martes 28 de septiembre de 2021
7.9ºc Comodoro Rivadavia

Eduardo Galeano: uruguayo de nacimiento, latinoamericano por opción

lunes 13 de septiembre de 2021
Eduardo Galeano: uruguayo de nacimiento, latinoamericano por opción

El autor de “Las venas abiertas de América Latina” nació en una familia católica y de clase alta. A los 14 años dejó el secundario y a los 19 intentó suicidarse. Se hizo periodista, un oficio que siempre reivindicó y cultivó hasta sus últimos días. Fue encarcelado y perseguido por las dictaduras de los años setenta y ochenta. Vivió exiliado en Argentina y en España. Trabajó en revistas emblemáticas como “Marcha”, “Crisis” y “Brecha”.

 

“Eduardo Galeano era nuestro, era mexicano, era uruguayo, era chileno, era argentino, era paraguayo, era la sangre en nuestras venas abiertas, abarcaba el continente entero”.

Elena Poniatowska, escritora mexicana, en el capítulo “Abrazo de palabras”, que escribió para el libro Eduardo Galeano, un ilegal en el paraíso.

Eduardo Germán María Hughes Galeano nació el 3 de septiembre de 1940 en Montevideo, Uruguay, en una familia católica y de clase alta. Fue el primer hijo del matrimonio entre Eduardo Hughes Roosen, un funcionario del Ministerio de Ganadería y bisnieto de un inglés dueño de una estancia de 15 mil hectáreas en Paysandú, y Licia Esther Galeano Muñoz –de quien Eduardo tomaría su apellido artístico–, descendiente del primer presidente uruguayo, Fructuoso Rivera, a quien Galeano criticaba por la matanza de indígenas en la encerrona del arroyo Salsipuedes en 1831.

De chico quería ser futbolista o cura. Mientras que la pasión por el fútbol lo acompañó toda la vida, sobre la religión dijo: “Perdí a Dios cuando tenía 12 o 13 años, pero las prohibiciones de mi infancia me han perseguido toda la vida”, según cuenta la cronista mexicana Elena Poniatowska en el libro Eduardo Galeano, un ilegal en el paraíso. “Yo tuve una educación muy católica cuando era niño. Fui entrenado para malquerer a mi cuerpo como fuente de culpa y me costó llegar a celebrar mi cuerpo como fuente de fiesta, y he tenido a lo largo de mi vida tensiones que provienen de mi formación católica porque son tensiones que sobrevivieron a mi fe”, dice Galeano en ese mismo libro.

Abandonó en segundo año la escuela británica Erwy School y a los 14 años publicó su primera caricatura en el semanario El sol, del Partido Socialista de Uruguay (PS). Como su nombre era tan largo, la firmó simplemente como “Giús”. Además de dibujos, también empezó a colaborar con notas de diferentes temas. Aunque nunca más volvió a la educación formal, siguió formándose de manera autodidacta, en conversaciones con el político e historiador uruguayo Vivian Trías y en charlas y charlas de café, especialmente en el Café Brasilero, que se convertiría en su favorito y del que se convertiría en habitué, con excepción de los años que pasó en el exilio. También estudió con el abogado socialista argentino Enrique Broken, que le daba clases particulares. A los 17, Galeano había leído la Biblia y El Capital. Decía que era hijo de los cafés de Montevideo y que entre las palabras con periodistas, escritores o uruguayos en general, había aprendido lo que sabía, que los cafés habían sido su universidad. En tanto, trabajó como obrero de una fábrica de insecticida, como mecanógrafo y como aprendiz de banquero.

A los 19 años, un día se despertó en el hospital, tras haber pasado unos días en coma: había fracasado en su intento de suicidio. Luego de ese episodio trágico, decidió que se iba a dedicar a escribir. Renunció al banco y se instaló en Buenos Aires, donde trabajó en la revista Che, financiada por el Partido Comunista Argentino, que reunía a distintos sectores del progresismo.

