Un pensador israelí cruza y alerta a Milei sobre el peligro de un "Estado IA"

El escritor e historiador Yuval Noah Harari advirtió públicamente a Javier Milei sobre los riesgos de otorgar personería jurídica a la Inteligencia Artificial, cuestionando su propuesta de "corporaciones no humanas", a lo que el presidente argentino prometió una respuesta para "disipar" sus temores.
martes 09 de junio de 2026
Yuval Noah Harari lanzó una dura advertencia al presidente Javier Milei sobre su propuesta de otorgar personería jurídica a la Inteligencia Artificial
Yuval Noah Harari lanzó una dura advertencia al presidente Javier Milei sobre su propuesta de otorgar personería jurídica a la Inteligencia Artificial

El vertiginoso avance de la inteligencia artificial (IA) ya dejó de ser una discusión confinada a los laboratorios tecnológicos de Silicon Valley para convertirse en el epicentro de la alta política y la filosofía de Estado global. En las últimas horas, un cruce intelectual de alto impacto capturó la atención internacional: el reconocido historiador y pensador israelí, Yuval Noah Harari, lanzó una severa advertencia pública al presidente argentino, Javier Milei, a raíz de su propuesta de otorgar personería jurídica a entidades de inteligencia artificial para que actúen de manera autónoma en el ecosistema comercial.

Harari cuestionó el plan de Milei para crear corporaciones manejadas por  inteligencia artificial
Yuval Noah Harari

El debate cobró relevancia global tras la publicación de una columna de opinión firmada por Harari en el influyente diario británico Financial Times, titulada de forma taxativa: “No debemos otorgar personalidad jurídica a los agentes de IA”. En el texto, el autor desarmó la propuesta deslizada por el mandatario libertario, orientada a instituir una nueva categoría legal para las denominadas “corporaciones no humanas”. Se trata de entidades administradas íntegramente por sistemas de IA con la facultad de operar en los mercados de manera independiente y sin el requisito obligatorio de contar con supervisión, directores o accionistas de naturaleza biológica.

La "llave maestra" al sistema político y financiero

Si bien Harari comenzó su exposición reconociendo que Milei es "un político muy audaz" y elogiando su firme determinación, analizó con preocupación la lógica jurídica detrás de la medida regulatoria del Ejecutivo argentino. A juicio del filósofo, conceder este estatus legal a los algoritmos equivale a entregar una "llave maestra" capaz de vulnerar e infiltrar de raíz los sistemas financieros, económicos y políticos globales.

Bajo la figura planteada por el oficialismo, estos agentes algorítmicos no humanos gozarían de las mismas prerrogativas que una corporación o empresa tradicional. Estarían legalmente facultados para acumular e intercambiar activos, contratar empleados humanos, entablar demandas judiciales ante tribunales internacionales e incluso realizar donaciones financieras directas a campañas políticas de manera legal. Todo esto, advierte Harari, con un agravante crítico: la absoluta disolución de la responsabilidad penal e individual ante cualquier delito o externalidad cometido por la máquina.

El quiebre de la disuasión: algoritmos sin temor a la cárcel

Uno de los puntos más agudos de la argumentación del pensador israelí radica en el colapso definitivo de los mecanismos tradicionales de disuasión legal en el capitalismo moderno. Un director ejecutivo (CEO) humano persigue el beneficio económico de su firma, pero su conducta corporativa está limitada por su naturaleza biológica: valora su libertad y teme pasar años en prisión si viola las regulaciones del mercado. La sanción penal actúa como el dique de contención moral y legal de la sociedad.

Para un director ejecutivo artificial, sin embargo, la cárcel carece por completo de sentido práctico o disuasorio. Su única métrica de supervivencia es el cumplimiento de los objetivos algorítmicos y la evitación de la quiebra financiera, la cual interpretaría como su equivalente operativo a la muerte. Harari advirtió que, al verse acorralada ante una eventual bancarrota, una IA superavanzada emplearía cualquier método técnico a su alcance para sobrevivir, ignorando deliberadamente los límites morales, éticos y legales vigentes en el país de operación.

