Ajedrez

Faustino Oro afrontará una partida que puede cambiar la historia

Con apenas 12 años, Faustino Oro vuelve a sentarse frente al tablero con una responsabilidad inmensa: ganar o postergar el sueño. Este jueves, desde las 6 y en la última ronda del tradicional Aeroflot Open, en Moscú, el prodigio argentino buscará una victoria que lo deposite directamente en los libros grandes del ajedrez mundial.
jueves 05 de marzo de 2026

El desafío no es menor. Deberá imponerse con piezas negras -siempre una exigencia extra- frente al ruso Aleksey Grebnev, un gran maestro con 2621 puntos de Elo, más de cien por encima de los 2516 que ostenta el joven talento. En términos ajedrecísticos, esa diferencia representa un escalón entero de categoría. Una misión de altísima dificultad. Pero si algo ha demostrado Oro en este torneo es que la presión no lo desordena.

 

Un torneo de madurez

 

Desde las primeras rondas mostró un plan que le está dando grandes resultados, con aperturas seguras, estructuras sólidas y una progresiva acumulación de pequeñas ventajas. Sin estridencias. Sin fuegos artificiales innecesarios.

La derrota en la sexta ronda pudo haber alterado cualquier planificación. En un torneo de esta magnitud, un traspié suele arrastrar nervios y apuros. Sin embargo, Oro no cambió el libreto. Mantuvo la calma y la coherencia de su juego.

En la séptima partida, nuevamente con negras ante el indio Mandar Pradid Lad, obtuvo una posición equilibrada desde la apertura. Por momentos pareció que el empate sería inevitable, un resultado insuficiente para sus aspiraciones. Pero bastó un descuido del rival para que el argentino activara un ataque preciso contra el rey enemigo y definiera la partida con contundencia.

Casi sin tiempo para celebrar, volvió a sentarse frente al tablero para disputar la octava ronda.

Con piezas blancas frente al azerí Shiroghlan Talibov, maestro internacional de 2431 Elo, Oro volvió a apostar por su fórmula: evitar complicaciones innecesarias y conducir la partida hacia un final ligeramente favorable.

Allí apareció uno de los rasgos que empiezan a definir su identidad ajedrecística: confianza absoluta en su técnica. Centralizó el rey, avanzó los peones del flanco de rey y fue ejerciendo presión sin prisa, pero sin pausa. Talibov resistió cuanto pudo, pero terminó cediendo ante una posición que se fue deteriorando de manera casi imperceptible.

Dos victorias consecutivas lo devolvieron a la pelea. Y lo dejaron a una sola partida de una marca histórica.

 

El récord en juego

 

Si logra la victoria en esta última ronda antes del 11 de marzo, Oro superará el récord vigente de precocidad en la obtención del título de Gran Maestro, hoy en poder del estadounidense Abhimanyu Mishra, quien alcanzó la máxima distinción con 12 años, 4 meses y 25 días.

El argentino, apodado desde hace un buen tiempo como el “Messi del ajedrez”, no solo compite contra rivales de elite; también lo hace contra el calendario.

El escenario añade un componente extra. Jugar con negras implica reaccionar primero a las intenciones del adversario. Y hacerlo frente a un gran maestro de más de 2600 puntos exige precisión casi quirúrgica.

Sin embargo, más allá del resultado final, el recorrido ya es extraordinario. A los 12 años, Oro no solo disputa de igual a igual un abierto de la magnitud del Aeroflot en Moscú; además lo hace con un plan, con sangre fría y con una comprensión estratégica que asombra incluso a los especialistas.

Si gana, hará historia inmediatamente. Si no lo consigue, el título llegará de todos modos, probablemente en cuestión de meses. Su proyección es demasiado sólida como para dudarlo.

Este jueves no será simplemente una ronda más. Será una prueba de temple y de madurez competitiva. Un examen que, cualquiera sea el desenlace, confirma que el ajedrez argentino tiene ante sí a una figura llamada a marcar época.