Tras 26 años de negociación
La Unión Europea dio luz verde al acuerdo con el Mercosur
Después de más de dos décadas de idas y vueltas, la Unión Europea aprobó este viernes el histórico acuerdo de libre comercio con el Mercosur, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. El aval político destrabó un pacto que estuvo al borde del fracaso en reiteradas oportunidades y que ahora avanza hacia su firma definitiva.
La decisión se tomó en un contexto internacional atravesado por tensiones comerciales, cambios geopolíticos acelerados y una creciente disputa por mercados estratégicos. En ese escenario, el acuerdo aparece como una jugada clave para reforzar vínculos entre ambos lados del Atlántico y reducir dependencias externas.
Un giro político decisivo en Europa
La votación dejó expuestas las fracturas internas dentro del bloque europeo. Francia encabezó la oposición, acompañada por otros países que reclamaron mayores garantías para proteger a sus sectores agrícolas. Sin embargo, no lograron conformar una minoría de bloqueo.
El punto de quiebre se produjo en Italia. El gobierno italiano modificó su postura a último momento tras recibir compromisos de la Comisión Europea vinculados a compensaciones para el agro, lo que terminó inclinando la balanza a favor del acuerdo.
Ese cambio fue clave para que la propuesta superara el último obstáculo político y quedara habilitada para la firma formal.
Qué prevé el acuerdo entre la UE y el Mercosur
El tratado crea una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, con un mercado potencial de casi 700 millones de habitantes. El eje central es un intercambio de productos agropecuarios sudamericanos por bienes industriales europeos.
Entre los puntos principales, se contempla una fuerte reducción de aranceles que hoy son considerados prohibitivos para el comercio bilateral. En el Mercosur, por ejemplo, los impuestos a los automóviles, la maquinaria industrial y los productos farmacéuticos se irán eliminando de manera gradual.
Desde Europa estiman que el acuerdo permitirá un ahorro anual de miles de millones de euros en impuestos aduaneros y un aumento significativo de las exportaciones hacia Sudamérica.
Impacto económico y resguardos sensibles
La Comisión Europea sostiene que el tratado impulsará el comercio, el empleo y la inversión, aunque reconoce riesgos en sectores sensibles. Por eso, el texto incluye mecanismos de protección y un sistema de alerta temprana para productos como carne vacuna, pollo, arroz y azúcar.
Si se detectan subas abruptas de importaciones que afecten a los productores locales, podrán reactivarse aranceles de emergencia. Además, se protegerán cientos de indicaciones geográficas, un reclamo histórico de varios países europeos.
Un acuerdo atravesado por la geopolítica
Más allá del comercio, el acuerdo tiene un fuerte trasfondo político. Para Europa, representa una forma de diversificar mercados, responder a políticas arancelarias más agresivas de Estados Unidos y reducir la dependencia de China en insumos estratégicos.
Para el Mercosur, en tanto, abre una oportunidad para ampliar exportaciones y reposicionarse en el tablero global, aunque el debate sobre sus efectos en la industria local y el empleo seguirá abierto.
El tratado aún debe ser ratificado por el Parlamento Europeo, un paso que no está exento de tensiones, pero que aparece más cerca que nunca tras la aprobación política de los Estados miembros.