sábado 25 de septiembre de 2021
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Osvaldo Manzanelli: treinta años al frente del Coro Polifónico Nacional de Ciegos

miércoles 18 de agosto de 2021
Osvaldo Manzanelli: treinta años al frente del Coro Polifónico Nacional de Ciegos

Osvaldo Manzanelli cursó sus estudios musicales de las carreras de Piano, Canto y Dirección Coral en el Conservatorio Provincial “Alberto Ginastera” de la ciudad de Morón, provincia de Buenos Aires. Entre 1976 y 1978 ejerció como maestro preparador del Coro Municipal de Merlo. En el año 1979 ingresó, por concurso público, a las filas del Coro Polifónico Nacional hasta 1991, ocupando el cargo de jefe de cuerda de tenores, primero, y luego, el de subdirector a cargo de la dirección. En el mismo año, concursó y se constituyó como subdirector del Coro Polifónico Nacional de Ciegos “Carlos Roberto Larrimbe”, a cargo de la dirección hasta el año 2001, en el que obtuvo, por concurso, el cargo de director.
Desde 1986 hasta la actualidad, se desempeña como director de la Asociación Coral “Lorenzo Perosi” de Ituzaingó. Cuenta con más de una década como docente en la cátedra de Música en colegios de Morón, Castelar e Ituzaingó. El Coro Polifónico Nacional de Ciegos, bajo su dirección, realizó numerosas presentaciones, a capela y sinfónicos corales, en Salta, Chaco, Chubut, Santa Fe, Ushuaia, Jujuy, Santa Cruz, Formosa.
En esta charla, el maestro Osvaldo Manzanelli nos cuenta sobre el despertar de su vocación, su llegada al Coro Polifónico Nacional de Ciegos y el balance de los treinta años al frente del organismo nacional.

¿Cómo nace su vocación por la música?
En casa, desde muy chico, mamá tocaba el piano y eso fue inspirador para mi. Con el tiempo quise seguir perfeccionándome y empecé la carrera de piano en el Conservatorio “Alberto Ginastera” de Morón, un estudio formal, académico y serio. Yo disfrutaba mucho de ir al Conservatorio, del ambiente, los pasillos, la música flotando.

¿En qué momento se acerca a la música coral?
Un día apareció en mi vida, inesperadamente, el primer acorde de un coro, el de la Asociación Coral “Lorenzo Perosi” de Ituzaingó (Buenos Aires). Este año cumplo 35 años dirigiendo ese coro, al que le debo el descubrimiento de mi vocación por la música coral. Yo no había incursionado nunca en esos territorios musicales. Me fascinó tanto que dije “yo quiero esto para mi vida”. Empecé, de a poquito, a aprender cómo es esto de la música coral, cómo es cantar en grupo, en comunión con otros, cómo es liderar un grupo, ensayar con un coro, tener la responsabilidad del ensayo, que la música salga adelante. Cantando en coros aprendí la conducción, a cantar, a disfrutar de la música, el repertorio y me encontré integrando las filas, nada menos, que del Coro Polifónico Nacional. Desde el año 1979 estoy dentro de la casa del Ministerio de Cultura de la Nación.

¿Cómo fue su incorporación al Coro Polifónico Nacional de Ciegos?
Fue algo que no buscaba pero se me fue dando. Yo había progresado mucho. Fui cantante en el Coro Polifónico Nacional, luego jefe de cuerdas y ejerciendo como subdirector, el jefe de cuerdas del Coro Polifónico Nacional, subdirector del Coro Polifónico Nacional de Ciegos, me invita a conocer la agrupación, debido a que lo iban a dejar cesante y me alentaba como postulante a su sucesión. Cantaban en una misa en la Catedral Metropolitana. Yo estaba entre los fieles escuchando la música celestial y sentí, nuevamente, este golpe en el corazón que me hacía pensar que yo quería esto para mi vida. Son mensajes que si uno está alerta y conectado tiene que saber escucharlos y animarse, porque ahí está lo seguro. Dejé el Coro Polifónico Nacional, con un cargo importante, que significaba seguir creciendo, para aventurarme a algo maravilloso pero desconocido.

