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Dólares prestados, ingresos en pesos y el fantasma de los 80: los riesgos de la nueva flexibilización cambiaria

¿Créditos en dólares para empresas que facturan en pesos? La reciente normativa del Banco Central despierta temores por el descalce cambiario y las cicatrices financieras del país en su historia reciente. Analizamos por qué los expertos advierten sobre un inminente "riesgo sistémico" y el impacto potencial en el escenario económico actual.
martes 18 de agosto de 2026

La reciente decisión del Ministerio de Economía y el Banco Central (BCRA) de flexibilizar el otorgamiento de créditos en dólares a empresas que facturan exclusivamente en pesos ha encendido algunas alarmas entre estudiosos del ámbito económico. La medida, que quiebra un consenso macroprudencial sostenido durante más de dos décadas, evoca los fantasmas más destructivos de la historia financiera argentina: la especulación, la “bicicleta financiera”, el "descalce" de monedas y la sombra de la estatización de la deuda privada de principios de los años 80.

A través de la modificación del artículo 23 del Decreto 905/02, el equipo económico liderado por Luis Caputo y Santiago Bausili autorizó a las entidades bancarias a destinar hasta el 15% de sus depósitos en dólares para financiar a empresas que no generan divisas. Aunque desde el Gobierno se argumenta que la iniciativa busca "bajar las tasas" y "reactivar la economía", los indicadores de la economía real y las críticas de especialistas de distintos frentes sugieren un objetivo más ligado a la ingeniería financiera que a la reactivación productiva.

Caputo confirmó que el economista Joaquín Cottani se suma a su equipo,  mientras Santiago Bausili se acerca al Banco Central - LA NACION

¿Créditos para máquinas apagadas?

El contexto industrial actual plantea un interrogante central sobre la demanda genuina de este crédito. Según los últimos datos del Indec, cuatro de cada diez máquinas del sector fabril se encuentran paralizadas. Ramas clave operan muy por debajo de su capacidad: la industria automotriz al 45%, la metalmecánica al 41%, y el rubro de alimentos y bebidas al 64%. ¿Para qué se endeudaría en dólares una industria que hoy no tiene a quién venderle?

Para el economista Roberto Cachanosky, la respuesta no reside en la inversión productiva de las empresas. Su análisis apunta a que la medida induce a los privados a tomar dólares prestados para liquidarlos en el Mercado Único y Libre de Cambios (MULC), ayudando así al Gobierno a "mantener el atraso cambiario usando los ahorros de la gente".

“en lo que no estoy de acuerdo es en que el tomador del préstamo esté obligado a vender los dólares en el MULC... suena a que el gobierno induce a empresas privadas a tomar préstamos en dólares para que los vendan en el MULC y mantener el atraso cambiario usando los ahorros de la gente"

- El economista liberal Roberto Cachanosky, en un post de X, se expresó sobre la medida. 

Es exactamente en esta dinámica donde la historia reciente proyecta una advertencia severa, retrotrayendo el escenario a los mecanismos que detonaron la enorme crisis de deuda privada entre fines de los 70 y principios de los 80.

El "descalce" y la lección de la plata dulce

El peligro inminente en este tipo de ingeniería es el "descalce" de monedas. Al igual que durante la vigencia de la "Tablita" cambiaria en la última dictadura cívico-militar, las empresas se ven tentadas a tomar deuda en dólares (que coyunturalmente parecen baratos) mientras sus ingresos siguen siendo estrictamente en pesos.

El esquema estalla en el momento en que "el tipo de cambio se acomode del atraso", como advierte Cachanosky. Ante una corrección cambiaria, los pesos que la empresa recauda en el mercado interno se pulverizan, volviéndose insuficientes para adquirir los dólares necesarios para cancelar sus obligaciones crediticias con los bancos.

En la década del 80, este descalce alimentó lo que popularmente se conoce como "bicicleta financiera". Muchas firmas no invirtieron las divisas en mejorar su matriz productiva, sino que apostaron a la especulación. Cuando la burbuja estalló, los capitales terminaron volcados enteramente al exterior y las empresas locales quedaron vaciadas y con deudas millonarias e impagables.

Riesgo sistémico: ¿quién paga los platos rotos?

La flexibilización actual "crea un riesgo sistémico", alerta el economista y profesor de la Universidad Torcuato di Tella, Andrés Neumeyer. Si las corporaciones quiebran por el peso de una eventual devaluación y no pueden devolver el crédito, el sistema financiero cruje. Neumeyer es claro sobre las consecuencias: cuando ocurre una depreciación real importante, los depositantes que confiaron sus ahorros "o son rescatados por el contribuyente o son pesificados".

"Nos deslizamos por la pendiente resbaladiza de relajamiento macro-prudencial. Una política que perduró más de dos décadas. El populismo crediticio es una de las razones por las cuales es saludable un banco central independiente". 

-Andrés Neumeyer a través de un post en X

Esta advertencia es un eco directo de lo ocurrido en 1982. En aquel entonces, frente a la inminencia de quiebras masivas de empresas ahogadas por sus deudas en dólares, el Estado —a través del Banco Central presidido por Domingo Cavallo— implementó los seguros de cambio y terminó estatizando la deuda privada. Los dólares fugados o impagos por los privados fueron absorbidos como deuda pública, recayendo sobre las espaldas de los contribuyentes durante las siguientes décadas.

Hoy, el ex titular del BCRA, Guido Sandleris, reconoce que, si bien el monto autorizado a prestar es acotado, "el precedente que se establece, no". Se trata, en palabras de los analistas, de deslizarse por una "pendiente resbaladiza" que erosiona una coraza regulatoria construida sobre los traumas del pasado, dejando al país nuevamente expuesto al filo del abismo financiero.

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