A 44 AÑOS DEL DESEMBARCO

Gerardo Báez, héroe de Malvinas: “Después de la guerra sigo haciendo Patria”

Salió con el Regimiento de Infantería 25 desde Sarmiento hacia Comodoro y luego a las islas. El desembarco del 2 de abril, los recuerdos, los soldados y las anécdotas. Bombas, ruidos, hambre, frío y gloria. Qué pasó con la Virgen malvinera. Los reclamos y el sueño de volver “al territorio argentino”. Y cómo fueron los abrazos con papá y mamá. Orgullo de Chubut y de Argentina. Confesiones exclusivas a Diario Crónica de Comodoro. 
miércoles 01 de abril de 2026
Gerardo Báez con la Virgen malvinera. El reencuentro 44 años después.  “Me gustaría viajar a las islas. Es el último milagro que le pido a la Virgen”.
Gerardo Báez con la Virgen malvinera. El reencuentro 44 años después. “Me gustaría viajar a las islas. Es el último milagro que le pido a la Virgen”.

Por Hugo Ferrer

Gerardo Báez mantiene vivo cada recuerdo de hace 44 años. Malvinas es ayer, hoy y siempre. Y la Virgen malvinera pasó a ser más que un símbolo de fe y patriotismo.

Desde el sábado 28 de marzo, cuando fue trasladada desde Buenos Aires a Trelew, con Crónica como  testigo, la virgen y éste héroe de la guerra se han reencontrado “bajo un manto celeste y blanco que jamás hemos de olvidar".

La Virgen y la fe. Los fieles la veneran en su recorrida por la Patagonia.

Báez recuerda cómo fue venerada por las calles de Malvinas en 1982, luego de la guerra fue llevada al Reino Unido; en 2019 por la gestión del papa Francisco fue recuperada y traída a la Argentina; ahora recorre la Patagonia.

Los homenajes y recorridos por diversas localidades de la provincia de Chubut incluyen misas y caravanas. Sin dudas, es la adoración de un emblema que mantiene vigente la memoria de Malvinas.

Tiene 62 años, divorciado, el mayor de seis hermanos (Julio, Daniel, Nilda, Alicia y Mirta), dos hijas (Romina de 36 y Claudia de 35, empleadas policiales administrativas), cuatro nietas (Anush, Alin, Nova y Nua).

La llegada desde Sarmiento a Malvinas

“Del Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento a Comodoro fuimos en colectivo, en ese tiempo estaba la empresa Chubut y Don Otto. Nos llevaron al Regimiento 8, engañados, porque nos habían dicho que íbamos a ir a Río Turbio. Nos tuvieron hasta la una, dos de la mañana. Luego, al aeropuerto. En un C-130, un Hércules (“La chancha”),  partimos. Todos parados, amontonados, como perejil en maceta. No sabíamos hacia dónde íbamos, o sea, yo me imaginaba otra cosa. En el vuelo nos dijeron: “Soldados, se tienen que sentir orgullosos. Vamos con rumbo a Malvinas, vamos a recuperar las islas, y pónganse contentos que vamos a hacer historia en esta toma.”  Durante los primeros días estuvimos cavando pozos y armando posiciones. Después nos trasladaron a la zona del aeropuerto donde nos quedamos  hasta el final.”

Gerardo Báez en Malvinas, con los integrantes de del Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento, Chubut

De Giachino y las banderas inglesa y argentina

2 de abril. Enfrentamiento. Buzos tácticos. Tierra. Desplazamiento. Aquella mañana vio a un oficial tirado en el suelo. Después supo que era el capitán Pedro Giachino, el primer muerto argentino. Siguiendo órdenes, continuaron avanzando hacia el pueblo.

Al llegar cerca del mástil del casco de gobierno, observó que la bandera inglesa ya había sido arriada. Allí, el coronel Muhamed Alí Seineldín les entregó la bandera británica y posaron para una fotografía. Posteriormente, comenzaron a colocar banderas argentinas, en medio del inicio de la ocupación de las islas.

La procesión en Malvinas. Los soldados Palacio y Ortiz encabezaron la procesión. De cerca, los acompañó Seineldín. El cura dedicó la foto. Retrato histórico.

“Perdí el miedo”

El 1 de mayo empezó el bombardeo. “Nunca voy a olvidar ese día. Tuvimos muchos ataques aéreos. Del primero al 3 de mayo sentí mucho miedo, parece que me iba a morir el miedo.”

-¿Qué es sentir miedo?

