“De protones y de letras”: el club que maravilla e inspira a los niños y niñas de Comodoro
Para Natalia, graduada de la Universidad Central de Venezuela, el camino hacia este proyecto fue una travesía marcada por la adversidad y la búsqueda de nuevos horizontes. “Con mi hija llevamos cinco años aquí en Argentina, un país que nos ha recibido con los brazos abiertos”, comparte Natalia con Crónica.
“Yo me gradué en la Universidad Central de Venezuela, en Caracas es la primera universidad venezolana pública y siempre me dediqué a dar clases, pero siempre a adultos universitarios, también trabajé muchos años en el petróleo, en PDVSA, hasta que vino el paro petrolero en el 2003 y salí despedida junto con 19.000 venezolanos que trabajábamos ahí”.
La crisis, hizo que Natalia junto a su hija, migraran hacia Argentina y más precisamente a Comodoro Rivadavia, en búsqueda de un futuro mejor, al igual que aquellos pioneros europeos que arribaron a estas tierras en la primera mitad del siglo pasado.
Fue en esta ciudad, donde Natalia conoció a José, cuyas conversaciones apasionadas sobre educación, ciencia y humanidades eran temas corrientes. Conversando siempre sobre ciencia, química, física y geología por un lado, y humanidades, historia y literatura por el otro, encontraron el punto de encuentro perfecto para lo que iba a perfilarse como un proyecto.
En ese entonces, Natalia ya había ampliado su alcance educativo, abarcando desde estudiantes universitarios y bachilleres hasta niños de primaria e incluso a los más pequeños. “Se amplió el rango de edad de mis alumnos, algo que nunca lo había hecho en Venezuela, eso lo empecé a hacer aquí, entonces le comentaba a José: mira estos niños vienen con alguna deficiencia, no saben dividir, todos odian la matemática, todos odian la física, odian la química”.
En este sentido, vieron la necesidad de hacer algo más, de brindar una educación más integral que no solo se centrara en la ciencia, sino que también abrazara las letras y las humanidades. Entonces, fue cuando se preguntaron “¿por qué no hacemos algo?”. Así nació Club de Protones y de Letras, el proyecto educativo dirigido a niños y niñas, donde la ciencia y las humanidades convergen para ofrecer una experiencia educativa enriquecedora. “Quisimos juntar las dos cosas, porque si bien hacemos mucho hincapié en la ciencia, también imprimimos mucha humanidad, historia y filosofía en nuestro enfoque educativo”, agrega José.

