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Una mirada interna

“Cuando alguien se envuelve consigo mismo, el paquete que resulta es muy pequeño”

lunes 02 de agosto de 2021
“Cuando alguien se envuelve consigo mismo, el paquete que resulta es muy pequeño”

La multiplicidad de voces surcando el panorama diario, superponiéndose las unas con las otras, en un choque tan frontal como improductivo en tantos casos, se ha transformado en la marca en el orillo de una realidad donde cada vez son más los que desean hablar y cada vez son menos los que desean escuchar.
Las soluciones parecen estar en la punta de cada lengua y las velocidades para dar cátedra, sobre lo que sea, da fe de pensamientos que no han sido pasados por el tamiz del razonamiento, ni por el filtro del criterio ni la prudencia.
¡Van quedando pocos espacios para apreciar a los pensamientos lúcidos y lucidos! Parecería que hemos sido invadidos por un maleficio que ha transformado a grandes mayorías en “discurseadores compulsivos” sin tener las herramientas para ello ni haber adquirido “el sustento” que posibilite expresar una idea con los argumentos para sostenerla, compartiéndola desde el respeto a los demás y la tolerancia a la diversidad.
El “intercambio de ideas”, en tantísimos casos, se ha transformado en un choque de ideas, cuyo sentido no es intercambiar puntos de vista para mejorar cada uno a través de su resultado beneficioso y productivo, sino imponer lo que uno sostiene como “su verdad” a los otros y donde el ganador de esta lamentable y funesta esgrima verbal resulta el que grita más fuerte…
Tal vez, a la luz de los hechos, sería buen momento para cerrar la boca de tantas “verdades propias”, tan inútiles como ofuscantes para el resto, y aquietar las aguas comunitarias reemplazando la verborragia de los sabelotodo de turno por otras palabras que descompriman el agotador panorama cotidiano… que ofrezcan calma a los oídos permitiendo recomponer el ánimo. “No sé”, creo que sería un excelente punto de partida para comenzar un camino de búsqueda personal y social, un acto de sinceridad, de humildad y de grandeza, reconocer que no se sabe algo y buscar su conocimiento. Dejar hablar a los que saben de cada tema por haber estudiado sobre los mismos, a los que conocen un oficio por haberlo ejercido. Creo que reconocer la propia ignorancia, en cualquier nivel, con el escueto “no sé”, sería un gran desintoxicante social y el motivo para ir a aprender lo que se ignora manteniendo, mientras tanto, la boca cerrada absteniéndose de dar cátedra desde la ignorancia.
Hubo una época donde eran las personas las que jerarquizaban los cargos, y no a la inversa. Donde las actitudes meritorias, sostenidas en el tiempo, otorgaban honorabilidad y daban credibilidad, solamente al que se hacía merecedor a ello.
Lamentablemente comenzaron a hacer furor los blá blá prometedores de esto, aquello y lo otro y, junto a ellos el convencimiento de que con una voz potente -que si posibilitaba gritar, mucho mejor- se podía ir ascendiendo por los peldaños de la espalda social y ganar “altura”.
Así se dio ese fenómeno extraño, pero tan difundido, donde grandes mayorías aspiran al espejismo de esas “alturas” actuales a las que se llega no por la elevación de los méritos propios, sino por el descenso de los otros.
Qué razón tenía Mafalda cuando afirmaba: “Dicen que el hombre es un animal de costumbre, más bien de costumbre el hombre es un animal”.

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