Un 14 de junio en la historia argentina

miércoles 14 de junio de 2023
Un 14 de junio en la historia argentina
Un 14 de junio en la historia argentina

En el marco de la historia reciente de nuestro país, el 14 de junio marca una de las fechas que merecen recordarse no solo como estudio de lo pasado sino y, principalmente, porque un 14 de junio de 1982 se puso fin a una de las páginas que se regó con la joven sangre de nuestros soldados y que, desde el día posterior, comenzó a escribir otras muchas páginas de oscuras vivencias que involucró -y lo hace hasta el día de hoy- a ex combatientes, a quienes se intentó ocultar de la memoria popular.

El 14 de junio de 1982, Mario Benjamín Menéndez firmó la capitulación ante las tropas inglesas luego de sangrientos combates en diferentes territorios de nuestras islas Malvinas sucedidos durante los 74 días de conflicto.

El comandante de la Guarnición Militar Malvinas, general de Brigada Mario Benjamín Menéndez, fue quien firmó el acta con el comandante de las fuerzas inglesas, general Jeremy Moore, para acordar el cese del fuego y el retiro de las tropas argentinas.

Durante la noche del 13 de junio hubo combates entre las fuerzas británicas, que atacaron con infantería y artillería en el intento de apoderarse del monte Thumbledown y Wireless Ridge, puntos estratégicos a solo cuatro kilómetros al oeste de Puerto Argentino.

A la mañana siguiente, el 14 de junio, las fuerzas inglesas derrotaron a los efectivos argentinos que estaban apostados en esos sitios y lograron avanzar a pesar de la férrea defensa. Por la tarde, entraron a la capital de las Islas Malvinas y acordaron una reunión con el general de brigada Mario Benjamín Menéndez para las 16, que luego se postergó a las 19.

El documento

En el documento de la rendición -firmado a las 23.59 del 14 de junio- se acordó que la ceremonia de rendición sería privada y las fuerzas argentinas conservarían sus banderas. Además, las unidades quedaron a cargo de sus oficiales, a los que se les permitió conservar sus armas de mano, mientras 4.167 prisioneros argentinos eran reunidos para ser repatriados en el transatlántico Canberra.

Los avances de la rendición fueron informados a través de nueve comunicados del Estado Mayor Conjunto, con los números 158 a 166.

Los comunicados fueron emitidos durante los días 14, 15 y 16 de junio de 1982 en Radio Nacional, Argentina Televisora Color (ATC) -y todas las emisoras integrantes de la cadena de radio y televisión- desde la Casa de Gobierno, y seguidos atentamente por millones de argentinos pero, a pesar de los anuncios, faltaba mucha información sobre los lugares en que los prisioneros tocarían territorio continental, sobre la cantidad de bajas reales o el estado físico de cada uno de los sobrevivientes.

Luego, con la llegada de los combatientes, se inició esa otra historia; una gran historia que escribió la gente común, el vecino que ni siquiera era familiar de los soldados que volvían y que comenzó a acompañar a esos ex combatientes que, a su vez, sentían y sufrían el abandono del Estado.

Esa “nueva historia” fue modificándose sistemáticamente, en muchos casos por el esfuerzo propio de los ex combatientes y hoy, a 41 años de una guerra que marcó su final un 14 de junio, pero que -concluido el momento bélico- no puede, ni debe, acallar el permanente reclamo por la ocupación inglesa de un territorio argentino.

El duro regreso

“Me preguntaron si podría verificar lo que yo viví personalmente, cuando comento que Comodoro Rivadavia no se enteró del desembarco de soldados argentinos heridos en su ciudad.

Me dolió que, la ciudad de Madryn y el gobierno de Chubut, recordara y homenajeara con mucha seguridad el desembarco de los prisioneros argentinos en su puerto, llegados en el barco Hospital inglés Canberra. Y a tal día lo llamaron con mucho honor “El día que Madryn se quedó sin pan”.

Mi madre la sra. Rosalinda Da Silva de Grau presidenta de la Cruz Roja Argentina filial Comodoro Rivadavia, vocal del consejo supremo y del Comité de la Cruz Roja Internacional para Sudamérica, me comenta que el miércoles 16 de junio de 1982, había tenido una reunión en el V Cuerpo de Ejército con base en el Comando de Comodoro Rivadavia, y en dicha reunión -con el General de Brigada Américo Daher, jefe del Estado Mayor del gobernador militar de las Islas Malvinas- habían organizado el desembarco de los heridos argentinos que venían en navegación desde la isla y tendrían que desembarcar en Comodoro Rivadavia el día viernes 18 de junio a las 5 AM.

Ella me pide ayuda ya que como miembro socorrista de la Cruz Roja de la Juventud de Comodoro Rivadavia podía juntar mis compañeros socorristas y voluntarios para dicho evento.

Sin tener idea de la magnitud de dicho desembarco me propuse ayudar. Mientras mi madre se conectaba vía teléfono-radio desde casa con los enviados del comité internacional que venían en los dos barcos y organizando todo hasta que amaneció jueves 17 de junio, le dije “madre tienes que ir a descansar un poco”, ella me dijo despertarme a las 11 AM que vamos hasta el Hospital Regional a pintar un Cruz Roja en un lugar predeterminado como helipuerto. Dicho trabajo se armó en lo que hoy es la Escuela de Arte, donde también se ubicarían ambulancias, unimog, camiones, camionetas y todo aquel vehículo que podría transportar camillas y soldados”.

Frente a Comodoro

“El día viernes 18 de junio de 1982, siendo las 5 AM se ubica a 40 millas de la costa frente al Hospital Regional de Comodoro Rivadavia, el ARA rompehielos Almirante Irízar convertido en barco hospital y el SS Canberra también hecho barco hospital por el gobierno de Inglaterra para la ocasión y supervisado por la Cruz Roja Internacional.

