martes 16 de agosto de 2022
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Adriana Torres, el cielo es su límite

Por Flor Nieto / Especialista en Docencia e Investigación en Ciencias Económicas, Analista en Sistemas y Facilitadora CEFE, con formación profesional en Coaching Ontológico, Psicodramatista, Diplomada en Coaching Ejecutivo y Master en Coaching Skills. Transforma equipos y vidas, hoy nos cuenta su historia y la de Management Patagonia.
domingo 03 de julio de 2022
Adriana Torres,  el cielo es su límite

 

“Yo nací acá” dice firme.

Y continúa: “Mi papá es de Comodoro, nació en Comodoro, y mi mamá es de Santa Cruz, así que tengo raíces patagónicas bastante fuertes”.

Especialista en Docencia e Investigación en Ciencias Económicas, Analista en Sistemas y Facilitadora CEFE, con formación profesional en Coaching Ontológico, Psicodramatista, Diplomada en Coaching Ejecutivo y Master en Coaching Skills. Transforma equipos y vidas, hoy nos cuenta su historia y la de Management Patagonia.

Adriana es de Comodoro y está orgullosa. En parte por eso también, trabaja para mejorar el desarrollo de la región desde adentro: desde cada equipo y cada persona. Diseñó y desarrolló muchísimos cursos de capacitación estándar e in-company para organizaciones públicas y privadas. Publicó en medios de la disciplina como Management Herald. Mamá de Bianca y Renzo, practica yoga y meditación. Humana, profesional y pionera. Hoy charlamos con ella.

 

¿Cómo fue crecer en Comodoro?

Yo pertenezco a una familia de clase media, que era media-baja, que mis padres habían querido ser profesionales universitarios, pero no llegaron, no pudieron. Soy la primera generación de mi familia de profesionales. Nosotras tres, mis dos hermanas y yo. Fuimos a la escuela pública como se acostumbraba en aquella época, de la mayor diversidad posible, a la escuela primaria y a la escuela secundaria. Y terminé mi escuela secundaria en Magisterio, no por decisión propia sino porque era mandato familiar. Mi mamá nos dijo “bueno, primero son maestras”, porque era un poco su aprendizaje de vida, “y después decidan qué más van a estudiar”. Así que así fuimos las tres maestras (risas).

Una vida tranquila. Comodoro era bastante más tranquilo que lo que es hoy. Jugábamos afuera, caminábamos, salíamos, andábamos en bici, íbamos en bici a la casa de mi abuela, volvíamos, a la casa de amigos, o sea era una vida bastante más relajada. Luego me fui a estudiar a Buenos Aires y estudié Sistemas. A mí me gustó siempre enseñar, aunque con ese mandato tan fuerte, no podía admitirlo (risas). Claro, para llevarle la contra (risas). Yo sabía que me gustaba mucho enseñar, de hecho cuando terminé la carrera de maestra, mientras que estudié acá en Comodoro, trabajé de maestra, me gustaba mucho. Tenía claro que no iba a trabajar con niños toda la vida, ni mucho menos, pero me gustaba mucho. Yo estudié música también muchos años. Terminé la carrera de guitarra después de 10 años de estudiar y empecé a dar clases de guitarra y me di cuenta que disfrutaba mucho de enseñar. Si bien como te digo no lo quería admitir. Como era buena, tenía mucha habilidad para las Ciencias Exactas, siempre intento recomendar a mis alumnos en la universidad que no basen su elección profesional solo en para qué son buenos. Porque yo tenía la agilidad mental para resolver las Ciencias Exactas, entonces siempre me orienté a estudiar cuestiones que tenían que ver, acá también estudié Ingeniería antes de irme a estudiar Sistemas. Y claro, no me costaba. Me gustó estudiar Sistemas, pero cuando volví, volví por esas cuestiones que creemos que son casuales. En realidad yo me había recibido de Licenciada en Sistemas, ya no me ubicaba bien cómo era el edificio de la Universidad de acá, hacía 5 años que no venía. Cuando fui a entregar mi currículum para las distintas carreras de docente, para las ayudantías que surgieran, lo dejé en Económicas pero pensando que lo había dejado en Ingeniería, porque no sabía, y me llamaron. Cuando me dieron las opciones de nombramiento yo pensaba “no, para esas materias no estoy muy preparada” (risas). Porque eran materias del área de Sistemas aplicadas a las Ciencias de la Información y de las Organizaciones y yo me daba cuenta que no tenía una preparación al respecto, pero sí, empecé a trabajar de docente. Me gusta contar eso porque para mí hay una vida antes y después de ser mamá. Cuando nació mi hijo yo miraba la computadora y pensaba “yo no puedo seguir trabajando de esto, esto me desconecta de todo”. No podía amamantarlo y ponerme a programar porque no me rendía el tiempo para nada, y ahí descubrí que eso no era lo que yo quería, que no lo podía integrar con mi nueva vida. Así que me quedé a trabajar en la Universidad, fui avanzando hasta llegar a tiempo completo. En el medio hice muchas formaciones y carreras de posgrado del área de Recursos Humanos, de negocios, hice la formación de facilitadora, de coach, y poco a poco me fui desligando de los sistemas informáticos para meterme en los sistemas humanos. No importa a qué edad pero hay que buscar. Hay que generar caminos para darte cuenta si estás eligiendo bien, porque si bien a mí me iba bien como programadora, y podría haber seguido trabajando así, sí estoy segura que soy mucho más feliz con la elección que hice.

