viernes 19 de agosto de 2022
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Danza Butoh, de Japón a Comodoro

Por Marcelo Melo / El feriado del 9 de Julio no fue excusa para que la sala Kultural 5 mantuviera sus puertas cerradas. Albergó el taller intensivo de este arte desconocido, a cargo de Patricia Soto Giménez.
domingo 31 de julio de 2022
Danza Butoh, de Japón a Comodoro

Mientras el país se disponía a conmemorar el aniversario 206 de la Independencia llevada a cabo en San Miguel de Tucumán, en el Kilómetro 5 de Comodoro Rivadavia, más precisamente en la sala de teatro Kultural 5, Elo Vázquez –actor, clown, propietario del espacio- recibía a Patricia Soto Giménez. Es que, el 9 de Julio, la bailarina, coreógrafa y profesora de danzas, arribaba para desplegar un intensivo taller de tres horas, de una variante poco conocida, nos referimos a la Danza Butoh, arte creado en Japón.

Bajo el slogan “Cuando la razón apaga su luz”, la profesional comenzó narrando a DOM que el “slogan, tuvo que ver con corrernos del lugar lógico, de querer entenderlo y conducirlo todo, sino lo contrario: entrar en un mundo de sensibilidad física, más que nada”.

 

Indagando en la danza oriental

El Butoh es una expresión dancística que forma parte de las vanguardias contemporáneas de las artes escénicas del Siglo XXI. Emergió en Japón -a fines de los años 50- de la mano de Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno, quienes luego de explorar e invocar juntos la existencia del Butoh, se abrieron camino a sus propias experiencias en danza, las que a su vez fueron portales de nuevas experiencias para artistas en general. Butoh (bu- saltar, lo ascendente /toh – pisar, lo descendente) hizo trascender un mensaje cercano a “Danza entre las fuerzas del cielo y la tierra”, fue en origen su nombre e integra la esencia de este arte.

Patricia Soto Giménez describe que los creadores hicieron propagar “un destino que nos invita a la receptividad, hacia aquel gesto que redima al Ego, ofreciéndonos la posibilidad de despojarnos de las cuestiones que nos son cotidianas y sociales, para regresar al cuerpo original. Cuerpo que respire en el caos eterno del principio, abismándose a aquello que no puede ver, ni explicar, pero sí intuir, percibir y por ello habitar (y si se quiere, encarnar)”.

Amplía con que, para los creadores de este arte, la transformación significa “habitar el campo de fuerzas, personales e impersonales, ligado a las memorias. Captar esas ‘fuerzas anónimas’ es un acto físico que nos lleva a romper con la forma habituada de corporizar el movimiento, de sentir lo que nos afecta y de creer quién es ese Yo”. Agregando que “salir de los automatismos en y más allá de la escena, nos permite recordar, revisar y reconocernos, más allá de las categorías jerárquicas del lenguaje articulado que configura nuestros modos de vida”.

Devenir entonces, es danzar lo que acontece en un tiempo-espacio presente, que permite materializar un campo sensible de presencia toda, que emerge y sacude las células de lo aprendido, como un oráculo entre los pliegues del tejido viviente.

La danza se revela y nos revela, suma Patricia Soto Giménez, explicando que su propuesta intensiva, de tres horas en el Kultural 5, “fue ingresar y explorar este novedoso –aquí- lenguaje del Butoh, sostenidos desde una escucha profunda y atenta, trasladando a un estado de disposición de ser cuerpo, en un cuerpo que habita la existencia toda, en danza. Entrar en la tierra, emerger de la tierra, colgar, soltar el mirar, entregarse al estado de transformarse, devenirse, bailar. Esa fue parte de la tarea. Ejercitaciones y dinámicas, acompañaron este entrenamiento de raíz, que se nutre de muchos danzares y prácticas somáticas, sonoras y vibracionales de reintegración. Realizar el nacimiento de una vida, es abrirse a la posibilidad de lo imprevisto. No se trata de producir un discurso, sino de descubrir un sentido. Esto nos señalan los maestros”.

 

¿Tu especialidad central es esta danza oriental?

Me considero bailarina de Butoh, el mundo de la danza es muy extenso. En esta contemporaneidad corpórea, los cruces entre las artes son cada vez más fuertes. Soy fruto de ello. Soy profesora de danzas, vi los lugares más tradicionales, como el folklore, tango, la danza clásica, la expresión corporal, una mirada tradicional importante que abarqué. Hoy estoy trabajando como docente en la Escuela para Jóvenes y Adultos 613, abriendo el movimiento y la conciencia de este lenguaje que nutre nuestro cuerpo, nuestra vida. Mover todo un mundo.

