Programación, conectividad wifi, inteligencia artificial y herramientas de accesibilidad
Kuro, el robot guía turístico de estudiantes de Comodoro que llegó a la final nacional
El trabajo de varios meses, las horas dedicadas fuera del horario escolar y las ganas de superar cada dificultad llevaron a tres estudiantes de cuarto año del Instituto Austral de Enseñanza de Comodoro Rivadavia a la final nacional de una olimpiada de robótica. Bajo el nombre de Robofusión, Emiliano, Mía y Abril desarrollaron a Kuro, un robot guía turístico inspirado en el Museo del Petróleo, con funciones interactivas y herramientas pensadas para mejorar la experiencia de los visitantes.
El equipo fue uno de los cinco seleccionados para la instancia final de su categoría, robótica de nivel secundario, entre más de 100 equipos de todo el país. En la competencia general participaron más de 520 equipos de las distintas categorías. Finalmente, los estudiantes comodorenses terminaron en el cuarto puesto entre los cinco finalistas.
En diálogo con Crónica, los jóvenes repasaron cómo nació la iniciativa, los desafíos técnicos que debieron resolver y la experiencia de representar a su institución en una competencia que les permitió profundizar sus conocimientos y conocer otros proyectos.

De una propuesta escolar a un desafío nacional
La idea comenzó cuando recibieron una notificación de la escuela sobre la posibilidad de participar en la olimpiada. El año anterior habían tenido una primera aproximación a la robótica y decidieron avanzar hacia una experiencia más compleja.
“Estuvo bueno lo del año pasado, ¿por qué no probamos y nos metemos en algo más copado, algo que sea más desafiante?”, recordó Emiliano sobre el momento en que surgió la iniciativa.
Los tres eran compañeros, pero el proyecto también les permitió fortalecer su vínculo. “Durante el transcurso de este proyecto se afianzó mucho más el vínculo y pudimos establecer una relación más sólida entre nosotros”, señaló Mía.
La consigna de la competencia era construir un robot guía turístico a partir de la elección de un museo. El equipo se inclinó por el Museo del Petróleo de Comodoro Rivadavia, tanto por su importancia para la ciudad como por la cantidad de información histórica y técnica que podía aportar al desarrollo del prototipo.
Antes de comenzar con el armado de la maqueta, realizaron una visita al establecimiento, donde recopilaron textos, imágenes y otros materiales para incorporar al proyecto. Además, recibieron orientación del personal del museo, que les sugirió algunos contenidos específicos para destacar.
“Fue una visita muy fructífera y la verdad que aportó muchísimo al proyecto”, sostuvo Mía.
Los estudiantes fueron los únicos representantes de su colegio en el taller y dedicaron gran parte del año a construir y perfeccionar el robot. Comenzaron antes de las vacaciones de invierno y continuaron trabajando durante el receso hasta finales de septiembre.
El compromiso fue más allá de las horas de clase. Hubo fines de semana, jornadas extensas en la escuela y encuentros durante las vacaciones para llegar a tiempo con las entregas. “En lo personal, siempre dándole para adelante, al igual que los chicos. Hemos pasado fines de semana, hasta en las vacaciones, pijamadas incluso, para lograr terminar esto”, contó Mía. En una de las primeras entregas, recordó, trabajaron durante tres días seguidos para completar el proyecto.

Un robot con tecnología y funciones de seguridad
Uno de los principales desafíos fue lograr que todos los componentes funcionaran de manera coordinada. Kuro incorpora una pantalla táctil, un lector de tarjetas, sensores y distintos dispositivos electrónicos que permiten ejecutar funciones programadas.
Entre sus características, cuenta con un sensor de llama que permite detectar un posible incendio en la maqueta y activar una sirena para alertar sobre la situación. La propuesta busca que el robot no solo brinde información turística, sino que también contemple una herramienta de seguridad dentro del museo.
Los estudiantes también trabajaron con sensores de temperatura y luminosidad. El primero permite mostrar en pantalla la temperatura registrada, mientras que el segundo detecta las condiciones de luz para distinguir si es de día o de noche.
La conectividad entre los dispositivos fue otro de los puntos que requirió mayor dedicación. Emiliano explicó que utilizaron un Arduino Mega y módulos ESP32, que debían comunicarse entre sí para ejecutar las distintas acciones.
El lector de tarjetas inicia una secuencia de instrucciones que permite activar mecanismos de la maqueta, como la apertura de una puerta o la sirena en caso de incendio. Para conseguirlo, tuvieron que combinar conexiones por cable con comunicación wifi entre otros componentes. “Una de las cosas que particularmente fue un desafío, que no se vio tanto, fue la conectividad por vía wifi entre diferentes dispositivos”, explicó Emiliano.
A eso se sumó el desarrollo de un sistema para tomar fotografías. Desde la pantalla se puede solicitar una captura que realiza una cámara ESP32-CAM. Luego, el sistema genera un código QR que dirige a un espacio de Google Drive donde se carga la imagen.
El proceso requirió coordinar diferentes lenguajes de programación, las direcciones IP y los códigos de cada dispositivo. Mientras que parte del sistema fue programada con Arduino IDE, otras funciones vinculadas con la página web demandaron conocimientos diferentes.