 

¿Qué es el coaching? ¿Qué fue lo que más te gustó?

Muchas de las disciplinas en las que a mí me ha gustado hacer inmersión, son esas que al principio no sabes bien cómo definirlas. Si podés definirlas ya es como que pierdo el encanto (risas). El coaching es un acto totalmente transversal que implica aprender a escuchar y a acompañar a las personas a que logren lo que quieren lograr. Y eso aplica a muchos dominios, yo elegí el organizacional, el ejecutivo, en el cual después me formé, me diplomé, porque ahí pude unir todo, en todo lo que me había formado, en negocios, en organizaciones y en recursos humanos, con este acompañamiento personal, porque tiene que ver con el contacto personal, de las personas, los equipos o las organizaciones, para que lleguen a lograr los resultados que se propongan. Para mí el coaching es acción, no es análisis. Si querés hacer análisis podes elegir cualquier otro tipo de terapia. El coaching es acción. Es la posibilidad de acompañar, de facilitar el camino del otro o de la otra, para que llegue a donde quiere llegar.

 

“El cielo es tu límite” es una frase que está muy presente en Management Patagonia ¿Qué significa para vos?

Para mí significa “no hay techo, animate a desafiarte y a soñar grande”. No sueñes pequeño, total después tenés soga para tirar y ver hasta dónde vas a llegar, hasta dónde querés llegar en el futuro. Pero cuando diseñás tu futuro que el cielo sea tu límite, que no te impongas condicionamientos y creencias limitantes en ese diseño de futuro.

 

Las creencias limitantes son a veces un hilo conductor en nuestra vida cotidiana ¿de dónde vienen?

Las creencias las deberíamos aprender desde primer grado así como aprendimos las letras, deberíamos darnos cuenta, hacer consciencia de en qué creencias, o por lo menos desde que somos adultos, ¿con qué creencias estamos evolucionando? Todas las personas, por tu propia historia de vida, por dónde naciste, por la familia en la que estás, por la elección de carrera que hiciste, por las personas que frecuentas, vamos generando creencias que están ahí como guardaditas. No siempre hacemos consciencia: “Yo creo que con mucho sacrificio voy a llegar a un objetivo”. Si creo eso no voy a llegar a un objetivo si no lo hago con mucho sacrificio. Es decir, en la acción futura aparece muy en juego lo que nuestras creencias vienen grabando así a fuego. Por eso en el coaching una de las acciones que generamos es hacer consciencia de cuáles son tus creencias, y esas creencias que te están limitando para llegar a donde querés llegar, y también aquellas que son facilitadoras. Yo siempre cuento que tengo el registro de cuando era muy pequeña, que mi papá siempre me decía “Adriana es muy inteligente”. No sé si lo era, pero en algún momento esa creencia me resultó muy facilitadora para animarme a ir a estudiar afuera, para animarme a estudiar algo que generalmente no era la carrera habitual que elegían las mujeres en aquel momento, para animarme a cambios, porque mi papá me había convencido que yo era muy inteligente. Entonces todas las personas tenemos creencias facilitadoras y se nos graban. Entonces esas creencias influyen e impactan directamente con los resultados que conseguimos. Por eso es muy importante cuando hacemos coaching, acompañar a las personas a que hagan consciencia de cuáles son esas creencias que los están limitando para decantar por sí mismos lo que se plantea, y también cuáles son las facilitadoras para capitalizarlas, para aprovecharlas.

