Desapareció hace más de 30 años cuando salió a “comprar cigarrillos”: Lo encontraron ayer en General Conesa, Río Negro
Una de las tantas personas que figuraban como desaparecidas en Comodoro Rivadavia en la década del 90 y comienzos del siglo XXI fue detectada e identificada en las últimas horas por la Brigada de Búsqueda de Personas residiendo en la localidad de General Conesa, en Río Negro. Fueron 30 años de silencio absoluto e, incluso, con conjeturas de un presunto homicidio que finalmente y tras más de 6 lustros, fue develado por la Policía del Chubut tras un minucioso trabajo investigativo.
Crónica en la memoria
Crónica fue uno de los que más siguieron los casos de personas desaparecidas en aquellos tiempos -entre hombres, mujeres y niños- y en uno de aquellos escritos se reseñaba lo siguiente del hombre encontrado en las últimas horas: “… También a mediados del '95, la misteriosa desaparición del técnico electrónico Adolfo Enrique Sandoval Farías (32) que una noche salió con lo puesto desde su casa en calle Alfredo Adjuar del barrio Máximo Abásolo diciéndole a su ex mujer “Ya vengo, voy al kiosco de la esquina a comprar cigarrillos". Y nunca más se tuvieron noticias.

Meses después desaparecería de la misma forma un adolescente de 16 años, hijo del técnico electrónico, de quien tampoco se supo nunca nada. Por aquellos tiempos, vecinos de la cuadra donde residían los desaparecidos dejaron entrever macabras sospechas sobre lo que podría haber ocurrido con padre e hijo, aunque las investigaciones nunca llegaron a buen puerto” publicaba este diario, entre otras notas referidas al caso como la que ilustra el recuadro.
Lo encontraron en Río Negro 28 años después
Desde la Brigada de Búsqueda de personas de esta ciudad actualmente a cargo de la oficial principal Daniela Millatruz han realizado una revisión de todas las causas de personas desaparecidas, aunque con muchísimas dificultades ya que los desaparecidos en las dos últimas décadas del siglo XX ya no figuraban en archivos y debieron recorrer y hurgar en cada dependencia policial de la zona para recabar datos. Fue un trabajo de hormiga que, al menos en este caso, epilogó positivamente.

Es así que el día miércoles 20 del corriente mes partieron en un móvil policial la oficial principal Daniela Millatruz junto al sargento Emanuel Peña y la cabo 1ro. Brenda Treuquil en un móvil policial rumbo a la localidad rionegrina de General Conesa. Tenían una dirección en la calle Sarmiento del barrio Bomberos de aquella ciudad y un hombre a buscar y, en lo posible, identificar: Adolfo Enrique Sandoval Farías, el hombre que había desaparecido de su hogar en barrio Máximo Abásolo una de las noches de entre el 10 y 15 de febrero de 1993 diciéndole a su entonces pareja: “Voy hasta el kiosco de la esquina a comprar cigarrillos y regreso”. Tenía 32 años, era técnico electrónico de la entonces firma “Radio Lineros” y ni siquiera sus compañeros de trabajo supieron nunca de él.
Treinta años después la oficial principal Daniela Millatruz y sus subalternos llegaban a una dirección con esperanzas de encontrar a la persona buscada. El hombre ya sexagenario les abrió y los atendió con mucha amabilidad y dijo ser la persona que buscaban. El service electrónico Adolfo Enrique Sandoval Farías confirmó que se trataba de la persona buscada y que hace muchos años atrás había residido en Comodoro y que por desavenencias con Nelci Isabel, quien era su esposa por entonces y porque “estaba cansado” se fue de la casa tomando su campera para no regresar nunca más, yéndose de la ciudad, ni avisar a dónde se marchaba ni volviendo a tener comunicación alguna con ningún familiar. Incluso, y para constatar la veracidad y ponerle epílogo a la historia, el hombre accedió voluntariamente a confeccionarse fichas dactiloscópicas que le hicieron en una comisaría de Conesa.
Se informó del acontecimiento a todas las autoridades judiciales. Tras los trámites pertinentes, el hombre regresó a su casa a seguir su vida normal, y la comitiva policial comodorense pegó la vuelta a la capital del petróleo, seguramente satisfechos por haber encontrado una aguja en el pajar.