Cinco jóvenes de la Universidad diseñaron un rover que será enviado a la luna
El equipo de veinte jóvenes argentinos ganó el concurso Open Space y su robot llamado “RoverTito” será enviado al satélite para realizar tareas de investigación entre 2024 y 2025.
Un equipo de jóvenes diseñó un rover que fue seleccionado por el programa mundial “Open Space” para ser enviado a la luna a realizar tareas de investigación. El grupo llamado “Spacebee Technologies” es interdisciplinario y está conformado por veinte personas de distintas provincias, entre los que encuentran cinco comodorenses, egresados y estudiantes de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
Se trata de Sol Maldonado Betanzo (ingeniería electrónica), Santiago Núñez (ingeniería electrónica y analista programador universitario), Cecilia Belén Laskowski (ingeniería civil), Nicolás Herrera (licenciatura en biología), y en la última semana se sumó al grupo el estudiante de geología Ariel Galleguillo.
En diálogo con Crónica, Laskowski y Núñez comentaron sobre el rover, el equipo de trabajo, cuáles fueron sus aportes al proyecto y cómo continúan tras ser declarados como ganadores del certamen.

RoverTito ganó la competencia
Open Space es un programa espacial creado por Satellogic y Academia Exponencial que propone certámenes con el objetivo de incentivar a los jóvenes a insertarse en la industria aeroespacial. El concurso lanzó su segunda edición en octubre del año pasado, donde propuso a menores de 25 años de todo el mundo realizar diferentes proyectos, entre ellos el diseño de un “Moon rover” que no pese más de 2 kilos.
El equipo de jóvenes argentinos llamó a su creación “RoverTito”, en marzo quedaron en la semifinal y el 6 de agosto salieron ganadores entre los tres proyectos finales, por lo que se llevará a cabo la creación del robot y está previsto que sea enviado a la luna en los próximos años.
En este sentido Laskowski comentó que: “ese mismo día nos comentaron que habíamos sido seleccionados, a partir de ahora la idea es que el proyecto siga desarrollándose con la ayuda de Open Space y otras empresas relacionadas al ámbito espacial” y agregó que está previsto que “entre 2024 y 2025 este proyecto se haga realidad y sea llevado a la luna”.
El espacio para todos
En la portada del sitio web que diseñaron -www.spacebeetech.github.io- se puede leer “Nuestro objetivo es llegar al espacio y hacerlo accesible para las generaciones futuras”, y en este sentido Núñez destaca que “yo ni sabía que existían este tipo de competencias, le falta difusión así que hicimos la página web para difundir y que otros jóvenes también se animen a participar”.
Para estudiantes y profesionales de la zona desarrollarse en la industria aeroespacial podría parecer imposible, en su caso, el futuro ingeniero cuenta: “siempre me llamó la atención el espacio y la tecnología, seguía el aterrizaje de cohetes, pero nunca me imaginé, uno lo tiene como algo muy lejos, imposible. Es más cuando Sol se contacta conmigo y me cuenta que está este desafío, yo dije: yo que voy a poder aportar, no es que sé mucho de esto; y en el camino aprendimos un montón de cosas” valoró.
Laskowski: “El objetivo del Rover Tito es encontrar agua en estado sólido y tubos de lava”
El objetivo del rover es explorar el ambiente de la luna para determinar si es viable la vida humana en el lugar, teniendo en cuenta que es un punto estratégico para acceder al espacio, está a tres días de la tierra y hay posibilidad de realizar lanzamientos todos los días.
La ingeniera Cecilia Laskowski explicó que: “el objetivo del Rover Tito inicialmente es encontrar agua en estado sólido y tubos de lava” para lo cual utiliza métodos geofísicos.
En este sentido señala que debe encontrar posibles reservorios de agua para usar como combustible de naves espaciales y de recarga de tanques de oxígeno, y localizar la ubicación de los tubos de lava y su geometría para futuros asentamientos humanos, sobre esto último aclara que “los tubos de lava permitirían que se asienten los hábitats lunares, porque de esta manera estarían protegidos los humanos de lo que serían los agentes externos presentes en la luna”. Como misiones secundarias se encuentra el relevamiento de las temperaturas, la radiación ionizante y la irradiación solar.
