Torneo Regional

Huracán, pragmático y contundente

Con goles de Rodrigo Ledesma y Rufino Martínez, Huracán le ganó dos a cero a Jorge Newbery, en el clásico que se jugó en la cancha del “Lobo”. El juego correspondió a la segunda fecha del Torneo Regional. Fueron expulsados, Leonardo Valdez en Jorge Newbery, además de Pablo Zalazar y Carlos Rodríguez en Huracán. En el cierre, Alejandro Rivero le atajó un penal a Franco Domínguez. Hubo incidentes cuando terminó el partido.
lunes 24 de octubre de 2022
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De todo tuvo el clásico comodorense, en esta versión vinculada al Torneo Regional. Momentos tediosos porque se jugaba lejos de los arcos, otros lapsos cargados de vértigo, también etapas de incertidumbre en el resultado, además de expulsados y un penal atajado.

Se agregaron, de mala manera, los incidentes del final, con enfrentamiento entre policías y simpatizantes del “Lobo”.
Siempre, la primera apreciación que se desprende en el análisis de un resultado es si fue justo o se ajusta a lo que entregó el desarrollo del partido.

Ayer, Huracán ganó bien. Fundamentalmente, porque manejó los estados de ánimo en todo el partido. Fue bien intenso para imponerse en las divididas y tampoco perdió la calma en esa intención de ser agresivo sin -justamente- agredir en lo físico.

El “Globo” dispuso de dos chances en la parte inicial, acertó en una y le sirvió para acomodarse y manejar el desarrollo del partido. La primera oportunidad fue un remate de Claudio Leguizamón que dio en el travesaño y en la segunda, facturó.

El arquero Federico Cardozo quiere salir por abajo desde un saque de arco, abre a la izquierda para el central Julio Sánchez, la devolución del defensor picó justo cuando el arquero la quiso dominar para hacer una apertura a la izquierda. Y fue fatal.

Porque su intención de pase salió mal, quedó corta y allí andaba pescando Rodrigo Ledesma para anotar con el arco a disposición.

Ese error, en partidos que se presumen cerrados, no solo desequilibran el marcador, sino también los estados de ánimo. Dos minutos después de la fatalidad, Leonardo Valdez se pasa de revoluciones, en una dividida agrede a Sebastián Tureo y se tiene que ir expulsado.

 

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De pronto, Newbery tenía un gol en contra por una falla defensiva y se quedaba con uno menos para batallarla no en las mejores condiciones.

En el complemento, el técnico Sergio Maza hizo cambios como para tratar de tener presencia ofensiva sin exponerse a la contra. Pero no alcanzó el objetivo. Sucedió que las situaciones en el área rival no afloraron y, por el contrario, Huracán empezó a amagar como para aplicar un anestésico 2-0.

Lo consiguió en la media hora de esa segunda fracción, cuando José Chacón inició una contra que se alargó en Sebastián Tureo, el volante abrió a la izquierda para Rufino Ortíz Martínez y el volante hizo el resto. Fue vertical para entrar al área, amagó y sacó un remate que venció la resistencia de Cardozo.

Insistió Newbery, fundamentalmente por la categoría y enjundia de Franco Domínguez, pero no fue suficiente. Huracán, a pesar de jugar los últimos diez minutos con nueve, defendió con entrega los tres puntos.

No fue la tarde del “Lobo”, porque cuando dispuso de un penal en la última jugada del clásico, Alejandro Rivero le contuvo el remate a Franco Domínguez.

Seis de seis para Huracán, que dio un enorme paso como para erigirse en el principal candidato para quedarse con el grupo. Falta, pero los tres esperaban tener un comienzo de este modo. Sólo lo hizo el “Globo”.

Excesos emocionales ingobernables

Los estampidos por las balas de goma, corridas, botellazos, insultos, piedrazos, amenzas, cerraron una tarde que, dolorosamente, se está repitiendo en los clásicos.


Otra vez la intolerancia, el fanatismo, la incomprensión y esa histeria que nos rodea cada vez más, expuso otro capítulo en un partido de fútbol.

Porque, aunque mediáticamente, los incidentes se reproducen con la fuente viral que proponen estos tiempos y hacen creer que el fútbol es responsable de la violencia, el análisis, la lectura se tiene que encolumnar en la fila que le corresponde.

El bendito fútbol recibe absolutamente a todos, a quienes van con su folclore a tratar de disfrutar de una tarde coloreada por el deporte y también a quienes no pueden discernir una planta natural de otra sintética.

El problema es que no se difunde masivamente a los buenos, sino que impacta más firme lo que producen los malos. Y perdemos todos.

De igual modo, no estaría mal que quienes están alrededor del fútbol consideren cuál es su parte en todo este menjunje violento, en este acueducto repleto de fanatismo mal ejecutado.

Y la referencia no es explícitamente dirigida a un fanatismo exclusivamente deportivo, sino a quienes hacen culto de la falta de raciocinio desde diferentes vértices del cuadro violente que toca atravesar y sufrir.

Porque no está ligado al deporte quien se pone una camiseta y se alucina ingiriendo lo que sea con tal de ser más apasionado que todos. Tampoco tiene que ver el deporte con el dedo celoso que gatilla rápido y por las dudas. Aún menos tiene que ver el deporte con quienes desde el contorno de la línea de cal, gesticulan, protestan, amenazan, insultan, discuten hasta el límite de lo decididamente impune.

Es un proceso hasta casi imposible de inculcar, si la predisposición no es la que se necesita para evitar esta violencia encadenada con eslabones de todos los colores.

Gobernar las emociones no es sencillo, pero aún más cuando no se tiene el mínimo deseo de hacerlo.

Alejandro Carrizo

Huracán, pragmático y contundente
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