También debieron resolver problemas relacionados con el movimiento del robot. Al principio, los giros no se realizaban siempre en el mismo lugar, por lo que decidieron incorporar encoders y un giroscopio para mejorar la precisión de los desplazamientos y lograr que cumpliera las instrucciones de manera más exacta.
Inteligencia artificial y accesibilidad
Otra de las funciones que incorporaron fue una herramienta de inteligencia artificial. A través de un segundo código QR ubicado en la pantalla, los visitantes pueden acceder a una página web creada por los estudiantes, en la que entrenaron a una asistente llamada Leia para responder preguntas relacionadas con el museo.
La propuesta también contempla la accesibilidad. Según explicaron, la herramienta cuenta con audio para facilitar el acceso a la información a personas con discapacidad.
De esta manera, Kuro reúne diferentes recursos tecnológicos en un mismo prototipo: información turística, interacción con los visitantes, reconocimiento de condiciones ambientales, conectividad entre dispositivos y una herramienta de consulta mediante inteligencia artificial.
Los estudiantes reconocieron que la pantalla táctil fue uno de los elementos que más dificultades les presentó durante el desarrollo. Al principio no sabían cómo programarla para que funcionara correctamente, pero finalmente consiguieron incorporarla.
Aunque destacaron el funcionamiento del robot, también identificaron aspectos que les gustaría mejorar en una próxima edición. Emiliano señaló que el objetivo sería trabajar en la estética y la estructura exterior para darle una terminación más cercana a la de un producto terminado, sin perder las funciones que ya consiguieron implementar.
Entre más de 100 equipos, llegaron a la final
La instancia nacional les permitió encontrarse con proyectos de distintas instituciones y comprobar el nivel de la competencia. Según relataron, los equipos estaban muy parejos y muchos habían incorporado funciones adicionales para diferenciarse.
Entre las propuestas que recuerdan había robots con alertas ante posibles emergencias sísmicas y otros desarrollos con distintas aplicaciones. En el caso de Robofusión, la decisión fue priorizar las necesidades de un museo y sumar el sensor de llama como una herramienta de seguridad.
El jurado también les señaló que debían prestar atención a los detalles que podían aportar un valor agregado. Para los jóvenes, la posibilidad de integrar diferentes componentes y resolver problemas durante el proceso fue una de las fortalezas de Kuro.
Finalmente, consiguieron ubicarse entre los cinco seleccionados de su categoría y terminaron cuartos en la ronda final. Más allá de la posición obtenida, destacaron la experiencia de compartir el espacio con otros estudiantes y recibir comentarios positivos de docentes que se acercaban a conocer el funcionamiento de su robot.
El acompañamiento también llegó desde Comodoro. Sus familias y amigos siguieron de cerca el proceso, mientras que sus compañeros de curso se reunieron en el aula para mirar la final a través de una transmisión por YouTube. “Nos llevó una foto en la que estaban todos nuestros compañeros en el aula, viendo por el proyector. Estaban viendo la final, así que eso fue muy lindo”, recordó Emiliano.
Los estudiantes agradecieron especialmente el apoyo del Instituto Austral de Enseñanza, que les brindó los recursos necesarios y la formación para participar de la competencia.
Aprender de los errores y animarse a participar
Aunque cada uno tiene intereses diferentes para su futuro, el proyecto despertó en los tres nuevas inquietudes relacionadas con la tecnología y la programación.
Emiliano manifestó su interés por continuar estudiando informática y profundizar sus conocimientos en robótica. Mía, en cambio, explicó que sus planes profesionales van por otro camino, aunque reconoció que la experiencia le permitió descubrir un interés particular por los códigos de programación. Abril también señaló que, más allá de sus proyectos personales, se lleva nuevos aprendizajes y la posibilidad de conocer las capacidades de estudiantes de otros lugares.
Los tres coincidieron en que les gustaría volver a participar en una competencia, ya sea con Kuro o con un nuevo proyecto. La intención es aprovechar lo aprendido, mejorar aquellos aspectos que quedaron pendientes y seguir incorporando funciones.
“Aprendí particularmente, no solo en la final, sino durante el primer día hasta el final”, expresó Emiliano. Para él, uno de los aprendizajes más importantes fue escuchar las ideas de sus compañeros, evaluar cuáles eran viables y buscar alternativas cuando una propuesta resultaba difícil de implementar.
La experiencia también les permitió comprobar que muchas de las dificultades podían resolverse con tiempo, trabajo en equipo y nuevas ideas. A medida que avanzaban, aparecían problemas que los obligaban a revisar lo hecho y encontrar soluciones.
Antes de despedirse, Emiliano dejó un mensaje para otros jóvenes que tengan interés en sumarse a este tipo de iniciativas: “Yo invito a que toda esa gente se anime a participar y que no se queden con la duda de qué hubiese pasado si hacía tal cosa, sino que la hagan y que no tengan vergüenza de las personas, de qué dirán o qué opinará el resto”.
Y concluyó: “Uno tiene que hacer lo que a uno le gusta y ser feliz. No vivís para ser feliz al resto, vivís para ser feliz para vos”.
Desde Robofusión, la intención es que más estudiantes se animen a participar de propuestas similares. Para ellos, el cuarto puesto nacional es parte de una experiencia que les dejó conocimientos, vínculos y nuevos desafíos por delante.
Tu prueba Premium ha finalizado
Tu prueba Premium ha finalizado