Hazaña inédita y polémica en Santa Cruz
Tres alpinistas completaron el primer salto BASE desde el cerro Fitz Roy
El cerro Fitz Roy, reconocido mundialmente como uno de los desafíos más imponentes para el alpinismo, fue el escenario de una proeza sin antecedentes documentados el pasado 7 de enero. Un equipo de tres escaladores de origen ruso, identificados como Boris Egorov, Vladimir Murzaev y Konstantin Jäämurd, logró realizar el primer salto BASE desde la cumbre de este gigante de granito de 3.405 metros. Los protagonistas, integrantes del colectivo Dirty Climbers, permanecieron un mes en la zona esperando las condiciones climáticas adecuadas para llevar adelante su plan.
El ascenso por la vía Royal Flush
Para alcanzar el punto de lanzamiento, los deportistas optaron por la ruta conocida como Royal Flush, ubicada en la cara este de la montaña. Este trayecto es considerado de alta dificultad técnica, con paredes verticales que oscilan los 1.250 metros. La expedición demandó tres jornadas de ascenso ininterrumpido en las que el equipo debió cargar con el equipamiento especializado para el salto, lo que incrementó la complejidad de la escalada.
Durante la travesía en la pared, contaron con la colaboración de los estadounidenses Will Fazio y Zach Dreher, quienes compartieron suministros y lugar de campamento, además del apoyo logístico de Ilya Kull. Egorov destacó que eligieron esta vía por ser el camino más directo hacia la zona de salida prevista, contando con la orientación del guía argentino Rolando Garibotti, quien les facilitó información visual del sector ideal para el despegue.

Detalles de un vuelo histórico
La maniobra de descenso consistió en un salto BASE —acrónimo que refiere a saltos desde edificios, antenas, viaductos o tierra— utilizando trajes de alas (wingsuit) y paracaídas. Según el relato de los propios protagonistas, el salto se produjo desde un punto ubicado aproximadamente 300 metros por debajo de la cima absoluta, donde las ráfagas de viento y la visibilidad permitieron una ejecución segura.
Boris Egorov, quien empleó un traje de seguimiento (tracking suit), describió la vivencia como “una pared enorme, una ascensión de varios días y una nueva e impresionante salida. Una organización perfecta. Tuvimos verdadera suerte ganada a través de la experiencia de toda una vida”. El deportista precisó que el vuelo tuvo una duración de 2 minutos y 40 segundos, seguidos de otros dos minutos planeando con el paracaídas abierto hasta aterrizar en el glaciar situado al pie de la montaña.

Antecedentes y marco legal
Aunque en el macizo se registran vuelos en parapente desde finales de la década del 80, no existían registros de saltos BASE desde la cumbre del Fitz Roy hasta esta oportunidad. El equipo ruso ya contaba con experiencia en la región, habiendo replicado en 2020 el salto que Valery Rozov realizó en 2008 desde el Cerro Torre.
A pesar del impacto deportivo a nivel internacional, la actividad generó debate debido a que el salto BASE no es una práctica autorizada dentro de la jurisdicción del Parque Nacional Los Glaciares. La normativa vigente prohíbe este tipo de disciplinas de alto riesgo por razones de seguridad y conservación, lo que sitúa a la hazaña en un terreno de controversia entre la vanguardia deportiva y el cumplimiento de las leyes locales. Como único saldo material negativo, el grupo informó la pérdida de una mochila que cayó en una grieta durante las maniobras y no pudo ser recuperada.
Con información de Tiempo Sur y Planet Mountain.