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“Hay que inyectarse cada día de fantasía para no morir de realidad”

lunes 20 de septiembre de 2021
“Hay que inyectarse cada día de fantasía para no morir de realidad”

El panorama social desborda de desechos exteriores e interiores, como un río crecido que va arrastrando lo que encuentra a su paso dejando destrucción en su camino.

El viciado aire comunitario se ha tornado irrespirable. La confusión generalizada se mantiene en alza y el despropósito constante va diseñando los planos de la endeble construcción comunitaria.

No alcanzan las palabras para definir la angustiosa situación en que está sumergido el pueblo. Tampoco son necesarias. Los hechos hablan por sí mismos y son, por lo demás, elocuentes.

La irracionalidad que envuelve los aconteceres diarios se ha transformado en un jeroglífico inentendible pero, también, en una constante con visos de normalidad que señala nuestra condición, mostrando, además, entre guiones, los límites transgredidos que impiden la posibilidad de revertir la situación en que nos encontramos.

Para donde quieran circular los pasos sociales, se encuentran con frenos que impiden el desarrollo, el crecimiento, el bienestar.
“Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”. Nuestra realidad parece nutrirse de este brebaje conformado por la mezcla indigesta de los que perdieron la vergüenza y los que perdieron el respeto.

Decía Lichtemberg que: “Todo hombre tiene su trasero moral que no muestra sin necesidad y que cubre mientras puede, con los calzones de la buena educación”. Tanta falta de educación desfila a toda hora y en todo momento por los andariveles cotidianos, que debe ser por eso que van quedando al descubierto tantos “traseros morales”.

Lo que se oculta no puede silenciar ni invisibilizar lo que queda expuesto desafiando los sentidos: lo que no se ve “se palpa”, se “huele”, tiene “mal gusto” o se escucha como un “run run” que avanza corporizándose de boca en boca...

¡El trago amargo de la realidad servido generosamente en raciones cada vez más abundantes!

Jacques Bossuet afirmaba que: “Donde ninguno manda, mandan todos. Donde todos mandan, nadie manda. Es el caos”.
Dentro del caos diario me pregunto: ¿quién puede establecer los paréntesis que enmarquen un espacio para salvaguardar la poca cordura que va quedando? ¿Qué brújula puede guiar a los autoexiliados de la absurdidad?

Finalmente terminamos siendo, o pareciéndonos bastante, a habitantes del “mundo roto” del que hablaba Gabriel Marcel, donde el hombre termina siendo funcional a las funciones que desarrolla y tratado, finalmente, como una función...

Sin embargo, el andar comunitario, como un trompo monótono y repetitivo, gira una y otra vez su más de lo mismo... Y así, en un amplio abanico de atropellos de todo tipo, se va incubando el germen de las desdichas cotidianas. Como si un desorden espontáneo aflorara con cada paso que damos, con cada palabra que decimos, con cada actitud que manifestamos... Como constantes potenciadores de circunstancias adversas, como cercenadores de tantas oportunidades que se ven malogradas, desperdiciadas, ante el avance de la ignorancia y la falta de conciencia...

Seguramente ello es inevitable debido a que, como decía Concepción Arenal: “Pocas cosas desmoralizan más que la injusticia hecha en nombre de la autoridad y la ley”.

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