El ARA Almirante Irízar traía 308 soldados heridos del Ejército y 100 heridos de la Armada. Y lo más irónico fue que no se le autorizó amarrar en el puerto, siendo un buque argentino.

El desembarco fue con dos helicópteros con la insignia de la Cruz Roja; luego me entero que en el aeropuerto había 6 helicópteros de Aeronáutica, pero como estos estaban en disputa con el Ejército, vaya a saber el motivo, no lo prestaron para dicho operativo.

El desembarco que se podía hacer en un día, terminó durando dos tristes días.

Los ingleses no entendían nada, el buque hospital Canberra viajó con 4.172 prisioneros argentinos, soldados, suboficiales hasta el grado de Capitán y se le dio la orden de atracar en Madryn y no en el puerto de Comodoro Rivadavia. De los 4.172 prisioneros fueron desembarcados en Comodoro Rivadavia -en el helicóptero de la Cruz Roja Internacional- solo 72, que eran los heridos que venían en dicho buque.

Cada uno de los efectivos llevaban un brazalete con letras rojas indicando su nombre o estado de salud, dichos brazaletes fueron confeccionados por la Cruz Roja Internacional a bordo del Canberra y el Irízar.

En los dos días ingresaron al hospital 297 heridos, que se sumaron a los 451 pacientes de guerra que ya estaban internados desde el comienzo de la acción bélica.

Se colocan colchones en los pasillos. Los más graves a los que hay que operar de urgencia son atendidos inmediatamente, los que necesitan cirugías especiales son llevados al aeropuerto de Comodoro por las ambulancias y allí trasladados por un hércules a Buenos Aires.

También hay soldados con dermatitis, y pie de trinchera grado 1 y 2 trasladados al Hospital Militar de Km 8, al regimiento 9 de comunicaciones de km 3 y al hospital Alvear.

En el hospital Regional los casos de gangrena son atendidos por el traumatólogo doctor Mario Sanguinetti al que hago una mención aparte, este doctor salvó muchas vidas y amputaciones innecesarias.

En la Guardia del Hospital se asentó la base de médicos y enfermeros donde se derivaban de acuerdo al grado de necesidad que cada herido requería según el nivel de gravedad y el tipo de lesiones.

Mi madre conjuntamente con los superiores de Ejército y Armada, supervisaba los sectores donde serían derivados cuando llegaban a llenar su capacidad los hospitales.

“No te hagas el vivo”

“Yo con 19 años supervisaba a los socorristas que ayudaban, a trasladar a los heridos apenas el helicóptero tocaba tierra; en el mismo cabían dos camillas y dos miembros del ICR o seis soldados sentados dos miembros del ICR un piloto y copiloto del helicóptero. Estos eran llevados hacia la guardia o trasladados caminando o en camillas hacia la larga cola de ambulancias o vehículos improvisados como ambulancias.

También llevaba en un cuaderno la lista de nombres de los heridos y qué herida tenían, dónde también; escribía los casos por desnutrición de grado famélicos, en gran cantidad. Me acuerdo muchos casos de drogadependencia. Me contaban que eran porque les habían inyectado droga para que no tuvieran hambre y tomaran coraje en el combate.

Todo lo escribí, como una bitácora de guerra, me acuerdo del momento que se me acercaron al terminar el desembarco, dos civiles de inteligencia que se identificaron. Me tomaron el cuaderno y me arrancaron las hojas, con la frase “No te hagas el vivo; sabemos de vos y tu madre, si decís algo son boleta pibe”. La ironía del destino con el tiempo los crucé por otros motivos en Comodoro y en Rosario ciudad a la que luego me fui a vivir, tratando de olvidarme de todo.

Podría escribir un libro sobre lo vivido, contar sentimientos encontrados, broncas, pero solo recuerdo ese tiempo compartido con mi madre y solo puedo decir que me enorgullece haber tenido a esa mujer como madre. Que me llevó a grabar la Cruz Roja en el corazón” - Jorge Omar Grau.

El mayor dolor de la guerra

La terrible consecuencia de la guerra por Malvinas sigue estremeciendo hoy, a 41 años de aquel desigual enfrentamiento bélico, registrándose 649 soldados argentinos fallecidos, 255 británicos y tres civiles isleños durante los 74 días del conflicto militar, aunque, lamentablemente, las asociaciones de ex combatientes informan que “al menos otros 300 soldados argentinos se suicidaron en las últimas cuatro décadas”.

De acuerdo a los informes que se conocieron tras la contienda y ya durante el gobierno democrático del país, fueron más de 23.200 efectivos argentinos los que participaron en la guerra de los cuales, unos 1.200 resultaron heridos de distinta consideración.

Las Fuerzas Armadas de Argentina desplegaron 219 aviones y 15 barcos, con lo que se enfrentó a la fuerza naval más poderosa desde la Segunda Guerra Mundial y el saldo, en esa tremenda diferencia de capacidad de combate, el saldo fue terrible para nuestro país; la aeronáutica nacional reportó 60 aeronaves derribadas y la marina sufrió el hundimiento de tres embarcaciones.

En ese contexto, el hundimiento del crucero ARA General Belgrano fue el triste episodio que sumó mayor cantidad de víctimas, ya que, de los 1.093 tripulantes, 323 perdieron la vida: 321 militares y dos civiles.

Pese a ello y a fuerza de coraje y convicción en la defensa de la patria, los héroes de Malvinas, derribaron 11 aviones ingleses de última generación y hundieron dos fragatas, dos destructores, un buque de desembarco y un buque de carga a través del accionar de los pilotos de la aviación argentina.