Todo, indefectiblemente, algún día llega…

Después de 41 años, el veterano de Guerra Héctor Figueroa pisará hoy las islas Malvinas

El sarmientino Héctor Figueroa volverá hoy a las islas Malvinas, luego del conflicto bélico de 1982. “Pasaron 41 años, pero siempre mantuve el sueño de volver algún día. Quiero cerrar una herida que quedó desde aquella vez. No voy solo, tengo junto a mí a todos los soldados que siempre quisimos pisar de nuevo nuestras Islas Malvinas”.
sábado 11 de noviembre de 2023
Después de 41 años, el veterano de Guerra Héctor Figueroa pisará hoy las islas Malvinas
Después de 41 años, el veterano de Guerra Héctor Figueroa pisará hoy las islas Malvinas

(Por Alejandro Carrizo). 19 junio de 1982: el buque inglés Northland traslada a 1.992 soldados argentinos, de los cerca de 11.000 que retornan al continente desde las Malvinas. El resto de los combatientes se dividió entre el Canberra (4.136), el ARA Bahía Paraíso (1.661), el Almirante Irízar (989) y el Saint Edmund (710).

Héctor Figueroa no recuerda bien si fueron dos o tres días en el mar hasta llegar a Puerto Madryn. Durmió mucho porque el cansancio acumulado entre el 2 de abril y el 14 de junio -día de la rendición- se expresó en ese regreso que también se hizo interminable.

Las sensaciones se cruzaban entre sí. Por un lado quería llegar a Madryn y luego a Comodoro para ver a su mamá María Márquez. Héctor se aferraba con mucha fuerza a la bufanda que ella misma tejió y le hizo llegar a las islas. Quería verla, pero al mismo tiempo sentía temor por el recibimiento general de la gente. Argentina había perdido la guerra y él, con sus 19 años cumplidos ese mismo día 19 de junio, se sentía responsable de ello.

En el puerto, los camiones verdes esperaban a los soldados y, apenas bajaron, los subieron rápido para que la gente que se había acercado para recibirlos con aplausos y emoción, no tenga contacto con ellos.

Los soldados fueron alimentados en un cuartel y se bañaron por segunda vez en dos meses y medio. Les entregaron ropa y borceguíes nuevos bien limpios, como para que la imagen no sea tan derrotista, de acuerdo con la opinión de los superiores.

Héctor viajó desde Madryn a Sarmiento junto a otros soldados en un colectivo militar cuyas ventanillas estaban tapadas con hojas de diarios. Se escondía a esos hombres de apenas 18 y 19 años que habían dado todo en el archipiélago.

No recuerda cuántas horas demandó el viaje hasta Sarmiento, sí se acuerda que pasaron muy rápido por Comodoro para enfilar por Ruta 26. En el RI 25, estaban los familiares esperando. Madres con el corazón en la garganta, tratando de divisar a sus hijos cuando los soldados bajaban de los micros. A veces, se confundían por tanto deseo ardiente de que sean sus propios hijos los que desciendan de cada colectivo.

Héctor llegó en el último micro. Volvía a su Regimiento después de haber partido el 1 de abril hacia Comodoro y ser el primer regimiento en arribar a las Malvinas aquel 2 de abril de 1982, en el legendario Hércules.

Cuando el colectivo militar se estaba acomodando para estacionar, alcanza a ver a su madre, acompañada por una hermanita de 9 años. La vio mal, como agotada y se dio cuenta que era por toda la angustia acumulada. El corazón se le salía del pecho, quería abrazarla, besarla y decirle que estaba de vuelta. Contarle que la extrañó cada día, que la bufanda con sus iniciales lo abrigó como a nadie en las Islas Malvinas. Pero tenía un nudo en la garganta.

Esa misma sensación -o tal vez mucho más fuerte- sentirá hoy, cuando a eso de las 15.20 arribe al archipiélago, en un vuelo que partirá esta tarde desde Río Gallegos.

Héctor sabe que será uno de los pocos soldados de 1982 que recorrerá suelo malvinense de nuevo. Y quiere hacerse cargo de esa responsabilidad. Aunque se le parta el alma, los ojos estallen en llanto y le tiemblen las manos. No importa. Se siente fuerte para volver a recibir el aire frío, esa humedad que le enfriaba los borceguíes hace 41 años.

