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Jeremías Asencio, El baile de la gambeta

lunes 05 de abril de 2021
Jeremías Asencio, El baile de la gambeta
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Los errores son para aprender, no para repetirlos. Jeremías Asencio convivió con las equivocaciones y aprendió de ellas. Su talento dentro de la cancha lo llevó a otro país, donde vive su sueño junto a su familia. Hoy es el representante de una ciudad y el orgullo de un barrio, su querida Floresta.



(Por Facundo Paredes) Jeremías Asencio nunca se separó de La Floresta. Ni La Floresta de él. La relación se parece a un matrimonio. Hay amor, pero también odio. Lealtad y engaños. Elogios y reproches. Pasión y frialdad. Por momentos, los sentimientos disminuyen (nunca desaparecen), pero en cada reencuentro se manifiestan a flor de piel. Y justamente ahí, en ese estado de éxtasis, es cuando comienzan las dudas.

El barrio de La Floresta está ubicado en las alturas de la ciudad, en las raíces del Cerro Chenque. Es decir, mira a todos desde arriba. Entre los vecinos conviven el trabajo y la delincuencia, como también la tierra y el asfalto. Sin embargo, lo que prevalece y une es la pelota.

Asencio es hijo de La Floresta. Allí nació, creció, aprendió y se equivocó. Tiene 25 años y es jugador de Deportes Puerto Montt, club de la Primera B de Chile, la segunda división del fútbol trasandino. También es hincha de Huracán de Comodoro Rivadavia y fanático de Los Halcones, el equipo que representa a su barrio. Su habilidad y destreza dentro del campo de juego lo convirtieron en uno de los mejores futbolistas de la ciudad. Todos sabían que su talento era -y es- de otra categoría. Hasta él mismo. Sólo era cuestión de tiempo, buenas decisiones y suerte.



¿Te imaginabas este presente?

La verdad es que no. En mi vida hice cosas malas en las que estoy arrepentido y sinceramente pensaba que no iba a poder vivir de esto. Hoy estoy agradecido y feliz porque vivo del fútbol, tengo un contrato profesional, que es lo más lindo que hay. Dios me dio otra posibilidad de grande y me di cuenta de varias cosas, por eso ahora estoy tratando de disfrutarlo a full.

¿A qué te referís con las “cosas malas”?

Dejé de jugar a la pelota y comencé a hacer huevadas que no estaban ligadas al fútbol. Nada más. Estoy arrepentido. Lo bueno es que siempre volvía a una cancha y ponía las cosas en orden.

¿Por eso es que tuviste varios idas y vueltas con Huracán?

Claro. Además de eso, también me iba de Huracán por una locura mía de jugar en Los Halcones, el equipo de mi barrio. Yo quería jugar con mis amigos. A ellos los iba a ver siempre en la liga de barrios, soy muy hincha. Dejaba Huracán, donde desaproveché muchas oportunidades y muchos años de mi carrera, y me iba a Los Halcones. Después me di cuenta que tenía que jugar en Huracán si quería llegar a algo con el fútbol.

¿Qué tiene de bueno y qué tiene de malo el jugador de barrio?

Lo bueno es el coraje. El pibe de barrio nace con picardía y no tiene miedo de ir a trabar o a chocar. Tampoco le da lo mismo perder o empatar, siempre quiere ganar y tirar para adelante. Eso le pasa a la mayoría. Después todo saben lo malo que tiene el barrio, la joda, la junta y las malas decisiones. Está en uno si lo quiere tomar o no.

La cancha, los botines y la pelota son parte de la familia Asencio. Jeremías mamó el fútbol de chico y vio a su hermano Franco convertirse en jugador profesional en la Comisión de Actividades Infantiles. Coincidencia o no, Jeremías dio sus primeros pasos en el “Azurro”. Allí realizó las divisiones inferiores, donde comenzó a formarse como futbolista. En 2010, el Sub 15 de CAI se consagró campeón a nivel nacional con Jeremías como figura en las instancias decisivas (Trinidad de San Juan y Godoy Cruz de Mendoza).

Ese equipo de jóvenes promesas, dirigido por Víctor Doria y Mario Amado, estaba integrado por Luciano Cabral, exjugador de Argentinos Juniors y Atlético Paranaense de Brasil, y Fabio Vázquez, actual futbolista de Sarmiento de Junín, dos de los ejemplos que llegaron al profesionalismo.

Luego de aquella coronación, Asencio se incorporó a Argentinos Juniors por medio de un convenio, a préstamo con opción de compra, entre la institución comodorense y el club de La Paternal. Del semillero de la Patagonia al semillero de la Argentina.

