domingo 4 de diciembre de 2022
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En la cima del coloso Pico Oneto

Por Alejandro Aguado / Texto e ilustración
domingo 20 de noviembre de 2022
En la cima del coloso Pico Oneto

Llevaba 21 años recorriendo los alrededores de Pico Oneto de forma intermitente, motivado por la curiosidad de conocer el paisaje. El Pico Oneto propiamente dicho, se trata de un afloramiento rocoso que corona la cima de una gran montaña terrosa, situada en una especie de cuña entre la costa este del lago Colhue Huapi y el curso inferior del río Chico. Se eleva a pique por sus caras norte y oeste, y desciende formando un faldeo en declive hacia el este. Con sus 845 metros de altura sobre el nivel del mar, se aproxima a los más altos del centro sur de Chubut. Lo que lo destaca del entorno es que al situarse solitario entre mesetas planas y abiertas (mesetas Pelada, de los Guanacos, Vaca, y del Castillo) y tierras más bajas (Valle Hermoso y depresión del valle de Sarmiento), se lo observa desde los cuatro puntos cardinales, desde decenas de kilómetros de distancia. Es como un faro, o un mojón de referencia para guiarse en la inmensidad. Por ejemplo, cuando se viaja en avión y se está por aterrizar en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia, en la costa atlántica, su silueta se destaca a más de 100 kilómetros de distancia. A una distancia similar se lo identifica observando la distancia desde las cimas de mayor altura de la cara oeste de la sierra de San Bernardo.

Es una antigua chimenea de un volcán surgido unos 65 millones de años atrás, desvestido de su cobertura terrosa por acción del clima. El paisaje circundante alterna altas montañas con crestas y paredones de rocas, con pequeñas planicies y bajos, y profundos cañadones. Una región árida, gredosa y expuesta a los fuertes vientos del oeste.

Alrededor del Pico Oneto se despliegan antiguas rutas de tierra (algunas fuera de uso) y huellas de estancias, a las que en su mayoría no se les hace mantenimiento desde hace décadas. Otras, que eran públicas, pasaron a ser de uso exclusivo de empresas petroleras desde fines de los años ‘90. Quien intente volver a utilizarlas, verá el paso impedido. La mayoría de las estancias de la zona están fuera de uso, castigadas por la sequía y las consecuencias de la desertificación. Es un paisaje intrincado, con caminos de alta montaña. Por ello, si no se conoce, se hace imposible sospechar a dónde puede conducir alguna de las huellas. La presencia de Pico Oneto todo lo domina, y en más de una ocasión me descubrí deseando subir a la cima mientras observaba su silueta. La vista desde allí debería ser imponente. Para llegar, siempre faltaba tiempo por las grandes distancias a recorrer, o por no encontrar una huella que me acercara lo más posible.

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