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Treinta y tres años después: Emotivo reencuentro de exsoldados del Ejército en el Regimiento 8 de Comodoro

domingo 03 de octubre de 2021
Treinta y tres años después: Emotivo reencuentro de exsoldados del Ejército en el Regimiento 8 de Comodoro
Una foto que vale mucho: todos juntos después de treinta y tres años.
Una foto que vale mucho: todos juntos después de treinta y tres años.

Durante el transcurso de esta semana, en el Regimiento de Infantería Mecanizado 8 de Comodoro se vivió un emotivo reencuentro entre exsoldados que hicieron el servicio militar obligatorio en el año 1988, hace treinta y tres años. La gran mayoría vinieron desde Buenos Aires, especialmente para reencontrarse con sus camaradas, a quienes no veían desde hacía más de treinta años. En diálogo con Crónica, algunos de ellos contaron sus sensaciones por el reencuentro y valoraron la experiencia vivida hace tantos años. “El servicio militar es algo que te cambia para siempre”, coincidieron.

Año 1988. Comodoro Rivadavia. Un grupo de jóvenes, en su mayoría oriundos de Buenos Aires, están a punto de llegar a la ciudad petrolera para hacer el servicio militar obligatorio. El ambiente es algo inhóspito, el frío penetra dentro del cuerpo y congela hasta los huesos, claramente esto no se parece en nada a la metrópolis de la que muchos de esos soldados vienen. A partir de ahora, estos jóvenes tendrán que convivir con un montón de desconocidos, en un lugar de Comodoro llamado Kilómetro 3, en la curva del Chalet Huergo. Allí se encontraba la Compañía de Comunicaciones 9 (CACOM IX), el nuevo hogar de estos chicos de dieciocho años.

Pasaron más de treinta años desde que hicieron el servicio militar juntos. En ese entonces, el servicio era obligatorio, es decir que muchos jóvenes no podían optar entre hacerlo o no, como pasa hoy en día, al ser optativo. “La primera vez que nos vimos fue en Buenos Aires, yo fui hasta allá, era más fácil que viajara uno solo y no que vinieran todos a Comodoro. La ilusión máxima de esta reunión fue volver a las raíces del servicio militar, por eso la organizamos. Hace más o menos dos años que estábamos organizándola, en el medio estuvo la pandemia”, señaló Luis Enrique, uno de los gestores de la reunión.

“Hace treinta y tres años nos obligaron a venir a Comodoro, nadie quería venir. Hoy es distinto, porque el servicio militar es voluntario, antes no era así. Nosotros en ese momento nos queríamos ir. Es una sensación extraña, con el tiempo, hablás con tus amigos que no hicieron el servicio militar, o con los que lo hicieron en otro lugar, y no es lo mismo que hablar con una persona que lo hizo con vos. Me refiero a hablar con alguien que conoce al detalle todo, que sabe lo que comíamos, dónde dormíamos, quién era el bueno y quién el malo. Se te prende una luz y vuelven a aparecer los recuerdos que habían quedado dormidos”, sostuvo Sergio Bricco, uno de los cinco exsoldados que conversó con este medio gráfico. Cinco exsoldados y un suboficial mayor que en ese momento era cabo en el segundo año.

Luis Enrique fue uno de los gestores del reencuentro, treinta y tres años después. 

“Una experiencia de vida única”

Así definió Martín Maidana la experiencia vivida hace treinta y tres años en Kilómetro 3, cuando junto a un grupo de desconocidos tuvo que hacer el servicio militar obligatorio. “Creo que los chicos de ahora no tienen la oportunidad de conocer cómo fue lo que vivimos nosotros, que fue una experiencia de vida única. La mayoría de nosotros somos de Buenos Aires.

Cuando volvimos allá, tuvimos una vida de por medio. Empezar a conocernos más allá del servicio militar fue algo muy fuerte. Y reencontrarnos a través de redes sociales fue algo muy loco. Un día, de pronto un compañero me había contactado a mí y a otros más, éramos seis o siete. A la semana siguiente éramos veinte. Fue muy loco”, reconoció el exsoldado.

Abrazos que llegan directo al corazón

Carlos Fernández, otro de los entrevistados, se refirió a la parte más emotiva del reencuentro con sus camaradas de la Compañía de Comunicaciones. Con las lágrimas queriendo asomar en sus ojos, el hombre reflexionó acerca de la experiencia vivida hace más de tres décadas en Comodoro Rivadavia y planteó que “hay algo que después de treinta y tres años no tiene explicación.