Realización de pruebas
Crearon un primer prototipo con fondos aportados por el programa Open Space y próximamente deben realizar otro más cercano al rover real, al respecto Laskowski explicó: “los chicos que están en Bariloche desarrollaron un prototipo que costó alrededor de 300 dólares para ver si funcionaba. Con lo básico, no es que el rover real vaya a salir 300 dólares, pero analizaron si el movimiento y las dimensiones eran adecuadas y si los elementos elegidos, electrónicos y mecánicos, eran adecuados para que el rover cumpliera sus funciones”. Además dos geólogos viajaron a La Pampa a una región donde hay tubos de lava y así comprobaron que era posible llevar a cabo parte de los métodos geofísicos utilizados.
“Las pruebas que se hicieron fueron preliminares, ahora hay que pulir el diseño y hacer otro tipo de análisis sobre un prototipo más avanzado, para que realmente se verifique que funciona” aclaró.
Características del rover
El rover tiene un diseño modular, compacto y ultra low-cost, que le permite adaptarse a distintos ambientes y terrenos. Además, cuenta con sistemas de comunicación LoRa y WiFi, que le permite comunicarse con otros rovers formando un “enjambre” y trabajando en red. Sus componentes electrónicos son, en su mayor medida, COTS (commercial of the shelf), lo que permite abaratar costos. Tiene la posibilidad de ser telecomandado a distancia o de ser autónomo, utilizando técnicas de SLAM, path planning y deep learning.
Núñez: “estamos muy contentos con todo el desarrollo que hicimos”
Entre los integrantes del equipo Spacebee Technologies hay ingenieros de diferentes espacialidades, geólogos y diseñadores. En principio, la iniciativa fue de la comodorense Sol Maldonado, quien tras recibirse de ingeniera se asentó en Bariloche donde estudia una maestría en el Instituto Balseiro. Ella junto a su pareja y otros compañeros tuvieron la idea de participar en el certamen de Open Space y fueron convocando al resto de los jóvenes.
Santiago Núñez expresó que “el grupo que se armó es muy bueno, bien variado, con distintas áreas de conocimiento, algunos que ya trabajan en la industria aeroespacial o están haciendo maestrías” por lo que destacó que se genera un importante intercambio entre los miembros.
También contaron con la ayuda de distintos especialistas a través del mismo programa, Núñez explica que “Open Space nos abrió puertas a distintos mentores, gente de la industria aeroespacial y otras personas que nos fueron ayudando y dando información, eso estuvo bastante bueno”.
Núñez aportó en comunicaciones y electrónica
En el caso de Núñez cuenta que: “Sol me contactó a mí, que nos conocemos de la Uni, y ahí me sumé al proyecto con ellos. Yo estudio ingeniería electrónica y analista programador, cuando fuimos avanzando en las distintas etapas fuimos variando pero más que nada estuve en la parte de comunicación: hacer un análisis de las comunicaciones que utilizaría el rover y algunos cálculos de qué distancia podrían alcanzar. Después estuve en la parte electrónica y desarrollé la página web para mostrar un poco el proyecto a la comunidad”.
Laskowski trabajó en los hábitats lunares
Por su parte, Laskowski que es ingeniera civil estuvo a cargo de diseñar los espacios donde vivirán las personas: “inicialmente habíamos pensado en colocar los hábitats lunares sobre la superficie de la luna, pero después haciendo más investigación encontramos que hay mucha radiación, hay un tema de impacto de meteoritos y variación muy amplia de temperatura.
Entonces vimos que existían los tubos de lava, que son espacios abiertos subterráneos en donde se podrían colocar los hábitat lunares” explicó. Además comentó que “en la última parte mi rol fue ver la estabilidad que tenían estos tubos de lava, ver si los mismos se iban a derrumbar o no, y en función a eso determinar si va a ser posible construir ahí adentro”.
Trabajo voluntario
Cabe destacar que el proyecto es un trabajo voluntario y no remunerado, por lo tanto los participantes debieron combinar su dedicación al rover con sus respectivas obligaciones laborales, académicas y familiares.
Teniendo esto en cuenta, Núñez expresa: “estamos muy contentos con todo el desarrollo que hicimos, y los jurados también remarcaron el nivel de detalle al que habíamos llegado”.