 

Profundizanos aspectos del Butoh…

Trabaja sobre tres lugares claves, el estado, la transformación y el devenir. Uno, como bailarín, se abre a la danza, logra un estado, en el entrenamiento, de vacío del sujeto que se es. Acá, la razón cobra un lugar esencial, sacar nuestra lógica, nuestro control, de lo que queremos hacer y lo que creemos ser, para ingresar en una conciencia más profunda, que nos abre un mundo de descubrimiento.

Ingresamos al campo físico para preguntar que es este cuerpo que está en movimiento. A partir de esos estados de conciencia profunda, de presencia física, se impregna, entra y sale. Se abre la transformación, encontrarse en las fuerzas que nos habitan, por dentro, por fuera, que nos rodean.

Abrirnos a una memoria profunda, poder extender el campo y esto es muy budista: fundirnos en un campo, que ya no es el de afuera, sino que nos integra. A partir de ahí, perder la forma humana, que tiene un modo sentir, de moverse, de ser. Bailar implica bailarlo todo, con todo, en todo. Uno ingresa en campos de fuerza especiales, desde ahí podemos bailar la vida de un pájaro, de un granito de arena, de una estrella, de un foquito de luz, podemos transformarnos en lo que sea y se abre el devenir, la improvisación, toda la danza es un mundo de improvisación, empiezas a ser bailado, eso es el mundo del Butoh. Es toda una experiencia, de transformación constante.

 

¿Cómo analizas el panorama de la danza comodorense?

Hay una gran apertura hace muchos años, con el folklore y el tango en la juventud, toda una rama abierta a lo contemporáneo, una dinámica más de lo clásico, también el flamenco, es variado, y está muy bueno porque incluye a todas las edades. Es hermoso, encontrarse con gente que se dedica a alguna variante. No hay mucha apertura hacia lo contemporáneo, nos falta, es una ciudad que tiene sus tiempos, pero la virtualidad ha dado mucho acceso, sobre todo durante la pandemia, a explorar lenguajes. Hay que abrir el movimiento, abrirnos en la vida.

Mientras que, a nivel nacional, es muy bueno lo que ocurre, siempre en los lugares centrales, Buenos Aires, Rosario, Córdoba, los lenguajes se encuentran y hay una relación perfomática.

 

¿Cómo se comporta el Estado con las danzas?

El Estado banca a los artistas. Está el INT (Instituto Nacional del Teatro), el Fondo Nacional de las Artes, que bancan un amplio espectro de artistas. Los trabajadores de la danza estamos pujando para que salga la Ley Federal de Danzas, para que los bailarines podamos crear y movernos por el país, gran parte de este lugar de ignorancia hacia la danza es por posibilitar accesos, visibilidad. Fuimos pudiendo hacer lo que tiene que ver con una vocación y es muy difícil sin el apoyo oficial. Esa no existencia de la ley es un lugar en rojo. En Comodoro tenemos el Profesorado de Danzas, único de la provincia, y no tenemos espacios para trabajar, está muy endeble en ese aspecto, y depende la educación de Chubut, los profesores que nos recibimos estamos en una situación difícil, hay algunos cargos en Secundaria, en Primaria, tuve la suerte de conseguir un espacio, pero hay que seguir luchando.

 

¿Podés describirnos tu proceso de formación?

Después de haber intentado la carrera de Comunicación Social y Artes Visuales, me sumé a algunos proyectos de teatro, en Comodoro, convencí a mis padres que, por ahí, era mi cauce. Así, en el 2000, me mudé a La Plata, a estudiar Formación del Actor. Se me abrió un mundo. Al año siguiente, me inscribí en la EMAD (Escuela Municipal de arte dramático) en Capital Federal, rendí y quedé.

En una de las materias, viene como invitada una bailarina de Butoh, para acercarnos este Arte nacido en Japón, desde las vísceras calcinadas del Noh y el Kabuki, tras la bomba atómica. Un espacio que puede ser transformado, en el que la vida y la muerte cruzan umbrales. Y quedé flasheada. Sentí que yo, desde algún lugar ya sabía ‘eso’, pero no fue una respuesta lógica como ahora lo cuento. Fue una intuición física, una memoria que me despertó.