¿Qué desafíos se planteó, desde el inicio, con el Coro Polifónico Nacional de Ciegos?
El desafío, hasta hoy en día, es perfeccionar, explorar, mejorar, investigar los caminos de la comunicación, porque lo gestual no es algo que funcione en el Coro Polifónico Nacional de Ciegos, tiene otros caminos. Al principio fue muy duro porque tuve que heredar la forma del antiguo director. El Coro me ayudó mucho, en cuanto a las técnicas. Con el tiempo y con mucho ensayo fui encontrando nuevas maneras que tenían que ver conmigo, y al tener un correlato con las respuestas del coro, como que funcionaba, iba pisando más sobre seguro y alentándose cada vez más a nuevos desafíos musicales, en las dificultades de las obra, y creciendo en ese sentido.

¿Cómo es el trabajo que realiza para la preparación de los coreutas y la elección del repertorio?
Yo encontré que, en la situación de concierto, la comunicación tiene que ser tan íntima entre el coro y el director, que hay determinadas pautas sonoras que ordenan, que indican un corte, que la respiración puede ser un hallazgo para un comienzo o para movilizar la frase, que cobre vuelo, que se renueve. La base está en ensayar mucho. Nosotros, antes de la pandemia, ensayábamos de lunes a viernes, todos los días, ya sea porque estamos aprendiendo o porque estamos sosteniendo o reponiendo repertorio o las tres cosas a la vez. Continuamente el Coro está trabajando y hace treinta años que viene trabajando conmigo, estamos muy acostumbrados, en el equipo que conformamos y eso nos da armonía en el trabajo. Los organismos nacionales tienen una misión inherente a su esencia que es irradiar la cultura, federalizarla, llevarla a escenarios a los que no les llegue habitualmente. Es muy gratificante compartir con el Coro Polifónico Nacional de Ciegos un viaje, una estadía, escenarios y ver mundos distintos porque, de esa manera, se igualan las oportunidades. Llegamos a lugares donde se desconoce al Coro Polifónico Nacional de Ciegos, un organismo estable que es patrimonio de todos los argentinos.

¿Cómo influyó la pandemia y cómo fue la actividad de la agrupación durante este tiempo?
La pandemia propuso en todos los organismos lo que propuso a la sociedad: introspección, meterse para adentro, esperar, incertidumbre, esperanza, en algunos casos. Cuando el tiempo pasó y veíamos que no íbamos a empezar tomé una decisión, convoqué al coro y, con orgullo puedo decir que la respuesta fue unánime. De vernos siempre, luego nos extrañábamos, entonces la convocatoria fue muy exitosa. Desde el dictante, que es la persona que dicta a la copia de las partituras en braille que se van a trabajar en el ensayo, los copistas y todos los cantantes, se prestaron al juego de producir, con virtualidad, audios para, con esos pequeños aportes, construir un gran rompecabezas que es la obra que ya hemos presentado. Mi solidez fue trabajar, en equipo, con los jefes de cuerdas del Coro que constituyen el cuerpo técnico. Con ellos tomo decisiones y planificamos el trabajo, al igual que con todo el equipo técnico y administrativo. Todo el Coro es un gran equipo.

¿Qué proyectos tiene con la agrupación a futuro?
Hace dos años venimos con la experiencia de trabajar con maestros invitados. Un poco porque los integrantes del Coro están tan acostumbrados a mi demanda y funcionamiento artístico que está bueno desestructurar eso para darle otro panorama que desmitifique, desde fuera, como se hace para dirigir este Coro. La idea es que vengan, se acerquen, hagan una experiencia de concierto y armen su concierto con el Coro. Por otro lado, la agrupación escucha otras campanas, otros requerimientos, otras voces, otras maneras y nos enriquecemos todos. De tal forma que también estoy preparando mi sucesión en el cargo de la manera más natural posible, porque el Coro se lo merece. La propuesta de maestros invitados funciona alrededor de todos estos cometidos, que el coro se enriquezca, que el maestro invitado desmitifique la dificultad, que se acerquen y que nos conozcan. El Coro se hace conocer. Es muy distinguido, brinda, en el escenario, mensajes de superación y de excelencia musical.

¿Cuál es su balance de estos treinta años al frente del Coro Polifónico Nacional de Ciegos?
Como balance artístico y personal yo siento mucha gratitud por todo lo que he aprendido en estos años. En lo personal aprender a mejorar mi grado de comunicación, porque yo soy los ojos del Coro. En una situación de viaje, en una situación de espera, mi función es decir, contar y trasladar lo que está sucediendo. Aprender a conocer y a compartir con cada uno de los integrantes es muy enriquecedor, así como lo es cómo manejar la música, cómo expresar la música, cómo decir que siento la música, tiene que ver con la comunicación. Todo se resume en una gran gratitud, todo fue enriquecimiento y crecimiento artístico y personal.

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