Recuperar el orgullo

domingo 23 de febrero de 2025
Recuperar el orgullo
Recuperar el orgullo

Por Martín Gómez
(
Concejal de PRO Comodoro, Presidente PRO Chubut, Politólogo UBA y Docente)

 

Que podríamos ser Dubai y no lo somos, que diferentes administraciones nacionales fueron inequitativas y abusivas en la relación aportes/retornos de nuestros recursos y que nos ningunearon políticamente desde el poder central una y otra vez, entre otras cosas y más allá del grado de certeza en esas afirmaciones, ya lo sabemos. Nos hemos referido en otro artículo reciente y publicado en el aniversario del día del petróleo sobre qué deberíamos hacer con el “uso del pasado” para actuar en lo que viene y concluimos en que nada se puede hacer más que intentar no repetir los errores, agradecer a los que hicieron posible que estemos nosotros en estas latitudes y mirar hacia el futuro. Muchas veces es difícil esquivar la nostalgia en estas fechas pero es un ejercicio necesario. Las redes sociales estarán repletas de imágenes y relatos del pasado. Esas historias que se cuentan sobre lo que ha sido Comodoro y lo que debería ser, no intentan lograr una representación fiel sino más bien establecer una identidad moral. Quizás sirvan para saber sobre cuales esperanzas nos podemos permitir y cuales debemos dejar de lado. Pero estas líneas toman el otro camino, entendiendo que podemos y tenemos mucho más que hacer por esta senda y se meten en la exclusividad del futuro. La premisa central es que lo importante está en lo que viene. El futuro de Comodoro es lo que tenemos que pensar y encarar.

En términos históricos 124 años son muy pocos, apenas 31 mundiales. Sin embargo en ese recorte temporal se puede hacer una ciudad. Es un lugar común decir que todas las ciudades tienen particularidades pero también que se parecen en muchas cosas. En el caso de Comodoro la cosa cambia bastante. La enorme mayoría de sus rasgos son únicos: características geográficas y sociales tan raras como maravillosas, forjada a base de una inmigración ininterrumpida proveniente de todos lados, petróleo, el “qué barato” del comodorense fuera de Comodoro y el “es todo caro” del límite de Escalante para adentro, entre otras cosas.

A modo de inventariar y segmentar dimensiones de la vida comodorense, desde la dirigencia política tenemos muy pocos ejemplos para sentirnos orgullosos. Todo el orgullo comodorense, es decir aquellas cosas en las que nos reconocemos y por las que sentimos aprecio han surgido desde la sociedad civil y no desde el estado:  cientos de destacados deportistas, emprendedores de todos los rubros, pymes de excelencia que agregan valor hasta ingenieros investigadores contratados por la nasa.

La sociedad civil comodorense es talentosa, emprendedora y solidaria. En consecuencia la distancia y el desinterés en la relación con sus dirigentes políticos es razonable. El sentimiento generalizado es que la dirigencia política y, por añadidura el estado municipal, han hecho muy poco en estos 124 años por mejorar la calidad de vida de los comodorenses en contrapartida a lo realizado por los ciudadanos. En este sentido, la ciudadanía ya no espera casi nada de “la Muni” y de la dirigencia política. Simplemente se conforma con que no entorpezca el desarrollo privado de cada uno. Tolera su existencia como algo irremediable, como toleramos a algunos familiares indeseados en una ceña navideña solo por respeto. Desde ese justificado desaliento y desinterés hay que empezar a caminar. A esa enorme porción de ciudadanos, el orgullo de ser comodorenses les resulta imposible, y no le encuentran el más mínimo sentido a la participación en la conversación pública, siquiera en la instancia electoral. Esta lucidez ciudadana, fundamentada en no haber encontrado resultados concretos producto de la relación entre presupuestos municipales abultados y  el estado de la infraestructura general de la ciudad los lleva a no compartir ninguna esperanza comodorense que dependa en alguna medida de sus dirigentes políticos.

La gran deuda pendiente de la democracia comodorense es su eficiencia: el estado municipal no sólo que no soluciona los problemas más importantes que tuvo y que tiene que solucionar sino que los potencia.  Por supuesto que no es un problema de exclusividad local pero sí es un problema que se debe comenzar a trabajar a nivel local.

