. Por eso pidió que su sepulcro esté a ras del suelo, sin ornamentaciones, con una inscripción única: “Franciscus”.

Nueve días de luto y nuevo cónclave
Luego del entierro, la Iglesia celebrará los novendiales, las nueve misas en honor al pontífice fallecido. Pasado ese período de duelo, se pondrán en marcha los preparativos para el cónclave, que comenzará alrededor de 15 días después de la muerte del Papa.