Malvinas, coser las heridas
María Blanco es rosarina, cursó Bellas Artes en la Universidad Nacional de Rosario y su primera experiencia con el bordado fue a través de un trabajo para la facultad que le llevó más de un año confeccionar. Desde entonces, la pasión por el textil la atravesó y no dejó de bordar ni un solo día. “Cuando bordo me aparece una cosa detrás, una transformación, como estar en otro lugar. Me apasiona lo que hago, no puedo dejar de pensar en lo textil, que tienen textura, texto, piel”, cuenta María.
En su barrio conoció a Marcelo Calitri, quien estuvo 74 días en una trinchera con agua hasta los tobillos durante la Guerra de Malvinas. Una vez desembarcado en la Isla, Marcelo encontró una agenda vieja en un aserradero y la convirtió en un diario personal que atesoró escondido en su parca. Allí registró sentires y pesares; palabras de amor para su madre y sus amigos; el nombre de sus compañeros de trinchera, el menú diario y las obligaciones sin sentido que como soldados debían cumplir: afeitarse, mientras los atravesaba el hambre y frío. Finalizada la guerra, los despojaron de todas sus pertenencias.


30 años después del conflicto bélico, en 2014 en la inauguración del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur, desde la Cancillería se contactaron con Marcelo para avisarle que tenían algo para devolverle.
“Marcelo no le había contado a nadie de ese diario, pero había dejado escrita la dirección de la casa de su papá para que, ante cualquier suceso, se lo enviasen. Cuando lo recupera en la inauguración del Museo Malvinas, yo se lo pido para hacer un diario textil que después se transformó en otra cosa y quedó plasmado en la muestra “Archipiélago”. Me costó mucho leer el diario porque tiene cuestiones emocionales muy fuertes. Le habla mucho a su mamá, a sus amigos hinchas de Rosario Central, tiene un relato del día de su cumpleaños que es bastante desgarrador. Yo tenía 23 años cuando fue la guerra y me hizo revivir muchas emociones”, relata María Blanco.

-¿Cómo se pueden plasmar a través del bordado esas ausencias y emociones?, ¿a través de los colores, de las texturas, del tipo de punto que se utiliza?
-Lo hago como un juego porque cuando bordo, el bordado me atraviesa y es como jugar a la vida, incluso con temas tan dolorosos como Malvinas. En este caso, lo primero que hice fue el soporte para las Islas. Para mí las Islas están manchadas de sangre, entonces elegí una tela grande para el mar y a las Islas las bordé en rojo. Después empecé a trabajar con la parte en que habla de su mamá y de su familia, entonces bordé personajes representando a sus familiares. También hice a sus amigos en la cancha y después fui tomando textos, bordando palabras. En plena pandemia nos cruzábamos con Marcelo en la calle haciendo mandados y él me pedía que borde el menú de guerra. El menú de guerra era la polenta, los fideos, entonces jugué con los colores y el menú tiene el mismo color que el soporte, no se distingue, representando la ausencia de comida. Después seguí con los nombres de los 39 soldados que estaban en la trinchera. Marcelo escribió todos los nombres y los apodos, con eso hice 39 servilletas con un muñeco de civil y un soldadito, como en jardín de infantes. Y ahí vuelvo a jugar irónicamente con lo que les pasó a esos jóvenes y adolescentes que estuvieron 74 días sin salir de esa trinchera, apenas comiendo, sin bañarse, mojados por las lluvias. Me gusta elegir como soporte alguna tela especial y bordo con hilo macramé, utilizando diferentes puntos, juego con eso.
-¿Cómo se vincula el bordado y la memoria? ¿Qué se pone en juego en el acto de bordar a partir de una propuesta como las memorias de Malvinas?
-Para mí el textil es memoria, es pasado. Acá en Rosario pareciera que no hubiese textil, pero hay mucho y atravesado por la inmigración sobre todo. Mis abuelas bordaban carpetitas para la casa y en eso está presente la cuestión de memoria. Yo hice “Archipiélago” por esa necesidad de no olvidar, y en ese ejercicio de memoria, no separar la guerra de la dictadura cívico militar. Hubo mucho tiempo en el que nadie hablaba de Malvinas, ahora se volvió a hablar. Es eso, es no olvidar y mi forma de hacerlo es de esa manera, expresarme y recordar a través del bordado.

Sobre María Blanco:
En 2005 comenzó a cursar la carrera de Bellas Artes de la UNR, continuando luego con su formación en talleres y clínicas.
Su primera muestra individual fue en 2010, en el Museo y Archivo Histórico Municipal de Casilda.
En 2013 participó en el concurso del XI Congreso de Salud Pública del Bicentenario de la Provincia de Santa Fe, donde obtuvo el Segundo Premio en Escultura. En el mismo año fue seleccionada por el Fondo Nacional de las Artes.
Su producción textil se inició en 2015, convirtiéndose en la disciplina medular de su producción, a la que mostró en intervenciones y exposiciones como el Segundo Salón de Arte Textil del Centro del País en Río Cuarto, en 2018, y la Noche de los Museos en el Museo de la Ciudad de Rosario, durante la II Quincena del Arte de 2019.
En 2019, en el marco de los 50 años del Rosariazo, en el Museo de la ciudad realiza una producción llamada “Los puntos de la revuelta”.
Participa de un proyecto junto a Martín Churba en la apertura del Mercado de Frutos de la ciudad de Rosario.
En el 2020 en la biblioteca Estrada por el “Año Belgraniano”, lleva adelante una producción llamada “Hilvanando nuestro cielo”.
Participa de la muestra “Arqueologías de Duelo” curada por Nancy Rojas en la galería Subsuelo de Rosario.
En 2021 muestra en la Ex Esma con un trabajo virtual llamado “La que soy” mujeres disidentes y militancia.
Desde el 2020 participa en talleres coordinados con Nilda Rosenberg.