¿Cómo fue tu experiencia en Argentinos Juniors?

Estuve poco tiempo. Alcancé a jugar un par de partidos de titular y después otros de suplente. Vivía en la pensión, fueron meses nada más. Después me volví por problemas que ahora me arrepiento. Ya está… Cuando llegué a Comodoro no quería jugar más a la pelota, estaba negado y hacía cosas que no tenían nada que ver.

Ahí es cuando te sumás a Huracán, ¿no?

Sí. Yo todavía no había fichado ni nada. Iba todos los domingos a ver a Huracán con mis amigos del barrio, sabía que algún día iba a jugar. Una vez fui a una especie de prueba y me dijeron que me quedara. Me acuerdo que estaba con “Coco” Gaitán, que siempre lo recuerdo porque hicimos tremenda dupla dentro de la cancha. Yo tenía 16 o 17 años, no me acuerdo bien. Igual a veces dejaba un tiempito y después arrancaba a full. Fue lo más lindo jugar en el “Globo” por la gente y por cómo se viven los partidos. Estoy muy agradecido con Huracán por todos esos años.



En Huracán resaltaste por tus condiciones y el fútbol comodorense comenzó a preguntarse por qué no dabas un salto a otra categoría. ¿Cómo convivías con esa presión?

Es verdad. Igualmente, yo no lo tomaba muy a pecho porque sabía que no podía vivir del fútbol. Era bastante difícil en un ambiente amateur como el de Comodoro. Asique bueno, a veces no iba a entrenar y solo iba a jugar. O a veces me iba a jugar al futsal, aunque me lo prohibían. Yo decía: “¿por qué me van a prohibir el fútbol de salón si yo no vivo de esto?”. Nunca me dediqué de lleno. Mi idea era conseguir un laburo estable y ganar bien. Antes era más difícil salir de allá, ahora es mucho más fácil. Cuando vi que este año varios chicos de Huracán pasaron al Federal A (tercera división del fútbol argentino) me puse contento. Antes, por más que metas un buen campeonato, no te veían las otras categorías. Y lo que me pasó a mí no pasa siempre. Te digo la verdad, estaba lejos de venirme a Chile a jugar profesionalmente. Llegué justo con 24 años. Hoy juegan pibes de 18, 19 y 20 que vuelan, no los podés agarrar, por eso los clubes buscan jugadores jóvenes.

A principios de 2020, Jeremías tuvo la oportunidad que tanto esperaba. La propuesta de Deportes Puerto Montt le llegó a través de Fernando Méndez Chiquelli, representante de jugadores e intermediario en transferencias. En un principio, le comunicaron al delantero comodorense que su pase estaba cerrado. Sin embargo, cuando arribó a Chile, se enteró que no era verdad. La llegada del entrenador Jorge Aravena al “Velero” favoreció a Asencio, dado que el director técnico aceptó que él esté a prueba durante un mes. En enero del año pasado demostró su calidad futbolística y, al mes siguiente, firmó su primer contrato profesional, además de obtener la doble nacionalidad por sus abuelos chilenos y gracias al trabajo del consulado en Puerto Montt.

“Cuando salió lo de Chile, mi hermano Franco me aconsejó mucho. Me dijo que pruebe, total no iba a perder nada. Él y mis hermanos (Yanina, Jessica, Valentina y Darío) confiaban en mí. Tengo una buena relación con todos, siempre me apoyaron”, agrega Jeremías.

Franco Asencio fue uno de los mejores jugadores que tuvo la CAI en la Primera B Nacional. Además del “Azurro”, Franco jugó en Los Andes, Gimnasia y Tiro de Salta, Santiago Wanderers y San Luis de Quillota (ambos de Chile). Él y Jeremías fueron hasta rivales en el clásico de Comodoro Rivadavia entre Jorge Newbery y Huracán por un torneo federal. Franco jugando para el “Lobo” y Jeremías para el “Globo”.

¿Qué recordás de la etapa de Franco como futbolista?

Me acuerdo que siempre lo íbamos a ver con mis primos, nosotros éramos chicos. La cancha se llenaba, venían grandes equipos a la ciudad. Siempre lo admiré por su juego. Acá en Chile aún lo recuerdan. Me tocó estar con compañeros y rivales de él, cuando Franco estuvo en Santiago Wanderers. Lo conocían y hablaban muy bien de él. También el entrenador Jorge Aravena, él lo dirigió a Franco y fue mi DT en Puerto Montt. Siempre hablo con Franco. Al igual que con mis otros hermanos, mi mamá y mi papá. Eso me ayuda a estar acá, siempre estoy pendiente de lo que pasa en Comodoro.

