Huellas que no se borran: El emotivo retiro de Mercedes Vilches en la Escuela de Frontera

Tras más de dos décadas de labor docente, Mercedes Vilches se jubiló rodeada del afecto de alumnos, padres y colegas. Hubo una batucada especial y un "puente de honor" para marcar el cierre de su carrera.
miércoles 01 de abril de 2026

Hay silencios que dicen más que mil palabras, pero en el SUM de la Escuela de Frontera, el silencio no tuvo lugar. Lo que hubo fue un estruendo de amor, un eco de aplausos y el sonido rítmico de una batucada que intentaba, sin éxito, tapar el sollozo colectivo. 

Mercedes Vilches, "La seño Mechi" para todos, cruzó por última vez el pasillo principal, no como la docente que llega a dar clase, sino como la mujer que deja un pedazo de su alma entre esas paredes.

El retiro de Mercedes no fue un trámite administrativo; fue un desborde emocional. El "puente" formado por los guardapolvos blancos de sus alumnos no solo marcó su salida física del edificio, sino que simbolizaba el paso de una vida dedicada por entero a la tiza y el pizarrón.

Una vida, mil historias

Desde aquel primer día en el año 2.000, Mercedes entendió que en una escuela de frontera el programa escolar es apenas el esqueleto de algo mucho más profundo. Para ella, la docencia no fue un empleo con horario de salida, sino una misión de vida.

“Ser docente fue acompañar, escuchar, contener. Fue siempre con la convicción de que la educación puede cambiar vidas”, le contó a Crónica emocionada mientras apretaba contra su pecho los dibujos y cartas que los chicos le entregaron como tesoros el último día.

El balance del corazón

En su despedida, la "Seño Mechi" no ocultó las cicatrices que deja la profesión. Habló de lo "ingrato": la escasez de recursos y esas realidades familiares que duelen, donde el maestro debe ser también psicólogo, trabajador social y refugio. Sin embargo, en la balanza de su memoria, el peso de lo bueno es imbatible.

Lo que Mercedes se lleva en su "maletín" del retiro son los vínculos humanos, y el ver crecer a generaciones enteras y conocer sus silencios.

El aprendizaje mutuo con la certeza de que ella aprendió tanto de los niños como ellos de ella, y los recuerdos imborrables que van desde las risas en el recreo hasta los logros alcanzados con esfuerzo.

El eco de la batucada

A la salida, el clima festivo de la batucada formada por integrantes de la hinchada de Ferrocarril del Estado de km5, contrastaba con los ojos enrojecidos de los padres y colegas, junto a los alumnos que salían llorando de la escuela al saber que ya no volverá a estar la “Seño Mechi” en los recreos. Nadie quería que se fuera, pero todos sabían que se había ganado el descanso.

Mercedes se retira con la frente en alto y el corazón lleno, sabiendo que, aunque ya no firme el registro de asistencia, su huella quedó grabada en el ADN de la Escuela de Frontera.

“Me llevo todo... la certeza de haber dado lo mejor. Todo queda en uno para siempre”, concluyó antes de perderse en el último abrazo masivo. La escuela hoy se siente un poco más vacía, pero el legado de la Seño Mechi caminará por esos pasillos cada vez que un exalumno sonría al recordarla.