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Prilidiano Pueyrredón, pionero del arte argentino

El Museo Nacional de Bellas Artes inauguró el jueves 23 de noviembre, a las 19, la exposición temporaria Prilidiano Pueyrredón. Un pintor en los orígenes del arte argentino, que reúne más de 40 obras del artista para celebrar el bicentenario de su nacimiento.
martes 28 de noviembre de 2023
Prilidiano Pueyrredón, pionero del arte argentino

El Museo Nacional de Bellas Artes inauguró el jueves 23 de noviembre, a las 19, la exposición temporaria Prilidiano Pueyrredón. Un pintor en los orígenes del arte argentino, que reúne más de 40 obras del artista para celebrar el bicentenario de su nacimiento.

La muestra, con curaduría de las investigadoras del Museo Florencia Galesio, Paola Melgarejo y Patricia Corsani, presenta una selección de óleos y acuarelas, en su mayoría pertenecientes a la colección del Bellas Artes, que reflejan las distintas etapas de la trayectoria de Pueyrredón: desde sus estadías en el extranjero hasta sus vivencias en Buenos Aires, y el impacto de estas experiencias en su producción.

“En los últimos años, el Museo Nacional de Bellas Artes ha desarrollado una serie de exposiciones dirigidas a revisar las primeras experiencias estéticas que delinearon en el siglo XIX una producción artística de carácter local –destaca el director del Museo, Andrés Duprat–. Esto ha permitido también examinar desde nuevas perspectivas la vasta colección de arte argentino de aquel período que alberga la institución. Con ese espíritu, presentamos la muestra dedicada a Prilidiano Pueyrredón, autor de piezas icónicas del patrimonio del Bellas Artes, como el ‘Retrato de Manuelita Rosas’ y ‘Un alto en el campo’”.

“La muestra es el resultado de una investigación impulsada por el Museo en torno a un artista cuya vida y obra continúan teniendo aspectos inéditos y originales aún por estudiar –afirman, por su parte, las curadoras–. Y, además, propone una nueva mirada sobre la labor de Pueyrredón como pintor, poniendo el eje no solo en su producción, sino también en todas las actividades que llevó a cabo para posicionarse como un artista completo y formado”.

Viajero infatigable, Prilidiano Pueyrredón (1823-1870) se formó en Europa y, de regreso a Buenos Aires, estableció sus talleres. Allí, como pintor profesional, trabajaba, mostraba su arte y enseñaba el oficio a sus discípulos. A esta misión pedagógica y a la práctica en el atelier, incorporó el interés por dar a conocer su obra en los medios gráficos de la época, además de exhibirla en espacios todavía informales.

Gracias a su padre, el General Juan Martín de Pueyrredón, quien había participado de las luchas por la Independencia, Prilidiano tuvo una relación cercana con los principales personajes de su época, que se transformaron en los comitentes de sus pinturas, en especial de los retratos. También pintó los diversos paisajes que recorrió, vistas europeas y la costa bonaerense, además de escenas de costumbres, donde representó personajes típicos, lavanderas, pescadores, y al gaucho en un amplio repertorio de tradiciones rurales.

Los ejes temáticos de la exposición

“Costumbrismo/tradición” abre la muestra y presenta la pintura costumbrista, para la cual Pueyrredón tuvo numerosos encargos. Esta temática está vinculada con las tradiciones locales, que representó a la acuarela y al óleo, en pequeños formatos. También se muestran sus grandes óleos, en general apaisados, donde desarrolla motivos del campo y destaca la inmensidad de nuestra pampa.

En el segundo eje, “Un pintor profesional”, se presenta la práctica artística en el taller y su actividad como maestro. Para transmitir su técnica y estilo a sus discípulos, Pueyrredón les pedía copias de sus propias pinturas de costumbres en pequeño formato. Además, a través del grabado, y con la ayuda de sus alumnos, el artista buscó dar a conocer sus pinturas en los medios gráficos de la época. Este sector también incluye obras de alumnos como Fermín Rezábal Bustillo y Nicolás Granada en torno a la Guerra del Paraguay (1865-1870).

“Los retratos y el círculo del artista” repasa ejemplos del género con el que Pueyrredón obtuvo prestigio y reconocimiento. Las personalidades que representó en sus pinturas conformaron una clientela fiel y estable, con la que tenía lazos familiares, de amistad o profesionales, y compartía los círculos sociales. Fueron quienes validaron su obra, la exhibieron y la atesoraron, y también permitieron legarla a la posteridad, como el aporte del artista al archivo de la identidad argentina.

“Los viajes: América y el Grand Tour europeo”, por su parte, refleja el interés de Pueyrredón por la naturaleza a través de los paisajes, unidos estrechamente a sus viajes de formación. Se presentan las acuarelas que el artista realizó en su etapa de juventud, en Brasil y Europa, durante sus largas estadías cuando estudiaba arquitectura mientras alternaba con la pintura.

Por último, “La costa y las afueras de la ciudad” recupera los recorridos por la costa de San Isidro, donde vivió tras regresar al país. La pintura al aire libre en formato pequeño evidencia que Pueyrredón capturó la esencia de aquellos lugares donde residió o a los que visitó, como los bosques de Palermo y las riberas del Río de la Plata y del Paraná.

La exposición “Prilidiano Pueyrredón. Un pintor en los orígenes del arte argentino podrá visitarse hasta el 25 de febrero de 2024 en las salas de la planta baja del Museo, de martes a viernes, de 11 a 20, y los sábados y domingos, de 10 a 20, con entrada libre y gratuita.