-Sentir miedo es no saber qué es lo que te va a pasar, nunca viviste explosiones tan cerca, que te agarre la bomba expansiva. Vi cuándo  explotó un avión y el piloto se eyectó. Parecía una película. Y entró la bomba expansiva en mi posición: sentí un ardor en la cara y un golpe tremendo que me sacó del pozo de zorro. Me  temblaban “las carretillas” como una máquina de escribir. Sentía miedo por todo… No hay explicación al miedo que sentía. A partir de ahí hice un click:  ¿por qué tengo que tener miedo? A pesar de la poca experiencia, pensé:   “Si me van a matar igual, tenga miedo o no, igual voy a morir.” Y ese día mi cabecita giró: después era como que andaba de shopping. Había un bombardeo, no sentía ese miedo que tenía.  A mí me habían designado como jefe del grupo. Éramos seis. Ahí estuvimos hasta el 14 de junio, recibimos más de 200 toneladas de bombas, los aviones pasaban encima nuestro, sentíamos los impactos.

“Sepultados” de gloria y honor

En diálogo con Crónica recordó cuando estaba en pleno combate y una bomba cayó muy cerca de él y de otros dos soldados: Jorge Palacios, oriundo de Comodoro Rivadavia,  también del Regimiento de Infantería 25, de Sarmiento, Chubut. Junto a Raúl Ortiz fueron reconocidos por haber sobrevivido al tremendo ataque: quedaron “sepultados” bajo dos metros de tierra y piedras. En el pozo de zorro una manta les salvó la vida.  La Virgen estaba muy cerca de ellos. El 8 de mayo de 1982, se hizo una procesión con la imagen. Jorge Palacios y Raúl Ortiz la llevaron bajo un cielo plomizo y los pies helados. En un extremo, el Coronel Seineldín estaba atento. Una foto hizo eterno ese momento: el capellán de la guerra se la dedicó a Palacios. “La vírgen malvinera siempre fue nuestra protección.”  

Protegidos por la Virgen

El padre Vicente Terrón ofició una misa al aire libre para  30, 40 soldados cuando sonó la sirena de ataque aéreo. Quisieron correr hacia las posiciones, pero el padre les dijo que se quedaran.

-La misa continúa. Dios nos va a proteger.

Los aviones pasaron por encima. Cayeron bombas muy cerca. Escucharon silbar las esquirlas.  “Sentíamos el tac tac tac y eran las ametralladoras. El padre seguía rezando como si estuviera dentro de una iglesia. Esos dos segundos de misa con esos aviones encima fueron una eternidad y pasaban y el cura levantó la cabeza, nos mira, nos pregunta: “Soldados ¿hay algún herido?” Y todos nos miramos. “No, padre”, le respondimos. El cura nos dio un mensaje imborrable: “¿Qué dije yo? Dios nos iba a proteger y así fue, la misa continúa.”

“Comimos carne con gusanos”

 “A veces estábamos cuatro días, cinco días sin comer, porque los ataques aéreos no permitían llegar el camión y nos teníamos que rebuscar buscando comida por ahí, con otro muchacho de Trelew, que nos habíamos criado juntos. Salimos una tarde, nos escapamos y fuimos a robar carne y pan  en los galpones del otro lado de la pista, donde habían sido bombardeados. Estaba todo  destrozado todo y ahí había comida por todos lados, desparramada, o sea comida que no se llegó a distribuir. Estaban llenos los galpones de comida. Cuatro o cinco días sin comer, tomar agua de charco…Hacíamos al costado de la posición un pozo y cuando llovía, tomábamos el  agua de ahí.”

-¿Qué se siente al tomar agua de charco, qué sabor tiene, cómo es?

-Si te digo, te miento: no sentíamos sabor porque era tanto el hambre que sentíamos que comíamos carne gusanada y no sentíamos gusto. Hasta vaciamos la  pasta dentrífica, en ese tiempo usábamos Odol. A los potes de pasta lo comíamos, lo vaciamos y bueno era como si fuese alimento. También  encontrábamos caminando por ahí, una lata de paté de foie, que estaba llena de agua; comíamos eso, cáscara de naranja, cáscara de papa, lo que fuese.

Reclamo y dolor

Cobra la pensión provincial y la nacional.  Sin embargo, aún espera por el denominado “Anexo 40”, una pensión que les corresponde a los soldados desde la época del gobierno militar.

“Lamentablemente tuvimos que iniciar un juicio. Algunos lo cobraron y otros no. Los abogados que nombramos de todo el país viven en Buenos Aires. Nos tienen siempre con una mentira y no lo podemos cobrar. No tenemos esas posibilidades. Muchos se fueron y no lo cobraron”, le dijo a Crónica.

El veterano remarcó que, si bien el monto actualmente no sería elevado, representaría una ayuda importante: “Hoy en día poner esa pensión no es mucho, pero ayuda económicamente para los veteranos.”