¿A quién prefiere Aravena dentro de la cancha? ¿A tu hermano o a vos?

No me dijo -ríe-. A Franco lo hacía jugar en otro puesto. Igual se acordaba bastante de él, es muy buen entrenador.

¿Fue brusco el cambio de Comodoro a Puerto Montt?

La verdad es que sí. Acá me tienen cortito con la alimentación, me miden, me pesan, me dan dietas. Uno siempre quiere mejorar, por eso me cuido. Obviamente que extraño los asaditos y los tercer tiempo -ríe-, pero sé que este el camino si es que quiero seguir progresando. También voy aprendiendo de todo, porque comparto con distintos jugadores que son re estrictos con sus estados físicos.

Anteriormente comentaste que te equivocaste en algunas cuestiones. ¿Hubo un momento en el que cambiaste el chip?

Uno fue cuando nació mi hijo Ian, que tiene 9 años. Fui papá muy joven, como a los 16. Viste que te conté que había dejado el fútbol un par de veces. Ese fue uno de los motivos. En Comodoro era más lo que me faltaba que lo que me sobraba. En ese tiempo no tenía fe ni esperanzas de llegar a algo en el fútbol, pero gracias a dios pude salir adelante. Ahora estamos felices, tranquilos, y aprendiendo a vivir en otro país. A Ian le gusta mucho el fútbol. Eso nos pone muy contentos con mi señora Tatiana porque es una experiencia nueva para los tres. Y el otro momento fue cuando apareció esta propuesta de Chile. Yo me preguntaba qué iba a hacer de mi vida y de repente salió la posibilidad. No podía desaprovecharla. Cuando llegué acá ya me cambió la cabeza al cien. Es otra vida. Cuesta, pero hay que cuidar lo bueno que uno tiene. La meta es estar varios años acá. La gente es muy amable y te trata cariñosamente.

¿Tu hijo toma dimensión de que ya sos jugador profesional?

Sí, sí. Él me pregunta todo. Se da cuenta de todo. Mira fútbol todos los días, se engancha mucho. Además tiene buenas condiciones, lo importante es que le gusta. Es fanático de Huracán y de River. Y también de Matías Suárez.

¿Hay diferencias entre el fútbol argentino y chileno?

Acá es difícil al igual que el fútbol argentino. Se corre, se mete y es muy táctico. De a poco voy aprendiendo diferentes cosas y movimientos dentro de la cancha. Ahora como hay director técnico nuevo (Felipe Cornejo) hay que volver a acomodarse y adaptarse a otra idea. Mi idea es mantenerme y después pegar el salto. En diciembre se me termina el contrato en Puerto Montt, por eso mi desafío a corto plazo es hacer números (goles y asistencias) en este campeonato, tratar de jugar lo más posible.

Hace unas semanas publicaste en las redes sociales que te contagiaste del Covid-19. ¿Cómo te encontrás ahora?

Me agarró en Santiago, porque estuve en Buenos Aires y ahí me hice el test. Me dio negativo. Cuando entré a Santiago estuve una noche en el aeropuerto porque tenía pasaje por la mañana. Ósea me quedé desde las 23.30 hasta las 8 AM. Creo que ahí me lo habré agarrado porque cuando llegué a mi casa ya estaba con los síntomas. Tuve casi todos los síntomas, volé de fiebre y estuve en cama por dos o tres días. El test me lo hice al séptimo día y me dio positivo. Después me dejaron 14 días aislado, así que estuve más de 20 días encerrado. Me costó bastante, porque cuando volví no había hecho nada en las vacaciones. Sufrí muchísimo, los chicos estaban en plena pretemporada, esa semana llegaba temblando a mi casa -ríe-. Ahora estoy bien, con todas las ganas para que comience el torneo. Este fin de semana jugamos la primera fecha contra Copiapó.



El jugador argentino viene de abajo, del potrero, y resalta por su hambre de comerse el mundo. Salir del barrio es difícil. No cualquiera lo logra. Las tentaciones se mezclan en todos los ambientes. Para nada son exclusivas de una clase. Ni para el pibe que anda sin zapatillas, ni para el empresario de traje y zapatos. Asencio convivió entre el acierto y el error. Y gracias a esa inestabilidad, maduró. Hoy es el representante de una ciudad y el orgullo de un barrio. Sabe que no puede desperdiciar otra oportunidad y que sólo depende de él. Gambetear para ahuyentar la muerte y cambiar la suerte.

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