Pizarnik y el trabajo obsesivo del lenguaje _
Flora Alejandra Pizarnik nació el 29 de abril de 1936 en el Hospital Fiorito de la localidad de Avellaneda. Fue alumna de la Escuela Normal N°7 de dicha localidad y de la Zalman Reizien Schule, escuela hebrea donde aprendió la historia de su pueblo, la lectura y escritura en ídish. En 1954 comenzó a frecuentar la Facultad de Filosofía y Letras y la Escuela de Periodismo, donde descubrió autores surrealistas. La tierra más ajena, su primer poemario, se publicó en 1955 cuando Alejandra tenía tan solo diecinueve años.
Los años siguientes incursionó en el trabajo de traducciones literarias y colaboró en la revista Poesía Buenos Aires. Lentamente perdió interés en el estudio académico y se decantó por aprender pintura en el taller del artista Batlle Planas. En la misma época comenzó a psicoanalizarse con León Ostrov, fundamental en su vida.
Amiga de Manuel Mujica Láinez, Olga Orozco, Ivonne Bordelois, Julio Cortázar y Aurora Bernárdez, en su estadía en París durante los años 60, Pizarnik continuó publicando poemarios. Por uno de ellos, Los trabajos y las noches, publicado por Editorial Sudamericana en 1965 recibió el Primer Premio Municipal de Poesía.
A fines de los 60 recibió la Beca Guggenheim y viajó a la ciudad de Nueva York. Entabló amistad con la escritora Silvina Ocampo y colaboró en la Revista Sur. Posteriormente recibió la Beca Fullbright en 1971. Durante los años 70 estuvo internada en reiteradas ocasiones por intentos de suicido en el Hospital Pirovano. Tras años de padecimiento, Pizarnik muere en su departamento de la calle Montevideo la madrugada del 25 de septiembre de 1972 luego de ingerir cincuenta pastillas de secobarbital. Fue velada al día siguiente en la Sociedad Argentina de Escritores.
Ana Becciú y Ana Nuño recuperaron y compilaron sus escritos a lo largo de los años. Los archivos de Alejandra Pizarnik se conservan en el Departamento de Manuscritos de la Biblioteca de la Universidad de Princeton en Estados Unidos. Su obra continúa ofreciendo novedosas lecturas a través de las décadas, y como sucede con los grandes y los clásicos, las leyendas sobre ella perviven en el tiempo.
Cristina Piña es poeta, ensayista, profesora y traductora. Magíster en Pensamiento Contemporáneo (Universidad CAECE) y Licenciada en Letras (Universidad del Salvador), es profesora titular de Teoría Literaria en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde es profesora emérita y Directora del Grupo de Investigación, Escritura y Productividad. Ha dictado conferencias y seminarios en España, Reino Unido, República Checa, París, Israel y México. En 1982 ganó la Beca Fullbright y en 1998 la Beca de Traducción del Ministerio de Cultura de Francia. Su último libro es Alejandra Pizarnik: biografía de un mito, escrito junto a Patricia Venti.

-¿Cómo fue su descubrimiento personal de la obra de Alejandra?
-Su poesía la descubrí a los 18 años, cuando en una de mis visitas e investigaciones en las librerías de viejo encontré un libro –Los trabajos y las noches- del que apenas leí unos poemas de pie, quedé fascinada. Y allí empecé a buscar sus otros libros, de los que no conseguí nada más que La tierra más ajena –su primer libro y posteriormente rechazado por Alejandra al que firmó Flora Alejandra Pizarnik- ya que estaban totalmente agotados.
Tuve también la posibilidad de conocerla poco antes de que muriera, pero todavía era muy joven y tonta, porque le tenía tal admiración que no me atreví a conocerla, cosa que después lamenté toda la vida. Aunque muchos amigos de ella me dijeron que si había podido escribir su biografía –se referían a la que escribí sola hace treinta años, con muy poca o ninguna documentación que sí resultó accesible para la segunda que hicimos con Patricia Venti- era precisamente porque no había caído en el hechizo que ejercía en persona.
-¿Cómo fue el proceso de investigación, junto con Patricia Venti, para Biografía de un mito?
-Nos manejamos muy bien porque ella estuvo, varios años antes, en Princeton revisando todo el material –diarios, correspondencia, inéditos, dibujos- durante dos meses y cuando ya decidimos hacerlo juntas, yo sumé a todo eso lo que tenía de entrevistas personales con sus amigos y su hermana, además de ir a Princeton para revisar nuevamente los diarios y todos los inéditos, correspondencia. Fue una semana pero pude revisar todo lo que nos hacía falta para completar el material. Además viajamos a París para entrevistar a su familia francesa con la cual había vivido durante un tiempo. Fueron sus primos los que nos dieron una serie de datos imprescindibles para comprender mejor a Alejandra durante ese período. Completamos las entrevistas con amigos que no estuvieron disponibles cuando yo hice la primera biografía. Entre ellos fue fundamental el nuevo aporte de Myriam, su hermana, para completar sus datos sobre la infancia de Alejandra y su adolescencia. A esto hay que sumarles el volumen de Nueva Correspondencia Pizarnik que hice unos años antes con Ivonne Bordelois y la correspondencia con León Ostrov que publicó su hija Andrea.

-¿Cuál es su opinión acerca de la imagen y las versiones cinematográficas o teatrales que se han creado sobre ella? ¿Cuánto cree que realmente se acercan a su figura?
-Creo que la imagen que se ha armado a través de versiones cinematográficas y teatrales ha ido formando un mito más que un acercamiento biográfico. Considero que no se acercan a la verdadera Alejandra sino que toman los rasgos más llamativos y transgresores de su biografía sin prestarle la debida atención a la obra, a su trabajo obsesivo del lenguaje, a su consagración a la escritura que no se pueden dejar de lado ni en una biografía ni en las reconstrucciones de su figura que se hagan sea en cine o en teatro. Porque así se arma ese mito vacío de la poeta maldita de la que se ignora la fusión entre vida y poesía para recalar sólo en los aspectos más anticonvencionales de su vida. Es que no se puede hablar de poeta maldito sin anudar vida con poesía ya que, si no, queda sólo una figura casi caricaturesca de la pura transgresión sin la parte literaria que la sostiene.
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