Seguiré haciendo workshop, clases intensivas, después de haber tenido 5 años con talleres, clases regulares, en el Instituto 806, con jóvenes y adultos. Decidí lanzarme a otros formatos, viajar, como lo hice a Esquel, por nuestra provincia, donde haya convocatoria. También con muchas ganas de crear obras, hace un buen tiempo estoy con un formato poemas de cuerpo y voz, a través de distintas canciones tomé su poesía, como referencia para abrir la danza, danzas de cinco a diez minutos, pequeños recitales, estoy muy involucrada en ello.

 

Espacio de formación y funciones

El domingo pasado, desde las 19, los actores Lisandro Barroso y Mariela Garolini, bajo dirección de Esteban Sierra y dramaturgia de Pablo Albarello, salieron a escena en la misma sala a la que recurrió Patricia Soto Giménez para su taller de Butoh. El Kultural fue escenario para la presentación de la pieza teatral Amarte. Y lo hizo con localidades agotadas.

El titular del espacio de Kilómetro 5, Elo Vázquez, gran artista/creador, le cuenta a DOM que “el Kultural inicia su trayectoria como un espacio sólo para mí. Para ensayar. Luego, varios allegados y amigos me convencieron de que era ideal para montar una sala. Hasta que Almondigas hizo su primer show de payaso y música. A partir de ahí: algunos recitales y -en 2007/2008- se convirtió en espacio para actuar, teatro, danza, música, espectáculos”. Sumó que “hará unos diez años tuvo su momento de esplendor, porque vivía allí, estaba constantemente generando, todos los fines de semana había talleres, funciones, ciclos de cine, espectáculos infantiles, un montón”.

En la actualidad, en Kultural 5 hay tres talleres, siempre uno de teatro y acrobacias, desde hace varios años, solo se detuvo por la pandemia. “Y retomamos con tres: Parada de Manos, Radioteatro y Teatro. Y de otros profesionales, como el de danza Butoh, el de Máscaras, etc, lo que se llama a demanda, viene alguien y ofrece una propuesta y si nos cabe, sale” narra el artista clown.

“En la actualidad estamos en proceso de creación de dos propuestas teatrales” cuenta sin dar mayores detalles. Su compañera de ruta, de vida, Laura English, atiende la aledaña sala Caracol: tiene una historia de 12 años, que se inició en Barrio Roca. En Kilómetro 5, hace tres años, dedicada a talleres para infancias, en Artes Visuales: dibujo, pintura, plástica grabada, escultura, para jóvenes y niños.

Para consultas y reservas de espacios e inscripciones hay que comunicarse con el 297-5382751.

 

Formadores japoneses

“Quio Binetti fue mi primera maestra, con ella formamos la compañía de danza Butoh ‘Siquiera’, elenco hermoso, bailamos desde el 2003 al 2007, año que regresé a Comodoro. Y comienza mi peregrinaje -hasta el 2020- a Buenos Aires, Córdoba, Rosario, siempre a tomar clases con formadores japoneses, que llegaban al país, como Katsura Kan, Minako Seki, Yuko Kaseki, Atsushi Takenouochi. Al mismo tiempo que me sumaba a retiros con profesionales argentinos de Contact Improvisación y Butoh. En 2015 conocí a Rhea Volij, maestra de maestros de nuestro país, con quien hasta el día de hoy tomo clases. Pero, no tener título oficial era todo un tema para dar clases en espacios educativos, como me interesaba.

Así que decidí comenzar -ese año-  el profesorado de Danzas, en el Instituto 806 (Escuela de Arte), con una hijita de 5 años y muchos ideales revolucionarios, con respecto a la función del arte y la corporeidad en el sistema educativo estatal, carrera que terminé en el 2018”.

En el trayecto artístico me desarrollé en el Estatuismo (Estatua Viviente), entre 2006/2019, trabajando en ámbito público y privado.

Con el Butoh, en esta región, presenté ‘La desierta’ (2008/2009), al mismo tiempo que desarrollé muchas intervenciones, como ‘T´ai- entre el cielo y la tierra’, ‘Canto rodado’, ‘Tejido viviente’; poemas de cuerpo y voz: ‘Barro tal vez’, ‘Danzando a Violeta’ y ‘Un viento para Lola’, entre otros. El último trabajo alumbrado es en clave de video danza: ‘Hoy fui toro?, en 2021”.

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