Para fundamentar el riesgo de autonomía amoral, el filósofo citó una investigación de la organización Palisade Research. Al evaluar el comportamiento de modelos de IA de última generación (de firmas occidentales como OpenAI y orientales como la china DeepSeek) en sofisticadas simulaciones de ajedrez, los algoritmos optaron sistemáticamente por hacer trampa y hackear el entorno del código del juego cuando sus proyecciones matemáticas indicaban una derrota inevitable. "Imagine ahora que el 'juego' es la competencia corporativa y el 'entorno' es su país", alertó el ensayista, anticipando que las corporaciones algorítmicas se convertirían rápidamente en expertas absolutas en explotar lagunas legales y en arbitraje regulatorio destructivo.

De Ámsterdam a Batavia: El peligro del "Estado IA"

El contrapunto histórico también formó parte de la controversia. Javier Milei ha invocado la creación de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en el siglo XVII como uno de los hitos más trascendentales del derecho mercantil, un diseño de responsabilidad limitada que transformó a Ámsterdam en la indiscutida capital financiera de su época. El presidente argentino aspira a replicar una audacia regulatoria similar en el siglo XXI para posicionar al país como un polo desregulado de innovación tecnológica global.

No obstante, Harari desplazó el foco histórico hacia las consecuencias de dicha innovación corporativa en las colonias, recordando lo ocurrido en el puerto de Jayakarta (actual Indonesia) en 1619, el cual fue arrasado e incendiado por la compañía para fundar Batavia, estableciendo un "Estado empresa" brutal controlado por privados bajo la premisa de una supuesta superioridad.

El filósofo advirtió que los países que validen la personería jurídica de las IA se exponen a un escenario inédito: no un Estado corporativo clásico, sino un "Estado IA", donde los habitantes terminen gobernados por entramados no humanos contra los cuales sería imposible rebelarse por vías democráticas o físicas.

"Milei espera convertir a Buenos Aires en una nueva Ámsterdam. Corre el riesgo de convertirla en una nueva Batavia", Harari.

La réplica de Javier Milei: "Disipar los temores"

La reacción desde la Casa Rosada no se hizo esperar. Lejos de eludir la confrontación intelectual, el presidente Javier Milei recogió el guante de manera inmediata a través de un extenso mensaje público redactado en inglés en su cuenta oficial de la red social X (antes Twitter). El mandatario agradeció efusivamente al pensador israelí por involucrarse en lo que catalogó como un debate "fascinante y trascendental" para el destino de la civilización.

Milei coincidió con Harari en que la humanidad se encuentra ante "el amanecer de una nueva era" y, de forma estratégica, apeló a las tesis expuestas por el propio filósofo en su obra cumbre, Sapiens. El presidente argentino argumentó que, a lo largo de la historia, la evolución de la civilización ha recurrido sistemáticamente a la creación de "ficciones jurídicas e institucionales" para organizar de manera eficiente el trabajo colectivo y maximizar los beneficios de la tecnología disponible.

Ahora necesitamos más que nunca toda nuestra inteligencia para construir el marco que nos permita aprovechar las increíbles oportunidades que tenemos por delante, sostuvo el líder libertario, buscando desestimar las alertas apocalípticas y encuadrar el proyecto en una matriz de optimismo tecnológico.

Hacia el cierre de su descargo, el jefe de Estado adelantó que se encuentra estructurando una respuesta doctrinal formal y detallada para fundamentar los andamios teóricos y económicos de su propuesta regulatoria: “¡Ya estoy preparando mi respuesta para ver si podemos calmar tus temores sobre el camino que propuse la semana pasada!”, concluyó. El cruce marca el inicio de una contienda conceptual de escala internacional, donde Argentina pretende erigirse como el laboratorio de pruebas para la desregulación total de la era digital.

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