“Nuestra meta es que ellos aprendan a pensar por ellos mismos y encontrar su camino”
Basados en un diseño de proyecto minuciosamente elaborado, con guion, experimentos y hasta personajes ficticios, José y Natalia enseñan las joyas de la humanidad y principalmente de Comodoro, para empezar “a trabajar el cerebro de los niños”.
“Lo que nos sorprendió es que los niños responden positivamente. Porque, al principio cuando lo lanzamos a lo mejor teníamos muchas expectativas y exigencia, pero la verdad fue, que el niño respondía y nosotros aprendíamos de él, nos retroalimentamos de la respuesta del niño” dice Natalia y agrega: “yo hago un diseño más `duro´, experimental y de ciencia, en cambio él -por José- es el que lleva la batuta, el que los va guiando, el que les va preguntando, el que les cuenta sobre la historia y que los va haciendo que lleguen a sus propias conclusiones”.
En este sentido, José explica que “nuestra meta es que ellos aprendan a pensar por ellos mismos y a encontrar su camino. Nosotros tratamos de no influenciar, tratamos de ser lo más objetivo dentro de las posibilidades, para que ellos lleguen a sus propias conclusiones”.
Si bien los talleres tienen una base potente de ciencias, la idea es que los niños también tengan nociones de humanidades. “Nosotros lo que decimos es que no queremos que el niño al aprender se encasille en una sola cosa. Nuestra educación intenta ser integral, porque siempre le decimos a los chicos: la ciencia, si no sirve para la humanidad no sirve para nada, porque hacemos ciencia para nosotros, para nuestra vida y nuestro bienestar”, expresó José.
Es así que hacen hincapié en la necesidad de traducir la ciencia a una manera divertida, para despertar la curiosidad y el asombro al niño. “Por ejemplo, hay un experimento con papas, limones, cables, cobre y ellos encienden un foco con eso, entonces quedan maravillados. José es el que les va explicando de manera más didáctica, por qué sucede eso”.
“Comodoro es el que hace que este proyecto nazca”
En el vasto territorio de esta ciudad, el proyecto educativo busca desentrañar los misterios geológicos de la región. En este sentido, el Club de Protones y de Letra se aventura en la exploración y apreciación de los encantos naturales de esta tierra patagónica.
Para José y Natalia, Comodoro es mucho más que un lugar en el mapa; es un escenario lleno de maravillas geológicas esperando ser descubiertas y apreciadas. “La geología fue todo un reto y en ese sentido, Comodoro es el que hace que nazca esto”, compartió José, recordando cómo la fascinación por los paisajes locales y las explicaciones geológicas de Natalia dieron más vida al proyecto.
En medio de sus excursiones de trekking por los cerros de la región, Natalia compartía su conocimiento sobre la geología local, sorprendiendo a muchos lugareños que desconocían la riqueza que tenían a su alrededor. “La gente por ahí vive tan enclaustrada en sus cosas, en su trabajo, que no valora a su alrededor”, reflexionó José, destacando la importancia de apreciar y comprender el entorno natural.
“Esto es un librito abierto en geología”, exclama Natalia, emocionada por poder compartir la riqueza de la meseta patagónica con los demás. Desde la formación de estratos en el Cerro Azul hasta la majestuosidad de las Rocas Coloradas, cada paseo se convierte en una lección de historia natural.
El taller sobre Rocas Coloradas que dictó el club en las colonias de verano, por ejemplo, no solo enseña sobre la composición de las rocas, sino que también resalta su valor único en el mundo. “El niño y el adulto desconocen el valor real de eso”, explicó Natalia y agregó: “Para tu conseguir algo así como Rocas Coloradas, ese paisaje y geología, te tienes que ir al Cañón del Colorado en Estados Unidos o a Petra en Jordania. Son pocos los sitios en el mundo y el comodorense lo tiene. Viene gente de afuera a conocer Rocas Coloradas”, dijo resaltando la importancia de generar conciencia y protección sobre estos tesoros geológicos.
“No se puede amar lo que no se conoce”
En un mundo donde la tecnología a menudo eclipsa la conexión con la naturaleza, el proyecto busca inspirar a niños y adultos por igual a cuidar y valorar el entorno que los rodea. “A veces los niños son mejores que los adultos en cuidar y proteger lo que tenemos”, concluye José, destacando el papel fundamental de la educación en la preservación del patrimonio natural de Comodoro.
Teniendo en cuenta esto, dice que “no se puede amar lo que no se conoce, entonces conozcamos para cuidarlo, amarlo y protegerlo. Respeta el fósil y respeta la roca que consigas de valor”.
Considerando la importancia de proteger los ambientes naturales y sobre todo el bosque petrificado de Rocas Coloradas, es que nace una analogía con el “taller de criminología: quién mató al chancho”. “Es muy divertido porque está la escena del crimen y están las huellas. Tú no puedes venir a perturbar la escena del crimen, no puedes tocar, no la puedes contaminar. Entonces les enseñamos que, un fósil es también una escena del crimen, porque el fósil cuando va el paleontólogo in situ, él puede ver una escena histórica. Si tú entras y perturbas ya nunca, vas a recuperar esa información”.
La diversidad de talleres es amplia en el Club de Ciencia y de Protones, desde geología y ciencia hasta también conocimientos sobre el petróleo. Incluso, diversas instituciones como Bibliotecas Populares, el Museo del Petróleo y áreas municipales convocaron a José y Natalia para brindar sus talleres.
“Nos encanta trabajar con instituciones, porque yo creo que las oportunidades deben ser iguales para todos y la educación debe ser para todos, no solamente para el que pueda pagarla, entonces cuando nosotros vamos a barrios, asociaciones, bibliotecas públicas, nos encanta que conozcan, que compartan y que tanto adultos y niños tengan otra mirada de la educación y del aprendizaje, desde lo integral”, dijo Natalia.
Por su parte, José añadió que “más allá de que es nuestro trabajo, el premio también es cuando vienen los padres y nos felicitan. Vienen los niños y te abrazan y ese chiquito que te encuentra después y se acuerdan de lo que le enseñaste”.
Para conocer más sobre los diversos talleres y salidas que ofrece el Club de Protones y de Letras, tienen disponibles sus redes sociales tanto en Facebook como Instagram.
Un enfoque educativo que va más allá de las aulas

En este proyecto, la educación se entrelaza con la experiencia, dando lugar a un enfoque único que busca enriquecer el aprendizaje. Sin embargo, tanto José como Natalia, reconocen que no todos los niños están destinados a seguir un camino académico tradicional.
“No todo el mundo nace para estudiar”, señaló Natalia, destacando la importancia de comprender los intereses individuales de cada niño. “Hay que entender que está el que le gusta el deporte, el que está pensando en fútbol o en danza. No puedes llevar a esos niños a talleres que no les interesan; se van a aburrir”, dijo.
En cuanto a la calidad de la educación de los niños que llegan a los talleres, reconocieron que es variada y que la responsabilidad no recae únicamente en la institución educativa. “No todo es responsabilidad de la escuela; la familia también debe empujar. “La excelencia de un niño depende de su capacidad, pero también del apoyo de la familia”.

José, agregó: “también depende de la institución y de los profesores que tenga”, reconociendo que algunos docentes pueden perder la pasión con el tiempo, lo que impacta en la calidad de la educación que ofrecen.
Es así que el Club de Protones y de Letras se presenta como un complemento a la educación tradicional, brindando una perspectiva diferente sobre la ciencia y las humanidades. “Queremos que los niños encuentren diversión en estas materias, para que no las vean como algo aburrido”, explica José. “Hacemos hincapié en lo local, en conocer nuestro entorno y nuestras raíces, antes de explorar lo externo”.
Para ellos, el arraigo y el conocimiento de la propia comunidad son fundamentales para el desarrollo integral de los niños. “La gente se abstrae en su trabajo y su rutina diaria, pero es importante que conozcan y valoren su entorno”, concluye José. En un mundo cada vez más globalizado, el Club de Protones y de Letras busca mantener viva la conexión con lo local, fomentando un aprendizaje significativo basado en la experiencia y el arraigo natural y cultural.