De Montevideo al IPEEC-CONICET en Puerto Madryn: El científico uruguayo que estudia la historia evolutiva de las lagartijas argentinas
Su vínculo con estos animales comenzó mucho antes de convertirse en científico. Nacido en una zona rural ubicada a unos 30 kilómetros de Montevideo, desde muy pequeño tuvo contacto con anfibios y reptiles. Esa fascinación lo acompañó durante toda su vida y finalmente orientó su formación profesional hacia la biología evolutiva.
Villamil estudió la Licenciatura en Ciencias Biológicas en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, realizó una maestría en Zoología y posteriormente un doctorado en la misma área. A lo largo de su trayectoria fue incorporando distintas herramientas para estudiar la evolución, desde la genética tradicional hasta aproximaciones genómicas.
Su llegada al ámbito científico argentino comenzó durante la maestría. Al estudiar una especie de lagartija distribuida en Uruguay y Argentina, comenzó a colaborar con los investigadores del IPEEC-CONICET Luciano Ávila y Mariana Morando. Desde 2016 realizó distintos muestreos y viajes por ambientes áridos del norte argentino. Aquella colaboración, que se sostuvo durante años, terminó convirtiéndose también en una puerta de entrada a la Patagonia.
Actualmente, Villamil desarrolla su posdoctorado en el IPEEC-CONICET. Trabaja con cuatro especies del género Liolaemus —L. multimaculatus, L. riojanus, L. rabinoi y L. cuyumel— que habitan ambientes arenosos de distintas regiones de Argentina. Su investigación busca reconstruir cómo los cambios ambientales ocurridos durante los períodos glaciares e interglaciares influyeron en la historia y diversificación de estas poblaciones.
Durante el último año, además, realizó una estancia académica en la Universidad Federal de Paraná, en Curitiba, Brasil. Allí se incorporó al Laboratorio de Evolución de la Diversidad Zoológica, dirigido por el biólogo evolutivo Fabricio Domingos. Como parte de un proyecto regional entre Argentina, Uruguay y Brasil, trabajó sobre nuevas metodologías para delimitar especies mediante algoritmos de aprendizaje automático.
La experiencia le permitió incorporar herramientas que podrían aplicarse a investigaciones desarrolladas en el IPEEC, especialmente frente al creciente volumen de información genómica disponible para estudiar la evolución de las especies.
Aunque lleva años recorriendo la Patagonia, Puerto Madryn todavía conserva para Villamil algunas semejanzas inesperadas con su ciudad natal. Ambas son ciudades costeras y la rambla madrynense le recuerda a la de Montevideo. También encuentra similitudes en la forma de ser de sus habitantes y, curiosamente, en la presencia de expresiones musicales uruguayas.
La diferencia más evidente está en el paisaje: Montevideo es una ciudad mucho más arbolada y húmeda, mientras que Puerto Madryn le mostró desde el comienzo un ambiente mucho más seco. Hoy, ese paisaje patagónico es también el escenario donde Villamil continúa estudiando una de sus grandes fascinaciones desde la infancia: los reptiles.