Casi la mitad de los hogares argentinos sigue sin acceso pleno a gas, agua o cloacas, según datos del INDEC
De acuerdo con la encuesta, el 90,6% de los hogares cuenta con conexión a la red de agua corriente, el 65,7% dispone de gas natural, y el 73,1% tiene desagüe cloacal. En otras palabras, el 9,4% de las viviendas no tiene agua de red, el 34,3% carece de gas y el 26,9% no está conectada al sistema cloacal.
Retrocesos y brechas en el acceso a los servicios esenciales
Si se comparan los datos con los de 2022, se observa una leve mejora en el acceso al agua corriente (de 89,6% a 90,6%), pero un retroceso en los otros dos servicios. En estos tres años, el acceso al gas natural cayó 3,5 puntos porcentuales, y la cobertura de cloacas bajó de 74% a 73,1%. La red de agua mantiene una presencia más extendida, pero el resto de los servicios avanza con lentitud o incluso pierde cobertura.
Actualmente, solo el 53,8% de los hogares accede simultáneamente a los tres servicios, mientras que el 46,2% restante no cuenta con alguno de ellos. En 2022, esa proporción era menor (44,3%), lo que refleja que cada vez más familias enfrentan limitaciones en su conexión a las redes públicas.
Casi la mitad de la población urbana no tiene todos los servicios básicos
Analizando los datos por personas, el 48,4% vive en hogares que no tienen acceso completo a agua, gas y cloacas. Según explicó el INDEC, estas diferencias varían según la región, ya que dependen de la disponibilidad de infraestructura y de la posibilidad de realizar las conexiones domiciliarias.
En muchas zonas urbanas —especialmente en los aglomerados periféricos— las redes existen, pero no siempre llegan a los hogares. En algunos casos, faltan obras de extensión, y en otros, los hogares no cuentan con los recursos económicos para afrontar la conexión.
Hacinamiento: un millón y medio de personas viven en condiciones críticas
El informe también evaluó las condiciones habitacionales. El hacinamiento crítico, definido por el INDEC como la presencia de más de tres personas por cuarto, afecta al 1,8% de los hogares, lo que equivale a unos 186.000 hogares y más de un millón y medio de personas.
En contraste, el 98,2% de las viviendas no presenta hacinamiento crítico: el 86,1% tiene menos de dos personas por cuarto y el 12% entre dos y tres. Aunque la proporción es baja, este indicador refleja la desigualdad en las condiciones de convivencia, que repercute en el descanso, el estudio y la salud mental de los habitantes.
Vivir cerca de basurales o en zonas inundables: el riesgo ambiental en los barrios
El estudio también abordó el entorno socioambiental. Según los datos, el 5,1% de los hogares vive a menos de tres cuadras de un basural, lo que representa al 5,9% de las personas. Además, el 9% de los hogares —donde habita el 10,7% de la población— está en zonas inundables, afectadas por anegamientos durante el último año.
Así, el 94,9% de los hogares se encuentra alejado de basurales y el 91% vive en áreas sin inundaciones recientes. Sin embargo, los sectores más pobres enfrentan una exposición mucho mayor: el 18,6% de las personas indigentes habita en zonas inundables y el 9,1% vive cerca de un basural. Entre los “no pobres”, esas cifras caen al 7,4% y 4,6%, respectivamente.
Desigualdad estructural y deterioro urbano
En conjunto, los datos del INDEC trazan un panorama preocupante: el acceso desigual a los servicios públicos se combina con entornos urbanos degradados, en los que muchas familias viven rodeadas de riesgos sanitarios o ambientales.
La tendencia de los últimos años muestra que, pese a algunos avances puntuales, la cobertura de gas y cloacas se estanca, y el impacto se siente con más fuerza en los barrios populares y periferias urbanas. La brecha territorial y económica sigue marcando las condiciones de vida de millones de argentinos.