¿Para qué sirve el cine argentino?
El contacto entre las audiencias y el cine argentino es un fenómeno que cambia a través del tiempo. En los últimos 20 años, a la par de la expansión audiovisual, ¿el cambio fue productivo o no? ¿Es en este momento el cine una forma de fortalecernos como comunidad o, por el contrario, potencia el individualismo? ¿Es el cine generador de conciencia colectiva y produce lazos sociales efectivos o profundiza cada vez más la alienación y la distancia entre la audiencia?
A partir de estas preguntas, Lucas Granero, uno de los editores de la revista La vida útil, una de las impulsoras de la Encuesta de cine argentino que se realizó en 2022; Diego Trerotola, crítico de cine, programador, docente y activista queer; y la directora y actriz de cine y teatro Ana Katz, abordaron la importancia del cine argentino en relación con sus audiencias y las maneras en que el cine se vincula con un público que hoy circula en múltiples espacios y pantallas: individuales y colectivas, públicas y privadas.
“La experiencia del cine genera un sentimiento colectivo además de una conciencia colectiva porque la recepción de una película en sala es una forma de resistencia a la continua expansión de la percepción individual de las cosas. La recepción se volvió cada vez más individual. Los cines y las salas y las audiencias generan otro espíritu y, sobre todo, un sentimiento colectivo que puede transformarse en consciencia colectiva. A pesar de que el cine circule en otras plataformas, creo que el espíritu del cine es esa idea colectiva”, reflexiona el crítico de cine y docente Diego Trerotola.
“También es importante entender que el cine, a diferencia de otras formas audiovisuales, requiere el trabajo en equipo. Y eso es recepcionado por las audiencias. Hay algo de producir en comunidad para la comunidad. La comunidad cinematográfica es una suerte de reflejo de la comunidad que recibe esas películas. Digo reflejo porque hay un grupo de personas mirando a otro grupo que hace una película. Esa audiencia reconoce esa creación colectiva. Porque no ve solamente a un grupo de actores, sino a una comunidad cinematográfica que va construyendo ideas, estilos y formas cinematográficas en Argentina. Reconoce el nuevo cine, el cine de los maestros, las herencias en el cine, las temáticas, o las repeticiones, o las constantes, o las obsesiones del cine”, explica Trerotola.

Tango Feroz
“En la primera mitad de la década del ‘90 filmaron directores que venían filmando hace décadas y hacían un cine que miraba mucho el pasado. Había películas históricas, o basadas en una literatura anterior, o que evocaban a la literatura anterior y a tiempos pasados, y no se miraba el presente. Y, de golpe, una nueva generación que, en ese momento, se llamó Nuevo Cine Argentino, a mediados y fines de los ‘90, comienza a generar otro cine y las audiencias responden de otra manera. Una película como Tango Feroz construyó una audiencia desde un lugar que evocaba el inicio del rock argentino con Tanguito. Y después de eso se concibió otra forma de representar a la juventud en el cine argentino y, sobre todo, en el presente de Argentina de ese momento, donde no había películas sobre eso. Ahí aparece un deseo, el deseo de la audiencia de ver otras imágenes, otras narrativas, otros personajes, otros tiempos”, dice Trerotola.
El área de cine del Centro Cultural Kirchner realizó este conversatorio junto con el Festival Asterisco y la revista La vida útil, una de las impulsoras de la Encuesta de cine argentino que se realizó en 2022 “para poder poner en discusión, en este momento en el que todo está tan sensible en relación a la pertinencia de tener cultura pública. La idea de que el cine argentino, la cinematografía nacional, contribuye a los imaginarios de la audiencia es lo que discutimos durante el conversatorio tanto desde la programación como desde la crítica y desde la realización. Fue una charla abierta que invitamos a los espectadores y espectadoras, y a la gente que le interese pensar en función de la cultura pública en este sentido. Esta actividad se inscribió también en los debates que la Asamblea de Cine Argentino Unido viene teniendo en función de jerarquizar el aporte tanto económico como simbólico que la industria nacional cinematográfica produce para nuestro país”, explicó la asesora de Cine del Centro Cultural Kirchner, Amparo Aguilar.

