Reclamo por horarios para el básquetbol adaptado
Desde la entidad señalaron que se trata de un turno “imposible” para niños y jóvenes con discapacidad, tanto por cuestiones de salud como de seguridad y organización familiar. “No es razonable, no es saludable, no es inclusivo”, remarcaron desde el club, que desde hace años trabaja en la promoción del básquet sobre silla de ruedas como herramienta de integración y desarrollo personal.
El planteo no se limita a una cuestión organizativa. La institución sostiene que el acceso a horarios adecuados forma parte de las condiciones mínimas para garantizar igualdad de oportunidades en el deporte. “Negar un horario acorde no es solo un problema administrativo: es cerrar una puerta a la inclusión”, expresaron.
El básquet adaptado cumple un rol que trasciende lo competitivo. Para quienes lo practican, representa un espacio de rehabilitación física, fortalecimiento emocional, construcción de autoestima y contención social. Cada entrenamiento implica el acompañamiento de familias que reorganizan rutinas y tiempos para que los chicos puedan participar en condiciones adecuadas.
Desde Unión Comodorense apelaron al diálogo con autoridades y organismos vinculados al deporte para encontrar una solución que permita entrenar en un horario accesible. El pedido se extiende también a la comunidad, con la intención de visibilizar una situación que, entienden, contradice los principios de inclusión que se promueven a nivel institucional.
“El deporte inclusivo no puede quedar para el último turno”, sostienen. La frase resume el espíritu de un reclamo que busca no solo resolver una franja horaria, sino reafirmar que la inclusión debe traducirse en decisiones concretas y no quedar únicamente en el plano discursivo.
El relato del club
Desde el Club de Básquet Adaptado en Silla de Ruedas Unión Comodorense queremos expresar públicamente una situación que nos duele y nos preocupa.
Los espacios públicos, como el gimnasio de la Escuela Provincial 731, pertenecen a toda la comunidad. No pueden ni deben ser utilizados con fines de lucro, y mucho menos convertirse en lugares donde, directa o indirectamente, se discrimine a personas con discapacidad.
Hoy nos encontramos con que el único horario ofrecido para entrenar es a partir de las 22:00 horas. Un horario imposible para niños y jóvenes con discapacidad. No es razonable. No es saludable. No es inclusivo. Nuestros chicos necesitan descansar, necesitan seguridad, necesitan rutinas acordes a su edad y a sus necesidades.
El básquet sobre silla de ruedas no es un capricho.
Es inclusión.
Es rehabilitación.
Es autoestima.
Es contención.
Es dignidad.
Cada entrenamiento es una oportunidad para que nuestros jugadores crezcan, se superen y se sientan parte. Negar un horario adecuado no es solo una cuestión organizativa: es cerrar una puerta a la igualdad de oportunidades.
Por eso también nos dirigimos a toda la comunidad, a autoridades, a instituciones y a quienes crean verdaderamente en la inclusión, para que puedan ayudarnos a encontrar un horario accesible y acorde. Necesitamos que la inclusión deportiva tenga espacio y lugar real, no solo en los discursos, sino en los hechos.
Apelamos a la empatía y a la sensibilidad de quien pueda ayudarnos a encontrar un lugar digno, donde realmente se pueda hablar de inclusión deportiva para personas con discapacidad.
Detrás de cada práctica hay familias que organizan su vida, hay chicos que esperan con ilusión ese momento, hay sueños que no pueden entrenar a las 22 horas.
El deporte inclusivo no puede quedar para el último turno.
La discapacidad no puede esperar.
Creemos en el diálogo, creemos en la comunidad y creemos que todavía estamos a tiempo de revertir esta situación.
Porque el deporte inclusivo tiene que estar.
Y tiene que estar en condiciones dignas.