El doble descuento de Seros

También planteó dificultades con la cobertura de salud: “La situación económica para todo el país está mal. Muchos de nosotros tenemos que pagar medicamentos caros.”

En ese sentido, denunció que en la provincia de Chubut les descuentan dos veces la obra social Seros. “Tenemos la misma obra social, nos descuentan dos veces y no tenemos la cobertura que debemos tener.”

El ex combatiente explicó que la doble deducción se debe a su condición de retirado de la policía y beneficiario de la pensión como veterano de guerra. Soy retirado de la policía. Estuve 30 años. En mi sueldo de jubilación o retiro me descuentan la obra social. En la pensión provincial por veterano de guerra también me descuentan, y es la misma obra social.”

 14 de junio, la fecha más triste

Desgarrador. Emoción y llanto. “Te quiero contar lo del 14 de junio. Me pasó a mí y a un compañero. Es muy duro. Me costó hablar de esto durante muchos años. En estos 44 años, tardé más de treinta para poder contarlo. Cada vez que lo hacía me emocionaba y lloraba. Hoy, después de tanto tiempo, lo puedo decir, pero la angustia sigue estando”.

Ese 14 de junio, cuando fueron enviados a Dos Hermanas, los sacaron de las posiciones en Puerto Argentino. Eran las tres y media de la madrugada. Los trasladaron para apoyar a otros compañeros que estaban en combate. En el camino nos empezaron a bombardear los camiones. Nos hicieron bajar y replegarnos a posiciones. Ahí estuvimos desde las tres y media hasta cerca de las siete de la mañana. Después nos ordenaron avanzar hacia la primera línea de combate. Empezamos a subir. Era una cacería. Porque en realidad la guerra es eso. Una cacería.

Permanecieron allí hasta alrededor de las 13 horas. Luego llegó la orden de repliegue hacia el pueblo.

“Cuando llegamos, los ingleses ya nos habían rodeado. Ahí nos dijeron que la guerra se había terminado. Nos hicieron formar, nos desarmaron, nos sacaron los cordones de las botas”.

 -¿Y cómo fue ese momento cuando te desarman, te sacan los cordones, te despojan? ¿Qué sentiste ahí?

-Angustia. No lloré pero me angustié mucho... por el tiempo que estuvimos. Yo estuve 81 días con la bandera argentina: sabíamos por qué habíamos tomado Malvinas. Y ver nuestra bandera flameando y después volver a ver la bandera inglesa me produjo mucha impotencia, bronca, por eso la angustia.  Luego nos llevaron caminando de nuevo al aeropuerto. Y nos dejaron ahí como en un campo de concentración y al aire libre. Estuvimos ahí el 14, el 15. El Sargento León nos dijo: “Soldado, mañana prepárense que nosotros nos vamos al continente.”

Los soldados argentinos con la bandera inglesa. Fue en la mañana del desembarco del 2 de abril.

Juntos, hasta que la muerte nos separe

Gerardo Báez recordó con Crónica un episodio que marcó su vida durante el final de la guerra. Su amigo, el soldado Osvaldo Aguilar, de Comodoro Rivadavia, fue apartado de la formación por el sargento León y obligado a quedarse, acusado de ser “la manzana podrida del cajón”. Al verlo solo, Báez salió de la formación y decidió quedarse con él, pese a la orden directa de regresar. Aun cuando el sargento le advirtió que estaba desobedeciendo y que tal vez no volvería, Báez mantuvo su decisión. “Los dos tomamos Malvinas, los dos vivimos y los dos nos vamos a ir vivos o muertos”, le dijo a su compañero. Mientras el buque Bahía Paraíso partía con otros soldados hacia Punta Quilla, en Santa Cruz, ambos quedaron a la intemperie junto a miles de combatientes. Luego se sumaron a otro grupo y se separaron. Años más tarde, Báez supo que Aguilar también había regresado al continente el 21 de junio, a bordo del buque Norland, llegando a Puerto Madryn.

 El abrazo que esperó 36 años

Con el soldado Osvaldo Aguilar de Comodoro se reencontró después de 36 años. “Nos dimos un abrazo, lloramos. Y el año pasado fue que recién lo pude llevar al Regimiento 25 porque no quería saber nada. Él no estaba muy bien. Cuando volvíamos, me dijo: “¿Sabés que estos años he pensado mucho y no tengo palabras de agradecimiento hacia vos? ¿Por qué? Porque vos te quedaste conmigo y no te importó nada. Todos se fueron y nosotros nos quedamos ahí. Valoro mucho lo que hiciste: no te importó nada, si te mataban o no.  Me acompañaste.”

