Descubrieron gran emisión de gas metano en la Antártida: podría tener repercusiones en el clima
Durante el mes de enero y principios de febrero, un grupo de científicos españoles se adentraron al mundo del continente blanco, la Antártida. Allí finalizaron su expedición con un hallazgo tan sorprende como preocupante para aspectos medioambientales: una emisión gigantesca de gas metano proveniente desde el subsuelo del continente.
Una expedición en busca de respuestas
El 12 de enero, un equipo de 26 investigadores partió desde España a bordo del buque oceanográfico Sarmiento de Gamboa, liderado por el Instituto Geológico y Minero de España y el Instituto de Ciencias del Mar.
Tras semanas de recolección de muestras de agua y sedimentos, la expedición finalizó el 8 de febrero con resultados exitosos. Los científicos no solo confirmaron la existencia de filtraciones de gas, sino que encontraron columnas de metano de hasta 700 metros de altura y 70 metros de ancho en el lecho marino.

Metano atrapado por 20.000 años que ahora escapa
Los estudios sugieren que este gas ha estado atrapado en el subsuelo oceánico durante más de 20.000 años. Sin embargo, el derretimiento del hielo antártico —provocado por el aumento de las temperaturas— está alterando la estabilidad del suelo marino, facilitando la liberación del metano hacia la superficie.
El metano es un gas de efecto invernadero altamente potente, con una capacidad de calentamiento global hasta 40 veces mayor que el COâ. Se estima que en los hidratos de carbono marinos hay almacenadas unas 24 gigatoneladas de carbono, una cantidad que, de liberarse masivamente, podría agravar la crisis climática.
Un peligro para el planeta
Además de su impacto climático, los científicos advierten que la presencia de metano en el fondo marino afecta la estabilidad de los sedimentos, lo que podría generar explosiones submarinas, deslizamientos de tierra e incluso tsunamis de gran magnitud.
Si bien este tipo de filtraciones ya habían sido observadas en el Ártico, su detección en la Antártida representa una novedad que podría tener repercusiones a nivel global.
El hallazgo marca un punto de inflexión en la investigación del impacto del cambio climático en los océanos y pone en evidencia la necesidad de seguir estudiando la dinámica del metano submarino para comprender mejor los riesgos ambientales que enfrenta el planeta.