Día del Trabajador Rural: ocho décadas de conquistas y derechos laborales en el campo argentino
Cada 8 de octubre, la República Argentina celebra el Día del Trabajador Rural, una jornada consagrada a reconocer la dedicación, las tradiciones y el arraigo de los hombres y mujeres que conforman el motor del agro nacional. Esta conmemoración, declarada en el artículo 1.º de la Resolución 7/2004 de la Comisión Nacional del Trabajo Agrario (CNTA) dentro del marco del Régimen Nacional del Trabajo Agrario anexo a la Ley N.º 22.248, rinde tributo a una figura fundamental cuyo esfuerzo diario contribuye al crecimiento de todo el sector productivo.
La fecha rinde homenaje a un hito histórico fundamental: la sanción, el 8 de octubre de 1944, del primer Estatuto del Peón de Campo. Esta normativa revolucionaria fue redactada por Tomás Jofré y propuesta para su aprobación por el coronel Juan Domingo Perón, quien se desempeñaba como Secretario de Trabajo y Previsión, siendo formalmente aprobada mediante el Decreto N.º 28.169 del Poder Ejecutivo Nacional el 17 de octubre de 1944 durante la presidencia de facto del general Edelmiro Farrell. Por primera vez en la historia del país, este decreto reguló el trabajo rural bajo los principios del Derecho Laboral y estableció condiciones de trabajo humanitarias para los asalariados rurales no transitorios en todo el territorio nacional.
Entre sus principales avances en materia de protección salarial, el estatuto marcó un hito al fijar salarios mínimos, declarar la ilegalidad de cualquier deducción o retención arbitraria y exigir de manera estricta el pago de los haberes en moneda nacional. Asimismo, en lo respectivo a la estabilidad y los descansos de los trabajadores, la medida garantizó la estabilidad en el empleo, instituyó el descanso dominical obligatorio y reconoció el derecho a las vacaciones pagas. Para asegurar una mejora integral en la calidad de vida y salud del peón, la regulación estableció la obligatoriedad de brindar un alojamiento en mínimas condiciones de higiene, asegurar una buena alimentación, proveer la ropa de trabajo adecuada y garantizar asistencia médico-farmacéutica continua.
A lo largo de los años, este marco regulatorio atravesó un complejo recorrido institucional. Fue ratificado por la ley ómnibus 12.921 y reglamentado mediante el Decreto 34.147 en el año 1949. Posteriormente, fue derogado por un gobierno militar, restituido en 1974 y vuelto a derogar durante el Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983). Finalmente, la normativa fue reinstaurada y actualizada en el año 2004, consolidándose años más tarde con la sanción del nuevo estatuto rural a través de la Ley 26.727 en 2011.
Más allá de las transformaciones normativas y legislativas, la figura del trabajador rural permanece como un símbolo de la identidad, las costumbres y el arraigo en el medio rural. Su compromiso cotidiano con la producción agropecuaria no solo impulsa la economía del país, sino que mantiene viva la memoria y los valores del hombre de campo.