 

Y hablando de esto, de ir por más, más desafíos, ¿Cómo empezó Management Patagonia? Porque también fueron pioneras en este movimiento del coaching, de las ciencias empresariales en la región.

Todo lo que tenía que ver con consultoría, con capacitación, cuando nosotras arrancamos con este proyecto las organizaciones lo contrataban afuera, así que nos costó. Así como yo conté que entré en la Facultad de Ciencias Económicas por esas cuestiones que ocurren y que te van desafiando y generando un destino, así conocí a mi socia, que en ese momento era la secretaría académica de la Universidad. Entramos en un proyecto juntas, había que generar un evento, un congreso nacional, yo era muy, muy jovencita, un congreso nacional que se hacía acá de producción. Ella estaba buscando voluntarias dentro de los docentes, armamos una dupla que realmente hicimos un súper equipo y a partir de ahí empezamos a hacer muchos proyectos juntas. Muchos, varios dentro del ámbito de la universidad, y en algún momento empezamos a pensar en generar este proyecto de traer el management, esto del estudio de la gestión organizacional desde acá. Eso también habla de “el cielo es tu límite”. No nos atendían, no nos escuchaban. Creo que nos pasamos más de un año, casi dos años trabajando sin cobrar. Decíamos “vos dejame que yo te muestro lo que sabemos hacer” (risas). Con eso nos alcanzaba. Estuvimos casi dos años sin cobrar un proyecto, y en algún momento funcionó. O sea nosotras queríamos ir a vender un proyecto de coaching de equipo, queríamos ir a mostrar lo que sabíamos facilitar con las personas, en general no nos abrían las posibilidades. Así que empezamos en un momento a decir “dejame que te hago una muestra de lo que nosotras sabemos hacer, que podamos hacer alguna jornada” y no cobrábamos, estuvimos mucho tiempo sin cobrar (risas). No sé si es una buena idea hoy, no sé si se la daría a un cliente. A nosotras nos funcionó. Trabajábamos también en la Universidad, teníamos otro tipo de ingreso como para hacer eso, porque no podés trabajar todo el día sin cobrar.

 

Aparte cada profesional, cada empresa tiene su camino. Quizás lo que funciona para uno, no funciona para el otro…

Tal cual. Usted lo ha dicho. Eso también forma parte de hacer coaching. Lo que sí nosotras queríamos era primero hacer la formación de coaching, no irnos afuera. Entonces para traer la formación de coaching, uno de los proyectos que empezamos, y formarnos nosotras, hubo que hacer toda una movida de vender 20 lugares de formación de coaching sin ser coach y sin que nadie supiera qué era el coaching. Si hoy todavía es una palabra más o menos coloquial, te estoy hablando que el año que viene van a ser 20 años que hacemos coaching. Entonces ese era el desafío. Juntas sentíamos esa fuerza de equipo, que no teníamos límite. Costaba mucho vender una formación de coaching en aquella época hasta en Buenos Aires, o en Santiago de Chile, que son como los lugares referentes. Y nosotras logramos juntar lo mismo, o más de lo que juntaba Buenos Aires o Mendoza, en la Patagonia. Nos proponíamos algo y lo conseguíamos, estábamos con mucho foco (risas). Fue la manera de poder empezar Management. Management se fue construyendo, éramos un equipo grande, teníamos muchos de los que hoy son nuestros colegas de las cátedras, que conformaban nuestros ayudantes, armando equipos, hicimos eventos enormes de Management aquí en la Patagonia. Hicimos esa historia. Nos entusiasmaba mucho cada proyecto que planteábamos y teníamos la ambición de poder competir localmente como cualquier consultora de Buenos Aires, y creo que lo logramos.

 

¿Cuál es el mejor consejo laboral que recibiste?

