Historias de la guerra, a cuarenta años del conflicto bélico que marcó para siempre la historia argentina

Malvinas: La historia de un socorrista nacido en Comodoro que ayudó a decenas de soldados heridos

domingo 17 de abril de 2022
Malvinas: La historia de un socorrista nacido en Comodoro que ayudó a decenas de soldados heridos
Malvinas: La historia de un socorrista nacido en Comodoro que ayudó a decenas de soldados heridos

Jorge Omar Grau tenía apenas veinte años en 1982, cuando le tocó ser socorrista de la Cruz Roja durante la Guerra de Malvinas. Su madre fue una histórica del movimiento humanitario presente en todo el mundo, ocupando el cargo de presidente de la filial local por muchos años. En diálogo con Crónica, Grau contó su experiencia hace cuarenta años, cómo fue ser socorrista en aquel entonces y parte de la historia de su mamá, una mujer que quedó en la historia grande de Comodoro Rivadavia como una de las luchadoras más emblemáticas que tuvo esta ciudad.
Rosalinda Da Silva de Grau fue una mujer que, sin lugar a dudas, quedó grabada en la historia grande de Comodoro Rivadavia, uno de los puntos neurálgicos que tuvo la Guerra por las Islas Malvinas en el año 1982. En ese entonces, su hijo, Jorge, era un joven de apenas veinte años, la misma edad que tenían muchos combatientes que fueron sin pensarlo dos veces a las islas, a defender la soberanía argentina. El hombre que hace cuarenta años actuó como socorrista en la ciudad petrolera, brindó una entrevista a este diario y contó parte de su historia, recordando también a su madre, una férrea luchadora que batalló incansablemente para que, en el contexto que regía en ese entonces, el mundo fuera un lugar mucho más justo.

“Mi mamá fue presidenta de la filial local de Cruz Roja, vocal de Cruz Roja Argentina y vocal internacional. Detrás de ella hay una gran historia, detrás de todo lo que fue el conflicto bélico. Hubo mucha gente que trabajó incansablemente para solucionar ciertos problemas que se iban sucediendo a partir de la guerra. Mi mamá fue la primera persona en pelear para poder traer a los delegados internacionales, primero a Comodoro, para que se viera la situación de la ciudad, y después, en el momento del conflicto, más o menos por junio, mi mamá logró llevar a los veedores internacionales de Cruz Roja a las islas. Al principio, el gobierno argentino se negaba a esto, después se logró que aceptaran. Estando en Malvinas, la Cruz Roja logró ayudar a muchos combatientes. Después vino el desembarco de los heridos, eso se hizo con dos buques, el Almirante Irízar y el Canberra, que era un barco inglés”, recordó en primer término Jorge Omar Grau.
Grau es socorrista de la Cruz Roja. Durante su juventud, empezó a colaborar con la organización humanitaria que está presente en todo el mundo, y en determinado momento, decidió formarse y hacer cursos para volverse un profesional en la materia. Para ese entonces, su madre ya llevaba cincuenta años trabajando en la institución.

El recuerdo de Malvinas y la valentía de Rosalinda

El entrevistado recuerda vívidamente la Guerra de Malvinas. Pasaron ya cuarenta años de ese momento tan duro que tuvo que atravesar toda una sociedad, pero Jorge Omar Grau lo recuerda como si hubiera sido ayer. “Todo conflicto bélico, toda guerra, a un chico de diecinueve, veinte años, le destruye la cabeza. Yo recién después de muchos años pude contar algunas cosas que me pasaron en ese entonces, principalmente lo que fue el desembarco de los heridos argentinos. Mi cabeza era nueva en un montón de cosas. Desde chico, mi mamá me educó para situaciones extremas. Sin darse cuenta, uno en la cabeza acumula una gran cantidad de estrés, y la cabeza en un punto te termina estallando”, sostuvo.
“Mi mamá fue una mujer que luchó en un momento muy duro, luchó para sobresalir en medio de muchos hombres. En ese momento todavía estaba la dictadura militar, y ella se enfrentó a situaciones que, si uno las piensa hoy en día, dice ‘wow, qué valentía la de esta mujer’. Políticamente, ella no era aceptable, y cuando vos no sos políticamente aceptable, te convertís en un dolor de cabeza para ciertas personas. Imaginemos que, en ese momento, la cabeza del consejo supremo de la Cruz Roja tenía cuatro militares, cuando en realidad tendrían que haber sido civiles, porque la Cruz Roja es totalmente apolítica. En 1982, desplegamos alrededor de 7.000 voluntarios en todo el país. A mi mamá la llamaron antes de la guerra y le dijeron muy claro que iba a haber un problema grave. Fue una tarea complicada la nuestra. A mi madre no la querían, ella se enteraba de algunas cosas que pasaban en las islas, con los soldados, se enteraba de que los torturaban, y ella luchaba contra todo eso, entonces no la querían”, dijo sobre su madre el socorrista de la Cruz Roja.

 

El desembarco de los heridos y el recuerdo de los hombres que quedaron marcados para siempre por la guerra

En junio de 1982, a Comodoro Rivadavia y a Puerto Madryn llegaron los soldados argentinos que habían sido heridos durante la Guerra de Malvinas. Haber vivido eso en primera persona fue algo que marcó la memoria de Jorge Omar Grau a fuego, un recuerdo imborrable. La anécdota de un soldado que no quería abrir sus manos, el reconocimiento a Rosalinda Da Silva de Grau por parte de los heridos y el rol fundamental del Hospital Regional para atender a los soldados que llegaron malheridos desde las islas.