El soldado Héctor Figueroa, clase 1963, perteneciente al RI 25 de Sarmiento, quiere encontrar su "pozo de zorro" en la estepa malvinense. En la memoria tiene algunas referencias que lo pueden guiar hasta el lugar exacto, en el que pasó más de dos meses atrincherado.

Héctor pretende caminar por senderos en los que escuchaba los gritos del Comandante del RI25, Mohamed Alí Seineldín, a quien considera como un padre en la gesta de Malvinas. Todavía recuerda cuando el "Turco" esperaba que comieran todos los soldados y si después quedaba algo en la olla, recién comía.

En estos últimos días, las imágenes se alborotan, se chocan entre sí para salir a la luz. Aparecen y desaparecen. Invaden los sueños y se instalan también, como los primeros pensamientos en cada despertar.

A las 3 de la tarde de este sábado 11 de noviembre, Héctor Figueroa sentirá emociones fuertes. Como aquella mañana del 2 de abril, cuando a las 7.40, puso su pie derecho en las islas Malvinas, las que sigue soñando siempre, pintadas de celeste y blanco.

“Voy para cerrar una herida que me quedó desde 1982”

Héctor Figueroa considera esta visita a las islas Malvinas como lo necesario para cerrar un círculo en su vida: "Voy para cerrar una herida que me quedó desde 1982. Mi gran deseo es que esta visita se cierre y no que se abra otra más profunda. Eso lo veré una vez que esté allá", dice.

Lo acompañarán en este desafío de la vuelta sus amigos Mauricio Hernández y Miguel Painequeo, junto al locutor santafesino Gustavo Capretti. "Los tres siempre estuvieron muy comprometidos con la causa Malvinas y ahora recibí el respaldo en todo sentido para poder estar las islas. Es un agradecimiento enorme para ellos y también para quienes me ayudaron desde diferentes lugares", dijo Héctor.

"Los veteranos de guerra necesitamos cumplir con estas vivencias. Muchos de nosotros, a pesar de estar en el continente, nunca dejamos las islas, las sentimos muy nuestras. A pesar que sufrimos desconsideración y hasta discriminaciones, sólo nosotros sabemos lo que nos tocó pasar allí y cuánto amamos a nuestras Malvinas", manifestó.

"Vamos a visitar a nuestros caídos, les llevamos cintitas blancas con inscripciones que demuestran nuestro agradecimiento por entregar sus vidas. Pero tampoco debemos olvidarnos de las víctimas que, a pesar del volver al continente, se sumaron por no poder soportar lo que vino después de la guerra. Ellos merecen muchísimo nuestro respeto", agregó Héctor Figueroa, consignando que las cintas blancas refieren a una iniciativa de Carlos Andrade.

"La causa Malvinas tiene que estar muy adentro de todos argentinos. Afortunadamente es algo que siempre les inculqué a mis hijos (6) y conté con ese enorme respaldo. Del mismo modo debería suceder con todos y cada uno de los jóvenes. No debería perderse este sentimiento. Hoy, todavía nos queda a nosotros relatarla, pero en un momento nos iremos de este mundo y allí debe quedar testimonios para las generaciones venideras", remarcó.

"Muchos de nosotros no la pasamos bien en todo este tiempo, hasta sufrimos el mote de ‘loquitos de la guerra’ y nos costaba hasta encontrar trabajo. Pero hoy existe una concientización sobre nuestro sentido de pertenencia con las islas y con los veteranos de guerra. A mí, como a muchos, me gustaría que alguna vez vuelva a flamear la bandera argentina, pero sin que haya guerras o derramamiento de sangre, sino que se logren los derechos por la vía diplomática", mencionó Héctor Figueroa.

"Voy a caminar por lugares que nunca olvidé. Lo más probable es que quiebre en llanto, que recuerde a mi mamá y a todos mis compañeros de 1982. Quiero cerrar un círculo de vida y sobre todo sanar una herida que muchas veces hasta me impidió tener paz interior. Llegó el momento de saldar esa deuda", completó.