Generación Z: los nativos digitales que rescatan costumbres de sus abuelos
La generación Z, nacida entre 1996 y 2012, sorprende por combinar lo hiperdigital con un regreso a lo analógico y tradicional. Aunque crecieron con Internet y redes sociales “de fábrica”, cada vez más jóvenes se sienten atraídos por hábitos de sus abuelos: leer en papel, reparar ropa, reciclar muebles, cocinar para familia y amigos o elegir planes diurnos y al aire libre antes que las discotecas.
Según el sociólogo Narciso Michavila (GAD3), lo llamativo es que “los zetas vuelven a lo físico y material, y les seducen las tradiciones”. No se trata de nostalgia, sino de rescatar valores que consideran auténticos y esenciales, explica Álvaro Justibró (Mazinn), quien apunta a la necesidad de “tocar con las manos” en un mundo donde lo digital lo invade todo.
Las cifras lo confirman: un 19 % de jóvenes lee solo en papel y crecen las comunidades en torno a clubes de lectura, running o cafetería. También se expanden prácticas como la costura, la restauración de muebles y la cocina casera, muy visibles en redes como TikTok.
Para Cristina Pérez (Kantar), este fenómeno responde también a una cuestión económica: “Quieren lujo, pero, como no pueden pagarlo, buscan alternativas en mercados vintage y optan por reparar, como hacían sus abuelos en tiempos de precariedad”.
La clave de esta generación es la búsqueda de autenticidad, un valor que colocan por encima de todo, ya sea en personas, marcas o instituciones. Por eso, despiertan curiosidad las tradiciones y jerarquías —como la iglesia, la monarquía o el ejército—, espacios donde algunos jóvenes encuentran propósito y pertenencia.
En paralelo, se observa una marcada bifurcación entre sexos: mientras muchas mujeres zetas continúan las luchas feministas y amplían la diversidad sexual, un sector de varones adopta posiciones más conservadoras en política y costumbres.
Más allá de esas diferencias, la generación Z se define por ser exigente, adaptable y creativa. Vive conectada, pero busca experiencias reales; creció en lo digital, pero revaloriza lo analógico. Y en esa paradoja radica gran parte de su atractivo: son jóvenes que miran al futuro con un pie puesto en las raíces de sus abuelos.
Con información de La Vanguardia