Como dijimos al inicio, la frase nostálgica de nuestro folclore sobre la falla estructural e histórica más representativa sin dudas es “Comodoro debería ser Dubai”. En rigor, siempre hay exageraciones e inexactitudes en estas sentencias  populares comparativas pero el sentido es claro: la convicción comodorense de que no somos lo que deberíamos haber sido.

Esto dispara la búsqueda de las causas del fracaso y suelen ser dos dimensiones las explicativas: corrupción política y apatía ciudadana. No es necesario acudir al rigor metodológico para concluir en que el sentido común acierta. Pero como ya lo hemos manifestado anteriormente - es el punto central de este artículo- la utilidad del uso del pasado debe pensarse en términos de aprendizaje sin suspicacias nostálgicas.
Lo que tiene que importarnos es que la ciudad está por hacerse, por mejorarse lo ya bien hecho por el esfuerzo y sacrificio de miles de hombres y mujeres que nos antecedieron en estas tierras. Claro que esto revela una insatisfacción con el presente, una crítica con el pasado pero ponemos el foco en lo más importante: la esperanza de solución. A pesar de los desaciertos que impidieron todo lo que no fuimos, debemos, ciudadanía e -impostergablemente- dirigencia política, dejar de ser espectadores. Parafraseando a Rorty, en la comparación  de nuestro sentimiento como ciudad con lo que le sucede a un ser humano: sin autoestima es imposible el desarrollo de una persona sin orgullo comodorense es imposible desarrollar nuestra ciudad. Una actitud de esperanzas constructivas con el porvenir sostenida por este orgullo.

Una dimensión interesante para pensar esto es el contraste entre contemplación y acción que venimos repitiendo. Ya todos sabemos cuáles son las cosas sobre las que hay que ponerse a hacer. Podemos darle una especie de moratoria a los miles de diagnósticos académicos, partidarios, periodísticos y empresariales sobre las necesidades de la ciudad que, un poco más un poco menos, tienen denominadores comunes básicos. Esos que creen que cuanto más abarcador y novedoso sea el aparato conceptual más eficiente será el diagnóstico. Tenemos que dejar de pensar que diagnosticar es más importante que actuar y como comodorenses sacarnos el rol de comentaristas o espectadores de los problemas de nuestra ciudad.

A lo largo del tiempo la dirigencia política comodorense no ha podido hacer dos cosas al mismo tiempo: mejorar el funcionamiento del estado municipal y gestionar los recursos que nos corresponden. Es hora de actuar. La principal acción política que debemos llevar adelante es la que hizo posible el desarrollo de la ciudad: facilitar las oportunidades para que los jóvenes talentos encuentren en Comodoro una posibilidad de futuro. Para esto no necesitamos de ningún líder mesiánico ni de un ser humano de hierro con superpoderes que encamine los destinos de nuestra ciudad. Ni conceptos grandilocuentes, verdades reveladas y absolutas para mejorar la vida cotidiana. Necesitamos de la sencillez democrática y su lenguaje simple, amigable y abierto.  Necesitamos que los comodorenses tengan las condiciones para desarrollarse libremente. ¿Qué importan nuestras diferencias, en comparación con lo que tenemos en común como comodorenses? Es una pregunta que ni condena ni destaca el orgullo de ser diferente pero que resulta útil para pensar y trabajar en el futuro de nuestra ciudad. Claro que los ejercen el poder deberían ser los primeros en considerar todo esto.

Debemos recuperar el orgullo comodorense antes que cualquier otra cosa.  Se supone que amamos nuestra ciudad por lo que es: con sus virtudes y oportunidades y con sus miserias. Debemos ser leales a un Comodoro soñado. Una ciudad que se sueña pero que está al alcance de la mano humana a lo largo del tiempo. Debemos insistir en que el proyecto de ciudad está inconcluso y que tenemos mucho que mejorar. Sin oportunidades no hay orgullo. Sin orgullo no hay ciudad. Recuperemos el orgullo.