“No solamente el cine argentino en términos de películas les sirve a las audiencias. Sino también referenciarse en festivales. Creo que una de las revoluciones de mediados de los ‘90, y que tiene que ver con la renovación del cine argentino, es el fenómeno de los festivales. Creo que el Festival de Cine de Mar del Plata a mediados de los ‘90 y el BAFICI a finales de esa década, y todos los festivales que siguieron: de derechos humanos, de cine de género, LGTBIQ+ también generaron una conciencia de que el cine tiene en sí mismo como una apelación a diferentes sensibilidades y diferentes formas que en la historia del cine argentino, se pensaba que “lo nacional” o la producción nacional era más monolítica, menos diversa”, comenta Diego Trerotola.
“Me parece que el cine, además de ser una forma de consciencia colectiva, también le sirve a las audiencias como una manera de identificación generacional. Cada generación tiene películas que la van identificando, que reflejan modos de vida, de hablar, de resistencia, de rebeldía. Las estéticas se van construyendo también colectivamente en ese diálogo que hay entre el colectivo que hace cine y una comunidad que mira ese cine. En la experiencia de adopción de algunas formas cinematográficas y el rechazo a otras, también el público puede generar hitos generacionales”, dice Trerotola y menciona películas que han definido algunas generaciones desde diversos tipos de cine y apelando a emociones diversas como Silvia Prieto; Pizza, birra, faso; La ciénaga; Mundo grúa; Los rubios; Nueve reinas; Historias extraordinarias; y Argentina, 1985, que es una película claramente de la pospandemia, que ya es una generación.
Diego Trerotola es crítico de cine, programador, docente y activista queer. Publicó textos de cine en libros de Argentina, Corea del Sur, España y Polonia. Con Leandro Listorti es compilador del libro Cine encontrado: ¿Qué es y adónde va el found footage?. Desde 1996 publicó en más de veinte medios y escribe en el diario Página/12 desde 2008. Fue programador del Festival de Cine de Mar del Plata y del BAFICI, y desde 2017 dirige el Asterisco Festival Internacional de Cine LGBTIQ+. También colaboró con festivales de cine de España, Estados Unidos y Viena. Desde 2002 dicta clases en el Centro de Investigación Cinematográfica (CIC).

“El cine también nos sirve como carta de presentación al mundo. Las películas argentinas estén en Cannes, en Berlín, en Rotterdam, en festivales muy importantes pero también que compitan por el Oscar sirve para identificarnos con nuestra cultura, y con saber que nuestra cultura tiene llegada. Que Argentina, 1985 haya sido seleccionada para el Oscar es también el reconocimiento de que ese hito universal que fue el juicio a las Juntas Militares se puede valorar fuera de la historia argentina”, señala Trerotola.
También participarán del conversatorio Lucas Granero, egresado de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido (UBA). Vive y trabaja en Buenos Aires. Es uno de los editores de la revista La vida útil, que ya lleva seis números editados en papel. Como parte de las distintas actividades que realiza la revista, es uno de los organizadores de la Semana Mundial de la Cinefilia, celebración anual que se lleva a cabo en la ciudad de Córdoba. En 2022 La vida útil editó su primer libro, Una luz revelada, de Pablo Marín, que reúne ensayos sobre el cine experimental argentino. Y Ana Katz que es directora y actriz de cine y teatro. Su filmografía como directora incluye los largometrajes El juego de la silla (2002), Una novia errante (2006), Los Marziano (2011), Mi amiga del parque (2015), Sueño Florianópolis (2018) y El perro que no calla (2020). Sus películas obtuvieron distintas premios nacionales e internacionales y participaron en festivales de cine como Cannes, Sundance, Rotterdam, San Sebastián, Toronto, Karlovy Vary, Bruselas, Lima, entre otros. Escribió y dirigió obras teatrales como Lucro Cesante y Pangea, también estrenadas en México, España y Uruguay. Además dirigió la serie Terapia Alternativa. Obtuvo el premio Konex 2021.
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