Informe especial de Diario Crónica
La otra cara del Mundial: alertan por el avance de la ludopatía entre adolescentes
Con el Mundial 2026 en pleno desarrollo, especialistas en salud mental advierten sobre un fenómeno que también gana protagonismo: el crecimiento de las apuestas online entre adolescentes y jóvenes. El evento deportivo más importante del planeta, sumado a la facilidad para apostar desde el celular y a la fuerte presencia de publicidad de plataformas de juego, integra un escenario que inquieta por el riesgo de desarrollar conductas adictivas.
El contexto preocupa a especialistas porque el fútbol es el deporte que concentra la mayor cantidad de apuestas en el país y porque la combinación entre el evento deportivo, la crisis económica y la facilidad para acceder a plataformas desde un teléfono celular conforma un escenario que el psiquiatra Federico Pavlovsky describe como una "tormenta perfecta".
Según el magíster, el perfil del apostador cambió drásticamente en los últimos años. Si antes predominaban los adultos que concurrían a casinos o agencias de juego, hoy las apuestas se realizan desde cualquier dispositivo móvil y llegan incluso a menores de edad.

Un cerebro más vulnerable
La licenciada en Psicología Lucía Rodríguez explicó al equipo de Crónica que el problema tiene una base neurobiológica:
"Cuando una persona consume una sustancia o realiza una conducta como apostar, se activa el sistema de recompensa del cerebro. Este sistema libera dopamina, un neurotransmisor que genera una sensación placentera y hace que el cerebro 'aprenda' que esa experiencia vale la pena repetirla".
Según la profesional, hoy "es muy común tener un casino en el celular". La facilidad para acceder a las plataformas, sumada a la publicidad permanente y a la promoción que realizan influencers y figuras públicas, hace que esta práctica se naturalice cada vez más temprano.
"Durante eventos masivos como el Mundial este mecanismo se potencia. Muchas personas empiezan a apostar con la idea de obtener dinero fácil. Incluso escuchamos frases como: 'Francia juega contra un equipo mucho más débil, esa apuesta es segura'. Esa sensación de creer que el resultado es predecible lleva a pensar que el riesgo es bajo", señaló.

Rodríguez explicó que las plataformas incentivan apuestas cada vez más específicas —como quién marcará un gol, cuántos córners habrá o el resultado exacto— porque prometen ganancias mayores. Sin embargo, allí aparece uno de los mecanismos más peligrosos.
"Una persona apuesta $50 000 y, si gana, obtiene una fuerte sensación de recompensa que aumenta las ganas de volver a apostar. Pero cuando pierde suele aparecer el pensamiento de 'apuesto una vez más y recupero lo perdido'. Ahí comienza un círculo difícil de romper", advirtió a nuestro equipo.
Un fenómeno que crece entre los jóvenes
Según un estudio de Kids Online Argentina, una encuesta reveló que uno de cada cuatro adolescentes de entre 12 y 17 años apostó al menos una vez. Además, el grupo de 25 a 34 años presenta los mayores niveles de juego problemático, lo que refleja cómo la conducta puede cronificarse si no se detecta a tiempo.
En las escuelas también comenzaron a observarse nuevas formas de organización para sortear las restricciones legales. Algunos estudiantes utilizan cuentas de mayores de edad, comparten contraseñas o recurren a intermediarios que administran apuestas a través de grupos de WhatsApp.
A esto se suma un cambio en la manera de vivir el deporte. Para muchos jóvenes, un partido deja de ser un espectáculo para convertirse en una oportunidad de ganar dinero. Así, una tarjeta amarilla, un córner o un gol pasan a tener un valor económico antes que deportivo.

Cuando deja de ser un juego
Rodríguez explicó que, con el tiempo, el cerebro se acostumbra a esos niveles elevados de dopamina. "Necesita apostar con mayor frecuencia o por sumas más altas para experimentar la misma emoción. En ese momento, la conducta deja de ser un entretenimiento y comienza a convertirse en una adicción. La persona ya no apuesta únicamente por placer, sino por la necesidad de seguir jugando, incluso siendo consciente de las consecuencias económicas, familiares y emocionales".
Los especialistas coinciden en que la ludopatía suele desarrollarse de manera silenciosa, sin señales físicas evidentes, por lo que resulta fundamental prestar atención a determinados cambios de comportamiento.
Entre las principales señales de alerta aparecen:
- uso excesivo del celular para seguir partidos o revisar aplicaciones de apuestas;
- cambios bruscos de humor, irritabilidad o ansiedad;
- pedidos frecuentes de dinero sin explicación;
- aislamiento social;
- abandono de actividades deportivas o recreativas;
- descenso del rendimiento escolar.
La psicóloga aclaró que una conducta aislada no implica necesariamente una adicción, pero cuando varias de estas señales aparecen de forma simultánea y se mantienen en el tiempo es recomendable buscar orientación profesional.
El rol de las familias
Frente a este escenario, Rodríguez considera que la respuesta no debe centrarse únicamente en la prohibición. "Es importante no responder desde el enojo. Si bien hay que poner límites, también es fundamental abrir un espacio de escucha donde el adolescente no se sienta juzgado. La pregunta no debería ser solamente '¿por qué estás apostando?', sino también '¿qué está pasando para que las apuestas estén ocupando ese lugar?'".
En ese sentido, recomendó conversar sobre los riesgos del juego online, establecer acuerdos sobre el uso del celular, las aplicaciones y el dinero disponible, además de acompañar a los jóvenes sin minimizar el problema. Si la conducta persiste o aumenta, la especialista remarcó que es fundamental buscar ayuda profesional de manera temprana.

En un contexto donde apostar está a solo un clic de distancia y la publicidad acompaña cada partido del Mundial, los especialistas insisten en que la información y la detección temprana son las principales herramientas para prevenir la ludopatía. El desafío es que la mayor fiesta del fútbol siga siendo un espacio de encuentro y disfrute, y no la puerta de entrada a una problemática que crece entre adolescentes y jóvenes.