En el año 1982, la Cruz Roja Argentina envió a siete personas a las Islas Malvinas para cumplir una tarea humanitaria, esencial en cualquier guerra. El número trepó a quince voluntarios, entre los que trabajaban dentro del país y aquellos que estaban desplegados en las islas. Uno de esos voluntarios fue Jorge Omar Grau, que ayudó estando en Comodoro Rivadavia. “En ese momento se habían preparado los hospitales para recibir a los heridos. El hospital de Madryn era muy chico. Mi mamá tenía un contexto en el cual ella tenía que saber cuántos heridos podían traer y cómo se podía hacer eso. El desembarco pudo haberse hecho en un día, pero tardaron dos en hacerlo, se hicieron dos escalas. A las nueve de la mañana empezaron a desembarcar con dos helicópteros desde el Almirante Irízar. Este barco traía un helicóptero, y el Canberra traía dos. A su vez, hubo una situación política, en el aeropuerto había seis helicópteros argentinos que se podían haber usado, pero como la Fuerza Aérea se peleó con el Ejército, no se usaron”, recordó el socorrista de la Cruz Roja.
Los helicópteros que traían heridos, podían transportar a cuatro soldados sentados o traer dos camillas. A la ciudad de Puerto Madryn llegaron soldados, pero en su mayoría prisioneros de guerra, no heridos. La mayor cantidad de soldados heridos se concentró en Comodoro Rivadavia, donde el Hospital Regional tuvo una importancia superlativa, siendo uno de los centros de salud que más heridos atendió. “Algunos heridos eran llevados al Hospital Alvear, otra cantidad al Hospital Regional, también al hospital de campaña que se había montado en Kilómetro 8, y algunos otros eran llevados a los regimientos. Los de más gravedad, directamente eran enviados a Buenos Aires”, contó Grau.
“El socorrista de la Cruz Roja está preparado para atender psicológicamente a una persona. Estudiamos para entender la situación en la que está el herido, tratamos de estabilizarlo psicológicamente, por ejemplo, que esa persona no entre en shock, y a su vez, tratamos de ver de qué forma está herido y, obviamente, ayudarlo para que el momento sea lo menos duro posible”.

Las manos del soldado

Para dar cierre a la entrevista con este diario, Jorge Omar Grau recordó una anécdota que vivió con su madre y un soldado que había vuelto de las islas malherido. Este hombre, tenía un cuadro grave, ya que se encontraba descerebrado. Ni bien Jorge Grau lo vio, se concentró en lograr que el soldado estuviera lo más cómodo posible, ya que la situación era muy delicada. “La mayoría de los soldados que bajaban del Canberra venían con una frazada y una identificación de lo que podían llegar a tener, es decir, nosotros ya sabíamos de antemano si la persona estaba descerebrada, mutilada o cualquier otra cosa. Había muchos soldados que venían con una situación de grave estrés, mentalmente bloqueados. Recuerdo a un soldado con las manos cerradas, no había forma de que las abriera, estaba totalmente abarrotado, con las manos así. Este muchacho estaba descerebrado. Él podía caminar, recuerdo que mi mamá estaba a un costado, en una puerta que habían armado. Por ahí pasaban todos los que necesitaban cirugía”, rememoró el entrevistado.
“Yo a este muchacho lo estaba llevando hacia el Hospital Regional. Sabía que él estaba descerebrado y que había que tratarlo de otra forma, identificarlo y llevarlo a otro lugar. Cuando mi madre se acercó, él la vio y le dijo ‘mamá’. Cuando dijo eso, abrió sus manos, y adentro tenía una granada. Fue increíble, porque había logrado pasar a los mismos ingleses y llevaba una granada. Era impresionante la fuerza que hacía con sus manos. La granada todavía tenía la espoleta. Mi mamá le dijo ‘dámela’. Si esa granada no hubiese tenido la espoleta, yo no sé qué podría haber pasado”, concluyó.

Odone: “Los socorristas fueron héroes anónimos”

Susana Odone, presidenta de la filial local de la Cruz Roja, se refirió a la tarea que llevó a cabo en 1982 Jorge Omar Grau y destacó el noble accionar que tuvieron todos los socorristas de la institución en ese entonces. “Hicieron un trabajo muy arduo, tuvieron una preparación previa y las agallas que tenían que tener en ese momento histórico”, resaltó la entrevistada.
“Desde Cruz Roja queremos destacar la importancia que tuvieron los socorristas durante la Guerra de Malvinas, que la comunidad conozca esta tarea. Así como otras instituciones como Defensa Civil trabajaron durante la guerra, nuestra organización también tuvo una importante participación. Este año nos convocaron desde el barrio Rodríguez Peña por un homenaje para los civiles que trabajaron en esa época con los soldados heridos. Desde un primer momento, yo aclaré que los que tenían que ser homenajeados eran los socorristas”, expresó en primer término Susana Odone.
En esta línea de análisis, la entrevistada destacó la figura de Rosalinda Da Silva de Grau, la madre de Jorge Omar Grau, quien fuera la responsable de organizar el operativo para atender a los soldados que llegaban heridos desde Malvinas. “Me parece importante que la comunidad conozca esta historia, sobre todo los chicos. Tenemos que aprovechar que hoy tenemos todavía la posibilidad de contar con el testimonio de los socorristas que trabajaron en Comodoro. Los socorristas fueron héroes anónimos. Junto con Jorge, hubo muchos hombres y mujeres que trabajaron incansablemente. Ellos hicieron un trabajo muy arduo, tuvieron una preparación previa y las agallas que tenían que tener en ese momento histórico”, cerró Odone.