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Slow Tourism: La filosofía de viajar sin apuros

domingo 26 de junio de 2022
Slow Tourism: La filosofía de viajar sin apuros

Nuestro ritmo de vida actual es acelerado, vivimos en la “cultura de la inmediatez”, hacemos las cosas más rápido, muchas veces no estamos dispuestos a esperar, y aún así, sentimos que nos falta tiempo. La idea de necesidad de desaceleración surge en la década de los 80 en Italia, como forma de acción social impulsada por Carlo Petrini. Ante el incremento y predominancia de las cadenas de fast food, cuyas formas de producción y consumo simbolizaban un crecimiento masivo, agresivo y estandarizado. En contraposición, la movida de slow food reivindicaba la gastronomía local y la tradición, y principalmente, una propuesta alternativa de desarrollo organizado, pausado y sostenible.
Esta dinámica acelerada no solo se ve reflejada en la comida y otros aspectos de nuestra vida cotidiana, sino también en momentos de ocio y distensión. Oportunidades que deberíamos utilizar para descansar y romper con la rutina, son sometidas al estrés de la velocidad. En términos turísticos se traduce a un tipo de turismo de masas, popular entre las décadas de 1950 y 1970. En ese momento el ideal era recorrer la mayor cantidad posible de destinos y atractivos en pocos días, con productos estandarizados e inflexibles, pero eso cambió. Las nuevas tendencias apuntan a lo más importante: las experiencias genuinas y personalizadas. En la década de los 2000 surge la corriente del Slow Tourism o Slow Travel, que promueve hacer turismo a un ritmo más lento y de manera responsable. Si bien no existe una definición compartida con suficiente consenso, no se trata de una tipología o segmento turístico. Es una nueva forma de viajar cuyos ejes principales son la reducción de la huella de carbono, el aumento del bienestar y la conexión con el territorio.
En el Slow Tourism la planificación no es tan importante, en muchos casos no hay un itinerario fijo que seguir y cumplir. Se busca desconectar de la rutina, descubrir los lugares, interactuar con la población local y lograr una conexión, gracias a que las estadías son más largas de lo habitual. Lo principal es la experiencia en sí y no visitar x cantidad de ciudades en x cantidad de días. El objetivo es un turismo de calidad, en términos ambientales y humanos. Algunas de la premisas, teniendo en cuenta que la calidad debe primar sobre la cantidad, son: conocer áreas y no países, viajar sin itinerarios recargados y exigentes, donde se termina más cansado de lo que se estaba antes de emprender el viaje, dedicar más tiempo a cada destino, caminar o andar en bici, ser flexible y disponer momentos para relajarse.
A diferencia de lo que algunos piensan, no hace falta tener un alto poder adquisitivo para poder viajar de esta forma. Si tenemos en cuenta sus características, el Turismo Slow se asimila a la actitud de los mochileros, por lo que el presupuesto no es una limitación. ¿Qué te parece esta filosofía de vida y de viaje? ¿Viajarías sin un itinerario arreglado?

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