Argentina refuerza controles por temor a células de Hezbolá e infiltración iraní
En medio de crecientes alertas de inteligencia, el Gobierno argentino intensificó los controles de seguridad en la Triple Frontera —zona que conecta Puerto Iguazú (Argentina), Foz do Iguaçú (Brasil) y Ciudad del Este (Paraguay)— ante el riesgo de ingreso de agentes iraníes y la posible reactivación de células durmientes de Hezbolá.
El despliegue se produce tras detectarse el ingreso al país de un funcionario iraní sin registrar, y luego de que se conociera que el exvicepresidente iraní Shahram Dabiri entró en marzo con una visa de turista sin ser identificado por las autoridades.
Según informes, Foz do Iguaçú y Ciudad del Este funcionarían como centros financieros de estructuras ligadas a Hezbolá. Se sospecha que los fondos recaudados en la región, bajo la fachada de ayuda humanitaria, estarían siendo desviados hacia Irán.
La zona ya cuenta con un preocupante historial: se cree que los responsables de los atentados contra la Embajada de Israel (1992) y la AMIA (1994) habrían utilizado esta vía para ingresar a Argentina. Uno de los casos más resonantes es el de Assad Ahmad Barakat, considerado financista clave de Hezbolá en la región, capturado en 2018 y declarado "terrorista global" por Estados Unidos.
Frente a este escenario, el gobierno argentino reorganizó sus fuerzas de seguridad en la zona, fortaleciendo la base internacional de Puerto Iguazú con respaldo del FBI y la cooperación de Brasil y Paraguay. Más de 300 agentes federales ya fueron desplegados en Bernardo de Irigoyen, y se espera su traslado progresivo hacia Iguazú.
Además, se puso en marcha el Comando Unificado Guacurarí, impulsado por la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, para articular los recursos de las fuerzas federales y provinciales. En paralelo, el ministro de Defensa Luis Petri firmó un acuerdo de cooperación militar con Paraguay para reforzar la vigilancia en pasos fronterizos.
La preocupación también abarca otras zonas sensibles del continente, como la frontera entre Bolivia e Irán, por los lazos crecientes entre ambos países. Desde la AMIA, su presidente Osvaldo Armoza pidió una respuesta regional contundente frente a lo que ya se considera una amenaza transnacional.