Biografía

Prilidiano Pueyrredón fue un pintor y arquitecto argentino. Era hijo del político y militar Juan Martín de Pueyrredón, quien fuera Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y de la patricia porteña María Calixta Tellechea y Caviedes.

Nació en Buenos Aires, en la quinta “Santa Calixta” que sus padres tenían en la actual calle Libertad esquina Juncal, lugar conocido por el nombre de las “cinco esquinas”. Prilidiano estudió en Buenos Aires en el Colegio de la Independencia dirigido por Percy Lewis, hasta completar su educación primaria. Desde pequeño demuestra tener vocación por el dibujo. A los doce años, en 1835, viajó a España con sus padres, regresando en 1841 luego de seis años, con una recalada de tres años de permanencia en Río de Janeiro. A los 21 años, en 1844, emprendió nuevamente un viaje a Europa, realizando estudios de pintura en Florencia y posteriormente en París donde concurrió la prestigiosa Escuela Politécnica, egresando con el título de ingeniero a la vez que perfeccionaba sus conocimientos pictóricos. Su formación artística es europea, especialmente francesa, influjo éste que se percibirá nítidamente en los aspectos formales y cromáticos de sus pinturas. De regreso en Buenos Aires en 1848, ejerció su profesión de ingeniero realizando obras realmente importantes, entre las que se destacan la mansión que le construyera a Don Miguel de Azcuénaga, actual residencia presidencial de Olivos, el puente sobre el Riachuelo, las modificaciones de la antigua pirámide de Mayo, la refacción de la iglesia del Pilar y la restauración en 1858 de la Casa de Gobierno. Dentro de las reformas y ampliaciones que realizara en su chacra de San Isidro (actual Museo Juan Martín de Pueyrredón) se destaca la gran galería que da frente al Río de la Plata, como las habitaciones en los altos donde dispuso su bien iluminado atelier, en que pasaba varios días en total reclusión dedicado por entero a pintar.

Posiblemente la obra más destacada de la paleta de Prilidiano Pueyrredón deba ser el retrato de su padre, don Juan Martín, debiendo convenirse “en que el artista es, para entonces, poseedor de un oficio muy completo”. Nuestro biografiado fue un hombre de gustos refinados, con una cultura poco común –tenía conocimientos de música, letras, ciencias naturales, filosofía y dominaba las ciencias exactas en sus disciplinas de la física, química, matemáticas y hablaba varios idiomas– estaba rodeado de un velo de misterio, posiblemente por su conducta reservada, casi melancólica, de estados anímicos inestables, sin llegar a ser una persona antisociable. Según nos lo describe Marcos de Estrada sus caracteres físicos eran: “altura, corpulencia, ojos grandes e inquietos y un poco de sordera. Muy atrayente para las mujeres, no era fácil de persuadir y estaba a la defensiva por su espíritu libre y su deseo de consagrarse exclusivamente a su trabajo”.

Las famosas tres letras P (P.P.P.) con que firmaba sus cuadros e incluso utilizó en su papel para correspondencia, originaron y siguen ocasionando más de una polémica, ya que nadie ha podido aclarar fehacientemente la misteriosa P que agregaba a las dos que le corresponden como iniciales de su único nombre y apellido.

Como retratista Pueyrredón pintó a personas pertenecientes a la clase social de la que formaba parte, como Manuelita Rosas, Magdalena Costa Ituarte, Adela Bustamante de Jiménez, Cecilia Robles de Peralta Ramos y su hijo Jorge (1861), Miguel de Azcuénaga (1864), Isidora Peralta Ramos, Estela Eastman de Barros (1865), el brigadier Manuel Guillermo Pinto y su esposa doña Juana García, Nicolás Avellaneda, Jacoba Cueto de Paz (1866), Juan Bautista Peña, Santiago Calzadilla, Elvira Lavalleja de Calzadilla (1859), Juan Martín de Pueyrredón (1870), Autorretrato; mereciendo comentario aparte, los de: José Ignacio de Iraola, Enrique de Lezica, el Canónigo Gabriel Fuentes, Francisca Badaraco de Antola, Personaje anónimo, otros dos de damas anónimas y la acuarela que representa el escudo del linaje Pueyrredón-Dogan, todos estos pertenecientes a la pinacoteca del Museo Pueyrredón de San Isidro. También se dedicó a pintar escenas y costumbres rurales, paisajes tomados de la campaña bonaerense, algunos ejecutados en San Isidro, como el autorretrato del pintor cazando en los alrededores de la quinta, “Recorriendo la estancia” (1865), “San Isidro” (1867) y “Paisaje de la Costa”, los que además de poseer una elevada fuerza de comunicación guardando una grata armonía cromática, tienen un elevado valor iconográfico y testimonial.

Según Jorge Romero Brest “el último período de su vida, Pueyrredón no acusa mayores influencias; parece haberse desprendido de toda preocupación estética y abordado la expresión, tanto del hombre como de la naturaleza, libre de prejuicios”. Víctima de la diabetes, Prilidiano Pueyrredón, vivió sus últimos años aquejado por esta enfermedad hasta que, en el mes de octubre de 1870, cuando contaba con tan solo 47 años de edad, su mal se agravó por lo que abandonó su refugio de San Isidro para trasladarse a su otra residencia porteña. Un mes después, el 3 de noviembre, moría en la más completa soledad.

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