Mujeres, tierra y bienestar: sembrando salud integral desde la naturaleza
Detrás de este jardín holístico están Sabrina Catacci y Arlin Aravena, dos mujeres unidas por un amor profundo al reino vegetal y un respeto sincero por la Pacha Mama. Ellas cuentan que lo que comenzó como un refugio íntimo fue creciendo hasta convertirse en un propósito de vida. Para ambas, trabajar la tierra es un camino doble: una práctica de bienestar integral —donde sembrar, cuidar y observar se vuelve un acto de sanación cotidiana— y, al mismo tiempo, una forma consciente y digna de sostener la vida en armonía con el entorno.
Con el paso del tiempo, Entre Hadas y Flores fue abriendo sus cercos para abrazar a la comunidad. “Hoy quienes llegan no buscan solo plantas —explica a Crónica Catacci—, buscan tiempo, escucha y la posibilidad de volver a sintonizar con los ritmos esenciales de la naturaleza”. Así, entre historias compartidas y flores abiertas, el vivero se transformó en un faro sensible que recuerda, en cada visita, que todas las personas formamos parte del mismo jardín.

En ese mismo espíritu, el próximo sábado 7 de febrero, de 17 a 19:30 horas, el vivero recibirá a la doctora Sara Itkin, quien propone una caminata y ronda de saberes entre los senderos del jardín. Sara es médica general, formada en la Universidad Nacional de Rosario, con una extensa trayectoria en el sistema de salud pública y un profundo recorrido en la medicina naturista y el uso de plantas medicinales. Su vínculo con el mundo vegetal nació en la infancia, entre juegos, recolección de frutos silvestres y saberes familiares en Entre Ríos, y se fue fortaleciendo a lo largo de su práctica médica en comunidades rurales, campesinas y mapuches de distintas regiones del país.

A lo largo de su camino, impulsó espacios comunitarios de revalorización de los saberes ancestrales, comprendiendo la salud como un proceso integral que enlaza cuerpo, identidad, memoria y territorio. Hoy se define con orgullo como “médica yuyera”, integrando la formación académica con el conocimiento popular transmitido de generación en generación.

Sobre el encuentro que compartirá en el vivero, en diálogo con Crónica, Sara lo describe como una invitación a la experiencia sensible: “Caminar por Entre Hadas y Flores para dejarnos abrazar por la belleza del jardín y sus aromas sanadores, y conocer las historias y los saberes de las plantas que habitan allí”. Y suma una reflexión que atraviesa el espíritu del encuentro y del propio vivero: “En estos tiempos complejos, es urgente esparcir semillas de respeto y amor por la Vida, que enraícen la empatía y el cuidado por toda la naturaleza”.
Así, Entre Hadas y Flores continúa despertando: como vivero, como proyecto de vida y como espacio donde la tierra, las personas y la memoria se reconocen, se nutren y florecen juntas.