ORGULLO NACIONAL
Ovacionan en La Haya a una joven argentina que defendió la Universidad Pública
Galia Kademián, una abogada argentina de 24 años, fue distinguida el pasado 12 de diciembre en el Palacio de la Paz en La Haya, Países Bajos, por su labor en un informe regional sobre los desafíos de la juventud.
La joven, oriunda de Córdoba, integra la comisión directiva de la Organización Argentina de Jóvenes para las Naciones Unidas (OAJNU) y forma parte del Equipo de Incidencia Juvenil de las Américas (Am-YAT). El reconocimiento fue otorgado por el trabajo "Catalizador para el Cambio", una investigación colaborativa que abordó ejes centrales como la lucha contra la polarización, el activismo de derechos humanos y la resolución pacífica de conflictos en el continente.
Durante la ceremonia, Kademián tomó la palabra frente a autoridades internacionales y dedicó la distinción a "los héroes de las Américas". En su alocución, citó el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918, destacando que "la juventud está siempre en trance de heroísmo". Su intervención generó tal impacto que el embajador de Armenia y otros diplomáticos rompieron el protocolo para acercarse a felicitarla.
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El jurado de la Fundación Carnegie seleccionó el proyecto por unanimidad, calificándolo como una "herramienta estratégica" que logra dar vida a cifras y estadísticas en experiencias cotidianas. El informe fue elaborado por 25 jóvenes de 16 organizaciones distintas, quienes trabajaron sobre la falta de información y representación de la región en la agenda global.
Según relató la protagonista, su mensaje buscó resaltar la resiliencia de la juventud americana frente a contextos de inestabilidad económica y social. "Nos distinguimos por caer, volver a levantarse y luchar", expresó Kademián, quien aseguró que el premio busca reducir la brecha entre el trabajo voluntario que realizan los jóvenes y la legitimidad que reciben en los organismos internacionales.
El discurso:
La juventud está siempre en trance de heroísmo.
La juventud está siempre al borde del heroísmo.Esta frase pertenece al Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria, una declaración de hace más de cien años, escrita por estudiantes universitarios en Argentina.
En 1918, en Córdoba, la ciudad de la que orgullosamente provengo, jóvenes estudiantes se levantaron contra un sistema universitario elitista y autoritario. Lucharon por la democracia, por la libertad académica y por una educación pública que realmente perteneciera al pueblo. La declaración tenía un destinatario claro: estaba dirigida a los pueblos libres de América.
Hoy, de pie aquí, en el Palacio de la Paz, quisiera abrazar ese espíritu americanista a través de este humilde intento de recordar esas palabras y compartir con el mundo por qué, más de cien años después, nosotros, los jóvenes, seguimos estando al borde del heroísmo.
Verán, la paz —o la construcción de la paz— no es un concepto abstracto que solo descansa en resoluciones. Tiene nuestro sudor, nuestras lágrimas, nuestros nombres. Son las feministas en Argentina, los defensores del clima en Brasil, los estudiantes en Chile, los activistas rurales en Bolivia y todos aquellos que, muchas veces sin reconocimiento ni recursos, eligen construir la paz en sus comunidades todos los días.
En las Américas estamos acostumbrados a tropezar, caer, levantarnos, empezar de nuevo, confiar, decepcionarnos y volver a confiar. Esa es nuestra resiliencia. Convertimos el miedo en redes. Convertimos la bronca en movimientos. Convertimos el duelo en una razón más para volver al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente. Eso es lo que nos mantiene ahí, siempre al borde del heroísmo.
Este premio es particularmente especial para mí, ya que esta semana se cumple el 40° aniversario del Juicio a las Juntas Militares de 1985 en Argentina. Soy una persona joven, pero, sobre todo, una mujer joven y una hija de la democracia argentina. Y como tal, asumo la responsabilidad moral de sostener para siempre las demandas de memoria, verdad y justicia.
Quiero agradecer a los protagonistas, a los constructores de paz de las Américas. El mundo duele, y ustedes están sosteniendo nuestro futuro, literalmente, pieza por pieza.
Como dijeron alguna vez los jóvenes argentinos de 1918, la única puerta que permanece abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. El sacrificio es nuestro mayor incentivo. La redención espiritual de la juventud de las Américas es nuestra única recompensa, porque sabemos que nuestras verdades son —y dolorosamente— las verdades de todo el continente.
A los héroes de las Américas, este premio es para ustedes.
Muchas gracias.
Con información de La Nación