Los abrazos no se pueden explicar. Uno podría estar con un compañero de trabajo durante el mismo tiempo y quizá no llegar a acercarse ni la cuarta parte de lo que nosotros nos acercamos. Nos conocimos en una situación anormal para el momento, nadie quería estar ahí. El abrazo que nos damos entre camaradas no es el mismo que uno podría darle a su hermano o su amigo, es algo único, no hay una explicación lógica, hay que vivirlo para entenderlo. Es un abrazo eterno, interminable”.

“Cuando uno educa bien, después ve los frutos de su trabajo”

Gaspar Oscar Alfredo no era mucho más grande que los soldados que hicieron el servicio militar obligatorio en 1988 en la Compañía de Comunicaciones de Comodoro. En ese entonces, estaba en el segundo año del primer grado de la carrera militar de suboficial, era cabo. Hoy, más de tres décadas después de haber vivido esa experiencia con esos jóvenes, se muestra orgulloso de los hombres que formó hace tantos años: “Me voy con el deber cumplido”, dijo a este medio gráfico.

“Egresé de la Escuela de suboficiales el 28 de noviembre de 1986 y tuve la oportunidad de elegir mi primer destino. Elegí la Compañía de Comunicaciones 9, que todavía no era mecanizada y estaba emplazada en Kilómetro 3. Hoy, después de treinta y seis años de servicio, puedo decir que lo que ellos lograron es algo muy lindo, inexplicable, no hay palabras para definirlo. Yo me voy con el deber cumplido. Somos una familia. Cuando uno educa bien, ve los frutos de su trabajo. Yo estoy donde estoy gracias a ellos”, señaló Gaspar Oscar Alfredo, hoy suboficial mayor del Ejército Argentino.

Gaspar Oscar Alfredo no era mucho más grande que los soldados a los que tuvo que brindar instrucción en 1988. Hoy dice que se va del Ejército con el deber cumplido.

“Uno tiene que querer ser soldado”

El suboficial mayor Alfredo envió un mensaje para las nuevas generaciones y destacó que, para ingresar a la carrera militar, por sobre todas las cosas, uno debe tener vocación. Abrazar las armas a veces puede significar encontrarse con algunos sinsabores, con lo cual, la persona tiene que estar preparada para eso. “El ser soldado es como toda profesión, uno elige lo que quiere ser.

Ser un soldado del Ejército Argentino es como cualquier otro trabajo, uno solo tiene que tener vocación de servicio y querer ser soldado. El Ejército te enseña muchas cosas, cosas que uno no aprende afuera. Hoy los chicos tienen otros valores, porque además les enseñamos otros valores. Pienso que todos ellos no tienen nada que agradecer, uno hizo lo que tenía que hacer, que es educar bien, y acá están los frutos”, cerró el suboficial mayor.

“Muchos éramos los ‘nenes de mamá’”

En el cierre de la entrevista, Leonardo Octavio Figueroa recordó el momento en el que se enteró de que tenía que hacer el servicio militar obligatorio. El exsoldado de la Compañía de Comunicaciones recordó con humor los rumores que en ese momento se instauraban en torno a la experiencia de hacer el servicio militar y reflexionó a más de treinta años de estas vivencias. “Te llenaban la cabeza con historias que no eran verdad. Te decían que la ibas a pasar mal, que te llevaras la peor ropa porque te la podían robar, todas cosas que eran mentira. Muchos nos fuimos de nuestras casas siendo los ‘nenes de mamá’. Éramos los que no hacíamos la cama, los que no comíamos la polenta de mamá porque tenía poco queso. Cuando llegamos acá, el primer día no quisimos la polenta, al segundo día la rascábamos un poco, y al tercer día, directamente se había convertido en caviar”, dijo entre risas Figueroa.

“Para mí fue algo fundamental haber hecho el servicio militar. Yo era el único varón de mi familia y el más grande, mi mamá me tenía entre algodones. Cuando llegué acá, me encontré con que tenía que planchar y lavar mi ropa, bañarme con otros 130 monos en tiempo récord, es decir, no era la misma comodidad que tenía en mi casa. Nos fuimos de acá hechos hombres, o casi.

Me acuerdo que cuando terminó el servicio todos llorábamos. La camaradería que logramos formar es algo único, hoy los abrazos son interminables, es algo inexplicable”, cerró el entrevistado.

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