Al año siguiente volvió a Montevideo y asumió como secretario de redacción del semanario Marcha, dirigido por Carlos Quijano. Dos años después empezó a trabajar como responsable del área de publicaciones de la Universidad de la República (Udelar). En esa época pasaba tiempo en la casa del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, de quien, contó Galeano, aprendió muchas cosas, entre ellas, una máxima que lo acompañaría toda la vida: “Las únicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio”.

En 1963 se publicó su primer libro, una novela corta llamada Los días siguientes y en octubre de ese año, viajó a China; a su regreso, escribió su primer libro de no ficción: China 1964, crónica de un desafío. En 1971 publicó Las venas abiertas de América Latina, su libro más famoso. Le llevó cuatro años de investigaciones y tres meses de escritura contar la historia de América Latina desde la colonización, poniendo de relieve los saqueos de recursos naturales del continente primero por parte de los imperios coloniales y luego por los Estados imperialistas. La obra recibió mención honorífica del Premio Casa de las Américas.

Al año de su publicación, sólo había vendido 400 copias; sin embargo, quienes lo leían lo iban recomendando y el boca a boca se hizo imparable, sumado a la prohibición que tuvo el libro durante las dictaduras de los años setenta y ochenta de Uruguay, Chile y Argentina, que sólo hizo que aumentara el interés por leerlo y que circulara en forma clandestina. Las venas abiertas de América Latina es un libro que superó las 70 ediciones y los 2 millones de ejemplares vendidos.

Tras el golpe de Estado en Uruguay del 27 de junio de 1973, Galeano fue preso y obligado a abandonar el país. Volvió a instalarse en Argentina, donde le ofrecieron dirigir la revista Crisis, en la que escribirían Juan Gelman, Rodolfo Walsh, Mario Benedetti y Gabriel García Márquez, entre otros.

Pero en Argentina también hubo un golpe de Estado: el 24 de marzo de 1976 empezó la última dictadura cívico militar argentina. La redacción de Crisis recibió amenazas de muerte y Galeano tuvo que volver a exiliarse, esta vez, en España. “Por no estar preso me tuve que ir de Uruguay. Por no estar muerto me tuve que ir de Argentina”, dijo.

Ese año había conocido a Helena Villagra, que sería su tercera y última esposa. Ya se había casado dos veces; la primera, con Silvia Brando, con quien tuvo a Verónica Hughes Brando y después con Graciela Berro Rovira, mamá de Florencia y Claudio Hughes Berro.

Con la recuperación democrática en Uruguay en 1985, Galeano regresó a vivir a su país. Junto al poeta Mario Benedetti fundaron el semanario Brecha. Hasta su muerte, Galeano trabajó como figura del consejo asesor y escribió notas en los diarios Página/12 de Argentina y La Jornada de México. Entre sus trabajos periodísticos se destaca la entrevista que le hizo en 1964 a Ernesto “Che” Guevara.

“El periodismo obliga al escritor a olvidar su propio ombligo, por más que éste lo sumerja en éxtasis, y mirar los ombligos de los demás”, dijo Galeano en una entrevista con la periodista María Esther Giglio, en la que contó que la experiencia periodística lo había ayudado en su oficio de escritor. “El periodismo es la mejor escuela para quien quiere escribir”, dijo en esa oportunidad.

Fue un admirador del estadounidense William Faulkner y del italiano Cesare Pavese, pero su maestro fue el mexicano Juan Rulfo, de quien aprendió el estilo despojado.

Galeano publicó más de cuarenta libros, algunos de ellos traducidos a 29 idiomas. Además del ya emblemático Las venas abiertas de América Latina, otros de sus libros destacados son la trilogía Memorias del fuego, El libro de los abrazos y El fútbol a sol y sombra.

Además de la mención por Las venas abiertas de América Latina, recibió dos veces el Premio Casa de las Américas. También, el American Book Award de la Universidad de Washington por la trilogía Memoria del Fuego y el prestigioso galardón Stig Dagerman por el conjunto de su obra. En 2011 estuvo nominado al Premio Cervantes, aunque finalmente ese año lo ganó el chileno Nicanor Parra.

Eduardo Galeano murió el 13 de abril de 2015 en Montevideo.

Te puede interesar
Últimas noticias