Uy, hay tantos (risas). Voy a tratar de elegir alguno, porque yo trabajé mucho con Rubén Rico, que es un referente de marketing de Argentina, durante mucho tiempo. Él me enseñó muchísimas cosas, también mi profesor de coaching Marcelo Krynski con quién me formé y aprendí, aprendí prácticamente de todo. Algo que me enseñó y que me sirve ahora, aún hoy, en la formación de coaching en algún momento cuando yo estaba muy conflictuada con algún cliente, con alguna situación que tenía que resolver y no podía, me acuerdo que Marcelo, mi maestro de coaching, me dijo “no hay un coach para toda organización” o para decirlo de una manera más clara, “no todo coach es el mejor coach para cualquier cliente”. Algo así como no intentes tomar todos los clientes, que todos te acepten, porque hay organizaciones que quizás tu estilo o persona o equipo, tu metodología quizás no es la que esperan y la que quieren, ni la más efectiva. Como “animate a abrirte en algún momento si te das cuenta que no encajas en esa organización” y el año pasado creo que fue un momento donde lo volví a usar. En un momento dije “basta”. Si hay que forzar tanto es porque yo no soy la coach para esa empresa. Hay un montón, tendría que hacer memoria. Pero ese lo tengo presente porque cada tanto lo tengo que reforzar.

 

Está buenísimo porque aplica a muchas profesiones también…

Exactamente. No todo buen arquitecto va a ser un buen arquitecto para vos. El tema del coaching como la relación se construye y los valores compartidos es tan fuerte y tan poderoso, quizás el impacto es más notable.

 

A veces por el exceso de información o de posibilidades, muchos todavía no encuentran qué es lo que los apasiona, qué es lo que les gusta o su propósito inclusive en la vida ¿qué les dirías?

Yo creo que no podemos estandarizar que todas las personas a los 18 años tengan que descubrir y tener claro a qué se quieren dedicar. Una cosa es para qué tenés cierta habilidad, y otra muy distinta es a qué te querés dedicar. Está muy ligado con construir y hacer camino. Quizás vos tenés un fuerte estímulo vocacional, porque la palabra vocación es muy fuerte, que te lleva a elegir una profesión. Luego el camino, la trayectoria la vas a ir haciendo mientras andás, no se hace solamente estudiando. La carrera de grado es un hito, no es EL hito. Es uno de los hitos que vas a atravesar profesionalmente y luego podes ir delineando tu trayecto. Hay un gran porcentaje de profesionales de Sistemas que trabajan en Recursos Humanos, y no es al  azar. Teóricamente no tiene ninguna relación. No tengo en este momento el porcentaje, pero es un porcentaje bastante significativo. Está bien, todavía no había carreras de Recursos Humanos establecida y muchos profesionales de Sistemas se dedicaron al área de Recursos Humanos. Y es algo que vas a ir descubriendo en la medida en que vayas probando y vayas teniendo el coraje de elegir. A mí me parece que es muy importante mientras tenemos la oportunidad de elegir. Siempre podemos elegir y cambiar, y revertir, y animarnos a decir “no, no quiero más esto, quiero dedicarme a otra cosa, esto no me hace feliz”. Me parece que eso es fundamental. Elegir una carrera y si te va, terminala. Total después el trayecto profesional lo vas a tener que hacer.

“Management Patagonia este año recobró la vida de la presencialidad, del contacto personal, que mientras estuvimos en pandemia y demás, encontramos muchas alternativas virtuales y desde el año pasado que empezamos a encontrarnos con los grupos, a ir a participar, a abrazarse con las personas que hacen coaching. Te das cuenta que es un valor que no es mensurable, pero que es esencial para hacer coaching” dice Andriana y sigue:  “Hay muchos proyectos aquí, en Neuquén, en Puerto Madryn y en muchos lugares de la Patagonia. Estamos cerrando un proyecto en Santa Cruz y Tierra del Fuego, y algo que está, y que estaba, que se estaba generando antes de la pandemia es empezar a trabajar afuera. En el año 2019 yo tuve la oportunidad de ir a trabajar a Uruguay y a Colombia y ya teníamos cerrados varios proyectos para el 2020, vino la pandemia y todo cambió. Estoy rearmando la agenda para poder volver a trabajar fuera del país y entonces combinar esto del trabajo, el aprendizaje y también el turismo, la apertura a descubrir nuevos lugares y nuevas sociedades. Ese sería, te diría en mi caso en particular, el objetivo. Volver a reactivar esa agenda internacional que se estaba dando, con todo el placer que significa ir a trabajar afuera y el orgullo que desde la Patagonia podemos llegar también. Otra vez, el cielo es tu límite. Desde la Patagonia también podemos llegar. A veces las personas pensamos que desde acá bueno, ¿qué es lo máximo que podes hacer? Sin embargo estamos pudiendo reflotar esa agenda, reactivarla y seguramente de todos los proyectos que se están generando en este segundo semestre, podremos volver a trabajar afuera. Un año próspero, te diría que lo vivimos como un año abundante, próspero, de gran aprendizaje”.

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