“Me robaron la memoria”

“Las cartas que yo le había escrito a mi papá y a mi mamá me las robaron hace 20 años. Se llevaron la caja donde mi papá  tenía las cartas,  mi diario íntimo de varios días, de todo el movimiento que yo hacía en la isla, cada paso que hacía lo iba escribiendo.  Ese fue un dolor tremendo porque era un documento... “

Gerardo Báez y su papá Juan, después de la guerra, con el uniforme de soldado.

El encuentro con papá y mamá

El 21 de junio volvió en el buque Nordland a Puerto Madryn. Papá Juan lo buscaba por todos lados. Y al final lo encontró. “Me dio un abrazo fuerte.  Lo único que me dijo fue: ¡Gracias que te tengo en vida.’

Y llegó lo que más esperaba. “Después, nos dieron un permiso de cinco días en el Regimiento a los soldados de Sarmiento y de Comodoro. Y como en el Regimiento habían visto a mi papá y a mis hermanos que me habían ido a ver, me dieron ese permiso porque yo dije que estaban en Comodoro. Fui haciendo dedo con los otros dos soldados.   Caminamos 15 kilómetros con la nieve hasta las rodillas.  Paró un auto y  nos trajo a Comodoro. Y de ahí, ‘me escapé’ a Trelew. Quería ver a mi mamá Javiera Francisca Martínez. Era a la que necesitaba. Estuve un día nada más. Y entonces aparecí de sorpresa en mi casa...

Gerardo Báez con su familia. Su regreso y reencuentro, lo recordó en diálogo exclusivo con Crónica.

 -¿Cómo fue el encuentro con tu mamá?

 -Fue un abrazo muy duro. Sentí ese abrazo de mamá por solo el hecho de ver que sufría; o sea, sufrió mucho. Me agarró, me apretó, no me soltaba y gritaba, gritaba, gritaba. “¡Dios mío,  Dios mío, te tengo, hijo, te tengo!”  Llorábamos los dos. Fue como volver a nacer, sentir el calor, estar en el nido de los padres, ¿no?.  Empezaron a llegar los vecinos. Hubo gritos, abrazos, llantos. Mi papá se encargó de preparar una picadita con Cinzano y soda. Esa noche volví a dormir en mi casa, donde vivía con mis otros hermanos. Y al otro día me levanté y volví a Sarmiento. Como no teníamos dinero, mi tía me pagó el boleto del colectivo.   Mi papá no tenía para comprarme el pasaje de nuevo. Siempre fuimos gente muy humilde, muy pobre, pero siempre fuimos felices. Mi viejo fue un tipo que laburó toda su vida. Y cuidó mucho a mi vieja por la enfermedad que tenía: sufría epilepsia, como te digo. Y ella cada tanto se caía en el fuego, se quemaba. Hace mucho tiempo que fallecieron y mi papá fue como un hermano para nosotros.

Gerardo Báez,  a 44 años de la guerra, sabe que la Virgen malvinera le dio la oportunidad de volver a ver a papá Juan y a mamá Javiera.

Báez también fue futbolista. Jugaba de número 4 en Racing de Trelew.

 

El olvido, sin trabajo y la solidaridad

Tras la guerra, Gerardo Báez enfrentó dificultades para reinsertarse laboralmente. “Fue toda una odisea conseguir trabajo. Nos rechazaban”, recordó. A fines de 1982, por insistencia de su padre, decidió ingresar a la Policía, pese a su resistencia inicial por el uso del uniforme verde que le recordaba la guerra.

Finalmente se incorporó y permaneció 30 años en la fuerza. Actualmente, continúa vinculado de manera solidaria, sumando más de cuatro décadas de trabajo. Destacó que la Jefatura de Policía de Trelew le otorgó a los veteranos un espacio propio mediante un decreto inamovible.

Desde esa oficina, junto a otro excombatiente y policía retirado, realizan tareas solidarias en toda la provincia, llevando donaciones a escuelas, comedores y zonas afectadas por incendios o inundaciones. Además, hace tres años recibieron una camioneta para fortalecer la asistencia, con la que continúan colaborando activamente. Con orgullo, hace unos días posó con la Virgen y la Amarok.

Báez, la Virgen y la Amarok que le donaron a la Policía de Trelew. Con esa camioneta trasladó a la Virgen y entregó las donaciones.

“Todos fuimos héroes”

 “Tuvimos grandes señores en el Regimiento 25. Tuve como jefe de compañía al Teniente Roberto Estévez, otro héroe de Malvinas murió en combate el 28 de mayo de 1982.”

El sueño

“No volví a las islas. Me gustaría viajar a Malvinas. Es el último milagro que le pido a la virgen.”

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