Innovación

Científicos del INTA desarrollan un film compostable para carne vacuna que conserva igual que el plástico y no deja residuos

Desarrollado junto al INTEMA a partir de biopolímeros, el material fue probado durante siete días en góndolas refrigeradas y demostró mantener intactos el color, la terneza y la inocuidad del alimento sin utilizar envases contaminantes.
miércoles 29 de julio de 2026

En el ámbito de la industria cárnica, el embalaje cumple un papel esencial al proteger el alimento de agentes contaminantes, disminuir la evaporación de agua y preservar los atributos físicos, microbiológicos y organolépticos que condicionan su calidad. No obstante, las consecuencias ambientales derivadas del empleo de materiales plásticos descartables impulsan la búsqueda de alternativas con mayor sostenibilidad.

Con la premisa de hallar soluciones, un grupo de profesionales pertenecientes al INTA Balcarce, al INTA Anguil y al Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales (Intema) analizó la viabilidad técnica de láminas compostables biobasadas, diseñadas con la finalidad de sustituir a los recubrimientos plásticos habituales en el empaquetado aeróbico de la carne.

Al respecto, la investigadora Testa señaló: “Estos nuevos materiales están formulados a partir de polímeros biodegradables que pueden degradarse biológicamente bajo condiciones de compostaje, transformándose en biomasa, dióxido de carbono y agua sin dejar residuos”.

Ensayos de conservación en góndola refrigerada

Durante el desarrollo de la prueba, las piezas obtenidas fueron fraccionadas dentro de recipientes y cubiertas mediante dos opciones: un film convencional fabricado en PVC y una envoltura compostable. Posteriormente, las muestras permanecieron por un lapso de siete jornadas en exhibición aeróbica bajo refrigeración e iluminación, replicando el contexto habitual de una góndola comercial.

A lo largo de esa ventana de tiempo, los científicos midieron la firmeza del color, la destreza de la estructura para regular el paso de gases y prevenir la oxidación, la firmeza ante bajas temperaturas y humedad, sumado al comportamiento de los valores fisicoquímicos y microbiológicos de la carne.

Las mediciones ratificaron que la envoltura compostable ofreció un rendimiento equivalente al del plástico tradicional, manteniendo la aptitud de la materia prima a lo largo de todo el período de almacenamiento.

“El desarrollo y la validación de films compostables a escala de laboratorio responden a la necesidad de garantizar que el nuevo material mantenga los altos estándares de conservación, frescura e inocuidad que la carne exige durante su vida útil”, remarcó Testa.

En esa línea, la especialista añadió que la adopción de estos componentes “representa un avance significativo para la modernización de la cadena cárnica” y brindará a los sectores de procesamiento y empaquetado la posibilidad de reducir sustancialmente el desecho de plástico, respondiendo a las exigencias actuales de los mercados.

Utilización de subproductos en el esquema de nutrición bovina

El ensayo integró además una segunda variable dirigida a fortalecer la sustentabilidad en la cadena de producción: la adición de granos de destilería secos (GDS), un derivado proveniente de la elaboración de bioetanol a base de maíz, dentro de la dieta del ganado vacuno.

La experiencia contrapuso los parámetros de la carne de vaquillonas terminadas exclusivamente sobre pasturas de alfalfa frente a la de animales que recibieron suplementación con GDS en una proporción del 1 % de su peso vivo.

Los GDS constituyen un subproducto generado a lo largo del procesamiento del maíz para bioetanol, configurándose como una variante para aprovechar desechos agroindustriales dentro de los establecimientos ganaderos. Según detalló Testa, las hembras suplementadas registraron un espesor superior de grasa dorsal y una inclinación hacia un marmóreo más acentuado, dos elementos que benefician la tipificación comercial de las reses. En paralelo, la inclusión de este insumo no alteró variables tecnológicas determinantes, como la superficie del ojo de bife, el pH final, la temperatura de la res ni la terneza evaluada mediante fuerza de corte.

En lo relativo a la presencia visual, la carne derivada de los animales suplementados presentó una tonalidad roja de mayor intensidad y brillo al comienzo de la etapa de conservación. “Si bien el color no altera el valor nutricional del alimento, constituye el principal atributo que considera el consumidor al momento de evaluar la frescura en el punto de venta”, aclaró la profesional.

A modo de cierre, Testa concluyó que la investigación evidencia la factibilidad de avanzar hacia una ganadería más sustentable a través de enfoques integrados. “Abordar la sostenibilidad de manera sistémica permite integrar la nutrición animal, el aprovechamiento de subproductos agroindustriales y el desarrollo de nuevos materiales para el envasado sin comprometer la eficiencia ni la calidad del producto”, finalizó.