Postales de la ciudad
Sobre destapadores de cloacas y “otras hierbas”
Dicen que son tiempos con necesidades donde un trabajo por efímero que sea no debiera rechazarse. Aunque sea una “changa”, hay gente que se ofrece para lo que venga; desde limpiar patios, vender pastafrolas, churros, tortas fritas y ropa usada, todo viene bien para llevar un peso a la casa. También están aquellos que ofrecen sus servicios por las redes sociales y suelen venderse como “muy buenos”. Y ¿cómo saber si son buenos, mediocres o malos haciendo sus respectivos trabajos?
Si no gozan del prestigio que algunos ostentan por haber tenido publicidad “de boca en boca”, que es la mejor, es jugarse un número a la lotería y que el azar lo decida. Pero como para muestra basta un botón, en estas líneas se contará las penurias de un joven comerciante gastronómico ocurridas esta semana: se le habían tapado las cloacas del local comercial y urgía subsanar el problema, caso contrario, no podría disponer de atención al público en esas condiciones insalubres.
“Tipo una y media de la tarde llamé al primero de unos pocos que trabajan en el tema del destape de cloacas y me dijo que no había problemas, que estaría llegando tipo 4 de la tarde, esperé hasta las 5 y cómo no aparecía volví a llamarlo y ahí me dijo que lo lamentaba mucho, pero que le habían surgido inconvenientes y, lamentablemente, no podría venir a realizar el trabajo...” comentaría mucho después -y ya más calmo después del mal trago- el comerciante del rubro gastronómico.
Debió solicitar entonces el servicio de un segundo en la lista, aunque ya para esto eran las 6 de la tarde “En una hora estoy llegando” le manifestó este segundo postulante por vía telefónica. La cuestión es que pasaron dos horas sin que el hombre apareciera y tampoco contestara los reiterados llamados.
Ya el día parecía perdido. Ni los llamados a ocasionales amigos o conocidos que tuvieran alguien “de confianza” que lo sacara del apuro sirvieron.
Se llamó a un tercer hombre de esos que ofrecen el mismo servicio y otros adicionales. “En un rato voy” dijo el interlocutor desde el teléfono. Esta vez el trabajador a domicilio se hizo presente, aunque un poco tarde. Ya en el local comercial solo podían salvar las ganancias del día por pedidos a retirar o delivery, pero sin comensales en su interior. Resulta que el hombre no llevó todas las herramientas necesarias para realizar el trabajo y tras echar algunos vistazos prometió arreglar el problema a la mañana siguiente.
Así fue. Destapar los caños obstruidos demandó algo así como una hora y media. Clink caja y el módico pago de $ 12.000. Asunto solucionado y un problema menos.
Y a modo de reflexión pareciera que hay que darle la razón a aquellos optimistas con muchos recursos que suelen decir: “Acá en Comodoro no trabaja el que no quiere, trabajo hay de sobra, solo hay que buscarlo y no esperar que te llamen de una empresa petrolera, hay que salir a la calle que siempre aparece algo: un patio por limpiar, unas paredes por pintar, un jardín por arreglar cortando césped o podando árboles... o cloacas por destapar”...