Giro estratégico
La app que antes se enfrentó a los taxistas ahora se alía con ellos para frenar la expansión de los autos autónomos
Durante años, una aplicación de transporte fue uno de los grandes enemigos de taxistas y choferes. Hubo marchas, huelgas y calles bloqueadas en varias capitales de todo el mundo mientras los conductores denunciaban que la nueva plataforma amenazaba su trabajo y competía sin las mismas reglas.
Más de una década después, el escenario dio una vuelta inesperada. Aquella empresa tecnológica que llegó para alterar el negocio tradicional del transporte encontró ahora en organizaciones de conductores un aliado circunstancial frente a una amenaza distinta: el avance de los autos autónomos.
Según reveló el Financial Times, Uber y sindicatos de conductores comenzaron a presionar juntos a reguladores y autoridades locales para desacelerar el despliegue de servicios como Waymo y reclamar redes híbridas en las que convivan vehículos sin chofer y trabajadores humanos.
La amenaza que los puso del mismo lado
La coincidencia no implica una reconciliación. Los sindicatos buscan preservar empleos e ingresos; Uber quiere evitar que compañías como Waymo construyan redes propias capaces de dejarla fuera del centro del negocio.
Andrew Macdonald, presidente de Uber, reconoció que la nueva postura puede "parecer irónica".
"Cuando Uber empezó, nos concentramos intensamente en crecer. Creíamos, correctamente, que estábamos construyendo algo valioso, pero no prestamos suficiente atención a las consecuencias sociales", admitió.
Del otro lado, la cautela sigue intacta. Manny Pastreich, presidente del sindicato neoyorquino 32BJ, reconoció al diario británico: "En algunos lugares terminamos del mismo lado que Uber".
Pero dejó claro que se trata de una alianza limitada. Si la empresa se opone a ciertos despliegues por razones estratégicas, el sindicato aprovechará esa coincidencia, aunque no piensa depender de ella.

Uber también intenta sobrevivir a la transición
La posición de la empresa no supone un rechazo a la conducción autónoma. Uber lleva años detrás de esa tecnología, pero abandonó su propio proyecto en 2020 y desde entonces se volcó a un modelo de alianzas con terceros.
Su problema es que Waymo está más adelantada en el despliegue directo de vehículos autónomos y ya opera servicios propios en distintas ciudades.
Un exdirectivo de Uber resumió el dilema al FT: "Para que los vehículos autónomos escalen, los conductores tienen que perder. El objetivo de Uber es sobrevivir a la transición".
La frase expone el interés empresarial detrás de la nueva sensibilidad laboral. Si las regulaciones obligan a mantener un equilibrio entre autos autónomos y choferes humanos, Uber conserva un rol como plataforma intermediaria. Si, en cambio, empresas como Waymo pueden operar flotas propias y vender viajes desde sus aplicaciones, la propia Uber corre el riesgo de quedar desplazada.
Waymo ya genera presión
Uber sostiene que los robotaxis todavía no afectaron de manera significativa su participación de mercado y, de hecho, representan menos del 0,5% de sus viajes totales.
Sin embargo, la empresa reconoció en un documento de política pública que los ingresos de los conductores cayeron en Los Ángeles y San Francisco, donde enfrentan competencia de Waymo.
Ese avance también generó presión entre los inversores para que la compañía defina mejor su estrategia frente a la conducción autónoma.
La situación se vuelve más delicada porque Uber ya no controla directamente el desarrollo tecnológico. Hoy depende de acuerdos con múltiples empresas del sector y destinó más de USD 10.000 millones a comprar vehículos e invertir en compañías vinculadas con autos autónomos.

El 85% de los viajes, todavía con humanos
La estrategia regulatoria ya dejó propuestas concretas.
En Nueva Jersey, lobistas de Uber plantearon que cualquier plataforma que ofrezca servicios de robotaxi deba mantener al menos el 85% de sus viajes con conductores humanos durante un programa piloto de tres años.
La compañía también se sumó a sindicatos para oponerse a un proyecto sobre vehículos autónomos en Washington DC y defendió reglas que eviten que los despliegues avancen más rápido que la capacidad de adaptación de los trabajadores y las ciudades.
Harry Hartfield, director de política de IA y vehículos autónomos de Uber, sostuvo que encontrar compromisos sobre seguridad, congestión e impacto laboral es "probablemente el único camino viable" para construir reglas duraderas que permitan futuros despliegues.
Waymo rechaza esa lógica. La empresa cuestionó las redes híbridas y las definió como una "solución en busca de un problema", aunque también tuvo que negociar con organizaciones de conductores en algunos mercados, por ejemplo para acceder a zonas de aeropuertos.
Antiguos adversarios, intereses distintos
La desconfianza entre Uber y los sindicatos sigue siendo profunda después de años de disputas por salarios, beneficios, regulación y la clasificación laboral de los conductores.
Pero el avance de los autos autónomos alteró el mapa.
Uber, que durante años representó el modelo de Silicon Valley dispuesto a romper reglas y desplazar actores tradicionales, ahora enfrenta una tecnología capaz de hacer algo parecido con su propio negocio.
La paradoja quedó condensada en la definición del Financial Times: el disruptor empieza a convertirse en el disruptido.
Y eso explica por qué antiguos adversarios hoy pueden marchar, al menos por un tramo, en la misma dirección: no porque hayan resuelto sus diferencias, sino porque, frente a Waymo, ambos tienen algo que perder.
Con información de BAE Negocios - Grupo Crónica.