La historia detrás de las limpiezas masivas de playas en Comodoro
Hay momentos que cambian el rumbo de una vida. Para Andrés Olivares ese instante llegó en enero de 2012, al salir del agua tras el primer bautismo de buceo en apnea de su hijo Julián, que entonces tenía seis años. "Nos empezamos a enredar en la basura. Ahí me hizo el clic en la cabeza", recuerda Andrés. Hasta ese día, se define a sí mismo como un "petroca" que se quejaba frente al televisor esperando que el municipio o la empresa de limpieza resolvieran el problema. Pero la mirada de su hijo lo cambió todo: "Le di la palabra de que algo iba a hacer".
Lo que planificó originalmente como una modesta charla con un PowerPoint precario para los compañeritos de primer grado de la escuela pública de su hijo se desbordó por completo. La primera convocatoria sumó a vecinos, escuelas, jardines, agrupaciones de scouts y buzos tácticos, con los bomberos tocando la sirena para dar inicio. Ese fue el germen de "Cuidemos Nuestro Tipo de Mar, Salvemos Nuestro Planeta".

Un modelo que rompió fronteras
Ante la magnitud de la respuesta, Andrés entendió que la iniciativa debía instalarse en el calendario local. Fijó la gran limpieza anual para el segundo sábado de noviembre a las 15 horas por una razón estratégica: "Los pibes todavía no terminan las clases y los grandes acompañan". El objetivo pedagógico es claro: que los adultos tomen conciencia mientras juntan los residuos y que los chicos aprendan desde el ejemplo que "levantar la basura no nos hace menos personas, nos hace más seres humanos".
Con los años, el boca en boca y el impulso de las redes sociales nacionalizaron la movida. Desde hace una década, el mismo día y a la misma hora, agrupaciones de ciudades tan diversas como Ushuaia, Río Gallegos, Puerto Madryn, Rawson, Trelew, Neuquén, Mendoza, Buenos Aires y Salta se replican en simultáneo. "Antes de la pandemia lo hacíamos en otros lugares del mundo, pero después decidí limitarlo a Argentina", explica Andrés con una sonrisa. "¿Quién organiza esto? El loquito ese de allá, que está en la Patagonia".
El crecimiento comunitario llevó a que en 2014 fundaran la ONG Comunidad Sustentable, la primera organización ambientalista de la región, nacida en su propia casa con vecinos comunes y corrientes, en su mayoría docentes. En 2016, la iniciativa se expandió con la creación de la Delegación de Kilómetro 8, donde las familias del sector "adoptaron" la playa de La Compresora, logrando retirar toneladas de chatarra, carrocerías y residuos voluminosos mediante el esfuerzo colectivo y el alquiler de maquinaria.
La maratón por los océanos
Fiel a su agenda, Andrés acaba de coordinar una intensa semana de actividades en el marco del Día Mundial de los Océanos (establecido el 8 de junio por la Fundación World Ocean Day, a la que se sumaron hace tres años). La grilla incluyó charlas de diez minutos en el Colegio 799 de Ciudadela, el Jardín ENI 403 (el histórico "Trencito"), un programa especial de streaming junto a biólogos de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, y encuentros en la vecinal del barrio René Favaloro y el Colegio Domingo Sabio ante casi 600 alumnos.
El cierre de la semana se concretó el pasado sábado con una limpieza comunitaria en la playa de Kilómetro 5, un sector fuertemente impactado tras las últimas dos grandes marejadas. La convocatoria reunió a jóvenes de Interact (Rotary), el grupo PEI Reciclado, enfermeros de Brisa Salud, docentes y voluntarios independientes que sanearon la costa.

