“Volver a nuestro edificio es una caricia al alma”, dijo la directora Lorna Cárcamo
Tras dos años sin poder utilizar el edificio debido a serios problemas de infraestructura, la comunidad educativa de la Escuela N° 704 "Biología Marina" de Kilómetro 3 regresó a sus instalaciones el día de hoy, lunes 10 de marzo.
La finalización de la primera etapa de la reconstrucción generó gran expectativa entre alumnos, docentes y familias, quienes lucharon incansablemente para lograr este retorno. En esta fase inicial, la escuela cuenta con 13 aulas, el sector de Gobierno, la sala de preceptores y profesores, y un sector de baños.
Próximamente, se completará la primera etapa con un aula adicional, la sala de informática, dos laboratorios y el Salón de Usos Múltiples (SUM), cuya finalización está prevista en un plazo de dos a tres meses.
“Lo importante era regresar”, expresó la directora de la institución, Lorna Cárcamo, en diálogo con Crónica.

Además, destacó la emoción que significa volver al edificio después de dos años de esfuerzo y adaptación. “Fueron dos años muy difíciles que transitamos distintas instituciones y volver hoy a nuestro edificio es para nosotros una caricia al alma. La verdad es que estamos muy contentos”.
En relación con los desafíos superados, la directora señaló: “Obviamente, lo transitado fue difícil, fue duro, pero como yo les dije hoy en el ingreso, le dimos batalla, nos readaptamos. Este es un momento de felicidad y de gratitud para todos los que siguieron acompañando este proyecto de Colegio Biología Marina, un proyecto institucional que tiene metas, que su fin tiene que ver con brindar a los jóvenes, herramientas para mirar el mar desde otra perspectiva, no solamente de una mirada productiva, sino del cuidado, de la protección”.
La jornada de reinauguración estuvo dividida en dos momentos. En primer lugar, se recibió a los estudiantes de séptimo año, los futuros egresados, junto a sus familias. Luego, se llevó a cabo una jornada de concientización con el resto del alumnado. “Se merecen este momento para ellos y ahora estamos trabajando con todo el resto del turno en una jornada de concientización”.
Respecto a esto, la directora resaltó la importancia de cuidar las nuevas instalaciones, “porque la realidad es que la escuela está nueva. Es un blanco impoluto, les digo yo, hay que cuidarlo y como trabajamos con adolescentes, entonces está bueno crear conciencia en este sentido. Teníamos una escuela, un lugar donde habitar y de repente no tuvimos nada, entonces es necesario volver a cuidar este edificio que costó tanto reabrir”.
También valoró el esfuerzo de toda la comunidad educativa para sobrellevar estos dos años de adaptación en diferentes sedes. “Los alumnos hicieron mucho sacrificio, algunos se trasladaban desde kilómetro 17 hasta el Pueyrredón. Había que salir muy temprano, entonces ahora que volvimos a casa, es importante poder cuidarla como se merece para poder disfrutar de este edificio en las mejores condiciones por muchos años”.

También enfatizó el rol fundamental de los docentes: “No es fácil venir proyectando una clase que está prevista para hacerla en determinado ámbito físico o edificación y tener que cambiarla, en pensar, hipotetizar o simular que estamos en tal lado y que se podría hacer de esta manera. Repensar las prácticas en función de la situación concreta fue complicado para nuestros docentes, así que también para ellos es sumamente merecido el reconocimiento”.
Del mismo modo, resaltó el acompañamiento de las familias en este proceso. “Los padres tuvieron un rol fundamental, obviamente la escuela se constituye de un montón de personas, los padres dejan acá lo más valioso que tienen, que es su hijo. Es hermoso que nos acompañen como nos vinieron acompañando. Algunos lo lograron y sostuvieron estos 2 años con mucho esfuerzo, porque muchas familias, como todos los docentes, reorganizan su vida familiar en función de los lugares habituales y hubo que desarticular todo y volverlo a armar en función de la realidad”.
En cuanto a los estudiantes, destacó su capacidad de adaptación: “Los chicos se acostumbraron, son increíbles. De la experiencia que tengo con ellos es que los jóvenes se adaptan fácilmente a nuevas condiciones y lo hacen propio y pueden acostumbrarse y le dan para adelante. Pasaron de tener una cantina que era hermosa, enorme y que tenían una silla para cada uno a comer en un pasillito y lo hicieron. Hoy queda en su historia institucional y en su historia personal, de superar obstáculos”.

Finalmente, la directora subrayó el aprendizaje que dejó este proceso, especialmente para los alumnos. “Yo les dije, van a aprender mucho más que algunas condiciones técnicas, estas herramientas son para la vida que también tiene que brindar la escuela, aprender a readaptarse a nuevas circunstancias sin que eso los abrume, los paralice, que al contrario busquen las estrategias para sortear esos obstáculos que se presentan”.
“Esperemos que esto quede en un recuerdo del cual uno siempre tiene que aprender y que ese aprendizaje nos enseñe a cuidar nuestro edificio, a proteger nuestra escuela y a seguir sosteniendo este proyecto institucional”, concluyó.