El "ladrón silencioso"
Glaucoma: la enfermedad que roba la vista sin dar síntomas ni aviso previo
El Día Mundial del Glaucoma se celebra cada 12 de marzo en todo el mundo, en este contexto expertos subrayan la relevancia de efectuar chequeos oftalmológicos regulares para diagnosticar a tiempo esta patología que no presenta síntomas y representa la mayor causa de ceguera a nivel global.
El peligro de una dolencia silenciosa
El glaucoma es una afección del nervio óptico —encargado de transmitir las señales visuales al cerebro— considerada una enfermedad silente, capaz de derivar en ceguera si no es detectada oportunamente. En el marco de la Semana Mundial del Glaucoma, que se celebra entre el 8 y el 14 de marzo, los especialistas hacen hincapié en la necesidad de controles oftalmológicos rutinarios.
Se calcula que más de 80 millones de personas en el mundo conviven con este padecimiento, aunque cerca del 50% de los afectados ignora su diagnóstico debido a la ausencia de síntomas en las fases iniciales. En Argentina, la situación muestra un alto nivel de desconocimiento: el 50% de la población no sabe qué es el glaucoma y la misma proporción nunca se ha medido la presión ocular, a pesar de que la enfermedad impacta en más de un millón de argentinos, afectando al 6% de los mayores de 40 años y al 10% de los mayores de 70.

El Dr. Gabriel Bercovich (M.P. 12.089), oftalmólogo especialista en glaucoma y vicepresidente de la Asociación Argentina de Glaucoma (ASAG), describió la patología como crónica y progresiva, la cual daña el nervio óptico provocando una pérdida gradual del campo visual. "El problema es que generalmente no da síntomas, no duele y no da señales tempranas, por lo que muchas veces llegamos tarde al diagnóstico cuando ya el daño es irreversible", advirtió el especialista.
Prevención y factores de riesgo
La incidencia de esta afección ocular se incrementa con el paso de los años, motivo por el cual se sugiere realizar un control anual a partir de los 40 años, o antes si existen factores predisponentes como diabetes, antecedentes familiares, miopía o hipermetropía alta, o presión intraocular elevada.
Anahí Lupinacci (M.N. 107.784), médica oftalmóloga especialista en glaucoma y subjefa del servicio de oftalmología del Hospital Universitario Austral, señaló que no se debe esperar a presentar síntomas, dado que el objetivo es realizar el diagnóstico previo a cualquier alteración notada por el paciente. "Actualmente existen opciones de tratamiento efectivas, como gotas que reducen la presión ocular, que permiten preservar la visión cuando la enfermedad se detecta a tiempo o láseres", añadió. Los profesionales recalcan que quienes ya cuentan con un diagnóstico deben someterse a revisiones periódicas, mínimo una o dos veces al año, manteniendo un seguimiento de por vida para asegurar la calidad visual.

La presión ocular como factor clave
La Dra. María Angélica Moussalli (M.N. 80.561), oftalmóloga del Hospital Italiano de Buenos Aires, explicó que en Argentina el 40% de la población no se ha controlado la presión ocular en los últimos cinco años. "El principal factor de riesgo para esta enfermedad ocular, está dado por la presión intraocular elevada y esto lastima al nervio óptico. Si no se trata, el daño continuo sobre el nervio puede conducir a defectos del campo visual, discapacidad visual y hasta ceguera", detalló.
De acuerdo con la experta, los valores normales de presión ocular oscilan entre 10 mmHg y 21 mmHg, por lo cual cifras superiores podrían indicar la presencia de la enfermedad. Moussalli enumeró los distintos tipos de glaucoma: congénito, juvenil, del adulto de ángulo abierto o cerrado, y secundario (originado por traumatismos o el uso de corticoides). El más habitual es el primario de ángulo abierto, que suele manifestarse a partir de los 35 o 40 años. En este sentido, es fundamental solicitar durante el control anual un examen de detección que incluya toma de presión, curvas diarias, fondo de ojos y revisión del nervio óptico mediante campo visual.
Finalmente, si se confirma el diagnóstico, el objetivo terapéutico es controlar la presión intraocular para frenar la progresión del daño. Las alternativas incluyen desde gotas de aplicación diaria y láseres hasta cirugía incisional, siendo esencial cumplir estrictamente con los horarios de medicación y los controles médicos indicados.
Con información de NA.