Burocracia versus vocación
Pese al éxito institucional de los eventos, el camino del activismo independiente suele encontrarse con trabas burocráticas. Andrés confiesa que el acceso formal a los establecimientos educativos a través del Ministerio de Educación de la provincia suele ser complejo y lleno de "mil vueltas".
Sin embargo, el motor no se detiene gracias a la complicidad de las bases: "Las maestras y profesoras me llaman directamente a mi celular. Yo me escapo de mi laburo y voy, porque creo que lo más importante es que el mensaje ingrese a las familias a través de los chicos. El cambio está en ellos; los grandes entendemos cuando un nene te dice 'papá, no tires la botellita por la ventanita del auto'".
El cronograma anual de Comunidad Sustentable mantiene tres fechas fijas de limpieza: a fines de marzo (al concluir la temporada de guardavidas), en junio (por el Día de los Océanos) y la gran cruzada nacional de noviembre.
Sin buscar culpables: pasar del "Greenpeace de red social" a la acción
Una de las premisas fundamentales del proyecto es que las jornadas no se organizan para señalar con el dedo. "Acá no buscamos culpables, el único mensaje es involucrarse", enfatiza Andrés, haciendo una autocrítica sobre su pasado: "Cuando yo era 'petroca' me sentaba a quejarme diciendo que yo pagaba mis impuestos y lo tenía que hacer el municipio o la empresa Clear. Después tomé conciencia: ¿y yo qué estoy haciendo? Todos disfrutamos del mar después".
Ese involucramiento interpela tanto a los ciudadanos como a las instituciones. El activista señala con preocupación cómo se ha naturalizado el desapego en los festejos de egresados: "Antes el último año de secundaria iba a la costanera y dejaba la plaza remugrienta con espuma y huevos. Ahora lo hacen también los de primaria y hasta los de jardín de infantes. ¿Qué mensaje les damos? ¿Que vayan, ensucien y total después llamamos al municipio? Hay que rever eso como escuelas y como papás". Como contraejemplo, recuerda el egreso de su propio hijo, festejado dentro del patio escolar y donde un grupo de padres se quedó a limpiar antes de que los chicos fueran a disfrutar del agua sin dejar un solo residuo en la costa.
Para Olivares, el compromiso real va mucho más allá de la virtualidad: "No sirve de nada ser un 'greenpisero' de redes sociales, ponerle 'me gusta' al nórdico que inventó un robot para limpiar un río o carita triste porque se quema el Amazonas, si acá tenemos la mugre en nuestra propia playa. Tampoco alcanza con solo separar los residuos en casa; nos queda corto, hay que pasar a la acción". Frente a los chicos, el mensaje es gráfico: "Yo les digo que nunca vi a un guanaco, un pingüino o un lobo marino tirando basura. El único animal que lo hace es el ser humano, por eso nos tenemos que hacer cargo".
Esa transversalidad se vivió con fuerza en la última limpieza anual de la Playa 99 —el lugar donde Andrés nadaba de chico junto a su padre Ypefiano—. "Llegaron camionetas de una empresa petrolera, se bajó el gerente con su personal, se puso los guantes y agarró la pala. Al rato, cayó un referente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días con sus fieles, a quien no reconocí porque siempre lo veía de traje. Estaban todos ahí, codo a codo, la empresa y la iglesia limpiando juntos. Tengas jineta o sotana, tengas un puesto jerárquico o la religión que tengas, en la playa ninguno trae camisa ni casquito. Tenemos un solo planeta y lo cuidamos entre todos".

Solidaridad en el territorio
El compromiso de la organización excede lo strictly ambiental. Desde las crisis sociopolíticas de 2017, Andrés y su hijo Julián —hoy ya un joven criado al calor de esta militancia— sostienen cruzadas de asistencia social para recolectar ropa de abrigo y juguetes, articulando esfuerzos con Fundación Sí.
A diferencia de otros esquemas asistenciales, la entrega la realizan de forma directa y personal, visitando las realidades más complejas de la periferia comodorense, desde el sector de Extensión del Máximo hasta los kilómetros 14, 17 y 18. "Vamos nosotros mismos en nuestros vehículos a las casas donde vemos la necesidad. No lo dejamos en vecinales ni en iglesias", aclara de forma tajante.
Con la mirada puesta en el mes de agosto, el equipo ya planifica la campaña para el Día del Niño. El destino elegido para la próxima entrega de juguetes y donaciones será el merendero La Granja, en el Kilómetro 18, un reflejo de una realidad social que golpea duro en la región. "Está complicado en serio, no solo por la cantidad de merenderos que hay, sino por la cantidad de gente que va", concluye Bolívares.
Quienes deseen sumarse a las próximas convocatorias o coordinar acciones conjuntas pueden contactarse a través del Instagram oficial @cuidemosnuestrotipodemar, donde se actualizan de manera constante todas las actividades. Eso sí, Andrés deja una aclaración clara sobre el espíritu comunitario: "Estamos a disposición para colaborar y activarnos juntos, pero no para que nos llamen a decir 'en tal lado hay mugre, vayan a limpiar'. La intención es generar conciencia de que cada uno, desde el lugar que ocupe en la sociedad, tiene que aportar su propio granito de arena".